Imposibilidad de analizar en Freud, necesidad de estafar en Lacan

magritte

Psicoanálisis

Lo real es respuesta a la hipótesis freudiana del inconsciente. Es el síntoma lacaniano ante el traumatismo freudiano, descubrimiento que puso en cuestión las relaciones entre el saber y la verdad. 

La hipótesis del inconsciente no se sostiene más que en la suposición de un saber no sabido que se encuentra a la orden de lo imposible y lo impredicable. En tanto la insensibilidad de contradicción como propiedad fundamental; tal como la existencia de elementos que no acceden al campo representacional están en su centro como ausencia. 

“El psicoanálisis desde que ex–siste ha cambiado”, lo que no implica que haya progreso en ello. Hay quienes se hacen llamar “discípulos” de la enseñanza de Lacan que creen, por la debilidad mental de la que no me excluyo, estar despiertos. Suposición que los obliga indefectiblemente a degradar el empleo de la práctica instaurada por Freud bajo el nombre de psicoanálisis. 

Es un hecho, la ciencia y la religión van muy bien juntas. Es un dieu-lire, eso no presume ningún despertar. 

La incomprensión que urge de la enseñanza no es más que por el hecho de la fixión de un metalenguaje para explicar las tonterías que ladramos. Contrariamente a lo que se cree, las cosas complejas se pueden explicar; lo difícil es explicar lo sencillo.

¿Qué es lo real del inconsciente?

Es la insensibilidad de contradicción, que no se sostiene más que por el hecho de que sea dicha, aunque para la lógica tradicional es una des-dicha. ¿Cuál es el decir verdadero sobre lo real?

Lo imaginariamente simbólico es la verdad, que no se sostiene más que en el mito freudiano del Edipo. Esto es lo que incumbe al Otro, en tanto que Uno puede afirmar que el Otro existe y, al mismo tiempo, hacer coexistir esta proposición con su contraria, esto es, que el Otro no existe. 

Ahora bien, si el inconsciente es el discurso del Otro y, este Otro en tanto tan, no existe, rápidamente desliza en la suposición que “el inconsciente no existe”. Esta enunciación no tiene lugar desde dónde se podría decir. En consecuencia, el inconsciente en tanto discurso del Otro que no existe desemboca en el hecho de que Uno habla sólo. 

Hecho por el cual ante lo real de la vida no se accede más que por la realidad que no va más allá del fantasma de cada quién: la neurosis naufraga entre la imposibilidad de despertar y el acceso al goce del Otro. El adormeci-miento sostiene al goce del idiota y retorno. Es lo que hace al mundo tórico. 

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Matemáticas, Adam Pękalski

Uno habla sólo salvo cuando se sienta a dialogar con un analista que intenta, dentro de lo posible, molestar la defensa, esto es, sacudir la neurosis, que no es más que el cuestionar la naturaleza del hablante en tanto que se encuentra enmarañada en lo simbólico. 

Es poner el parentesco en cuestión, lo que incumbe a la existencia del Otro en tanto la cadena del inconsciente se funda en la relación del niño con los padres. Es entre el salivar y el escupir del Otro que instila, detrás de sus dichos, un decir que no se sostiene más que por la aceptación, esto es, por el deseo. Es lo que se llama libidinización. 

Revestí-miento del malentendido implícito a la concepción y el advenimiento del sujeto. Porque el Otro, en tanto que no existe, tampoco puede acceder al goce del Otro, razón por la cual es necesario, para la suerte del infans, un sentido que vele lo real de su advenimiento bajo la rúbrica del amor. El mito individual del neurótico es la mochila que carga Uno con su hystœria.

El inconsciente es un sedimento de múltiples relaciones que le impiden al sujeto desembrollarse en lo real de la vida porque de lo que goza es del Otro que no existe, en tanto que goza mentalmente, recibe su propio goce en forma in(ad)vertida. 

La “miseria neurótica”, el obstáculo por el cual el sujeto tiene problemas para responder a las exigencias de la sexualidad, obstáculos entre lo real que no es más que la verdad del hecho de que no hay relación sexual, esto es, que el Otro se ausenta desde el momento en que está en juego la relación sexual. 

Es lo que Freud descubre cuando estudia las teorías sexuales infantiles, en tanto, los padres no garantizan fehacientemente un modo de apalabrar lo que está en la dit-mención del goce. Es el punto en el que la inexistencia del Otro no se sostiene más que en el après-coup. Es lo que lleva a fundar la relación del cero y el uno en tanto todo se engulle en este antagonismo en el que la inexistencia es la necesidad que no se sostiene más que en la ex–sistencia.

La neurosis desde que ex–siste se sostiene en la rivalidad de sentidos. Sentidos que se guarecen de lo real. No hay relación sexual en el decir verdadero, lo que hace que la relación sexual no cesa de no escribirse, lo que se ubica en el lugar de la Urverdrängung, que algo se escribe. Escrito que está en lugar donde algo no cesa de no escribirse. Es lo que modalmente se ubica como una virtualidad entre lo necesario y lo imposible: las proposiciones contradictorias se conjugan juntas.

Es un hecho, entre lo que no cesa de no escribirse, que concierne a la relación sexual en tanto es imposible escribirla, y la suposición de la existencia del Otro, del aferro al campo significante, está la letra. La vía de formación de síntomas consiste en que lo reprimido del significante retorna como letra y esto no excluye el equívoco. Es lo se postula como die Sexual betätigung der Kranken, que los síntomas no son más que “la expresión de la vida sexual de los enfermos”.

El síntoma es una escritura del inconsciente que se sostiene para el sujeto excluyendo el sentido: desde la aplicación de la hipnosis, un síntoma se presenta para el sujeto desconectado del comercio asociativo. Pero tiene un sentido muy preciso y es que en lo real el Otro no existe. Sentido sin sentido por el que se la pasan penando de más.

¿Qué hay más allá del hecho de hacer consciente lo inconsciente?

Un psicoanálisis es una estafa. Freud dice que el psicoanálisis es una práctica imposible, lo es, pero necesaria, y su práctica como respuesta a lo imposible se desliza por la estafa, porque es partir de un punto de fuga de lo real, de la insensibilidad de contradicción, pues lo real y el sentido no tiene nada que ver. Es lo que hace la práctica del cirujano: los sentimientos de cada quién, presuntamente quedan al margen.

La transferencia hace que el oficio del analista, más allá de la interpretación, implique suspender el propio inconsciente: la propia neurosis no está invitada a ser partícipe de la sesión, ni como elenco ni como espectadora, si el encamina-miento se perfila en el encuentro del sujeto con su verdad mentirosa. 

Es lo que se sostiene por la función del deseo del analista que, contrariamente a lo que se cree, va más lejos que el hecho de ganar dinero.

Es en tanto que la “estafa” responde la imposibilidad de analizar en el hecho de deshacer por la palabra lo que es hecho por la palabra y que la palabra no puede dar cuenta. “Estafa” que implica abordar por medio de lo simbólico el punto fuera de línea, lo que de este registro aparece como punto de fuga, ese repliegue que le ex–siste, haciendo necesario un forza-miento, razón por la cual la fixión se aborda por una ficción, esto es, por una verdad mentirosa.

En el horizonte de un análisis, ¿hay un más allá de Otra lectura respecto de la propia hystœria? ¿De la posibilidad de hacer el pasaje de la “miseria neurótica” a los “infortunios corrientes”?

“Amar y trabajar” son un savoir faire en el que el sujeto pondrá en cuestión si la invención de un significante nuevo como fin de un análisis es fecundo. 

*Imagen de portada: The Beautiful Relations, René Magritte, 1967.

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