Ejercicio práctico para liberarte del rencor y el resentimiento

Ejercicio práctico para liberarte del rencor y el resentimiento

Psicología

El rencor es un sentimiento tan humano como dañino. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos podido sentir cierto resentimiento hacia alguien que nos ha hecho daño o no ha actuado como esperábamos.

En el anterior artículo escribí largo y tendido sobre ello. Así que vamos a traerlo a la práctica, para que puedas sanar hoy mismo esta emoción tóxica, y puedas avanzar y salir reforzado de esta situación.

Rencor y Venganza

El rencor te bloquea y paraliza tu desarrollo, tu crecimiento personal. Te deja anclado en ese odio que impide que vivas tranquilo y centrado.

La venganza te condena. Te convierte en verdugo de tu propio agresor. (¿Qué diferencia hay entre él y tú, si te pones a su mismo nivel?) La violencia sólo trae más violencia. Y ten en cuenta que se puede ser agresivo de muchas maneras, no sólo físicamente. Usando palabras malsonantes, insultos, sarcasmos, reproches, indirectas,…

Todas las conductas pasivo-agresivas que hacen daño al otro, demuestran inmadurez, mediocridad emocional y falta de recursos adecuados para solventar los propios conflictos.

Perdón

En cambio, perdonar totalmente al otro, te libera. Te llena de paz y sosiego. Te permite dejar atrás ese periodo difícil, sanando tus heridas y aprendiendo lecciones. Madurando y creciendo como persona.

De modo que, como siempre digo, el perdón es más un trabajo interno, que hacia fuera. Es una liberación, una aceptación. Soltar aquello que te hace daño y te llena de dolor. Es un acto de respeto y amor hacia uno mismo. ¡Y ya solo eso, es un motivo más que suficiente para practicarlo!

Ego

Además, perdonar a alguien es un acto de humildad. Aceptar la situación te devuelve esa humanidad, esa vulnerabilidad.

Por lo general, podemos afirmar que cuanto más nos cuesta perdonar, mayor soberbia tenemos. Un ego inflado y herido, que no soporta el más mínimo dolor, desaire o feo por parte de nadie. Y es que, cuanto más fuerte reacciones frente a las ofensas, seguramente más pequeño e indefenso te sientas internamente.

En cambio, las personas que están bien consigo mismas y se quieren sanamente, saben que NADIE puede hacerles más daño del inevitable. Porque su auto-concepto no depende de lo que opinen los demás de él/ella.

¡Claro! Si tú sabes que no eres tonto, que no eres torpe, que no eres inútil… estarás tranquilo y te dará “igual” que los demás digan lo contrario (vale, eres humano, así que es probable que sí te genere cierta incomodidad y desazón… Pero digamos que es una sensación pasajera, que te resbala, no cala internamente, no te desestabiliza ni te desgarra por dentro). ¡A eso me refiero!

Nadie te hiere. Como mucho, meten el dedo en una herida que tú ya tenías abierta.

Así que otro buen motivo para perdonar, es ese trabajo de humildad que haremos con nuestro propio ego.

Rencor encubierto

Yo perdono, pero no olvido”. Es es una frase popular que siempre me ha llamado la atención, porque creo que encierra una gran carga de resentimiento oculto.

Aunque sí estoy de acuerdo con su significado, porque parte del trabajo que debemos hacer en esta vida es el aprendizaje. Hemos de hacer que el dolor sirva para algo; que pase por nosotros y nos transforme, en lugar de destruirnos.

Y para lograrlo, es necesario analizar la situación y extraer la parte útil (la lección), para no volver a tropezar con la misma piedra en el futuro.

La memoria nos ayuda a tener presentes esa enseñanza. A adaptarnos para evitar sufrir. Así que te animo a que sustituyas parte de esa frase, y a partir de ahora digas “Yo perdono, y aprendo”.

Ejercicio práctico

Lo bueno de trabajar el rencor, es que no es necesario hablar directamente con la persona que nos ha agraviado. Podemos perdonarle y sanar nuestros sentimientos, aunque no la tengamos delante. Porque, como hemos visto, se trata sobre todo de un trabajo propio, para lograr mayor paz. ¡Así que no hay excusa que valga para no limpiar tu corazón de todos esos lastres que vienes arrastrando desde hace tiempo!

Da igual que la persona no quiera hablar contigo, que esté en otro país, o que incluso haya muerto. Porque se trata de tu bienestar y tu libertad.

 “El odio no disminuye con el odio. El odio disminuye con el amor”

(Buda)

¡Bueno pues vamos allá! Este ejercicio es muy profundo y te llevará un tiempo hacerlo, pero te aseguro que merece la pena. Hazte con boli y papel, y prepárate a escribir desde el corazón.

1º) ¡SÁCALO!

Saca sin censura todo tu malestar general, con respecto a tu vida, tus circunstancias, etc. ¡Es muy liberador! Plasma cómo te sientes, exprésate tal como te venga y deja volar libremente el boli. ¡Este paso es realmente importante! Cuando acabes, si quieres, podrás quemar la hoja o hacerla pedacitos. Pero es fundamental que te permitas expresar lo que llevas dentro para poder sanarlo. ¡Deja aparcado a tu juez interno por ahora!

2º) CONCRETA

Ahora haz una lista con todas las personas con las que estás molesto y no has logrado pasar página. Escribe tus sentimientos con respecto a ellas. Ve uno por uno y en orden, sacando lo que te molestó, lo que te enfadó, lo que te cuesta perdonarles,…

3º) RECONOCE

Escribe, al final de cada escrito: “Yo (nombre), guardo rencor a (nombre), y deseo liberarme de esta pesada carga. ¡Es importante que reconozcas tus emociones para poder superarlas, y que te comprometas a ello!

4º) ANALIZA

Una vez hecho todo esto, vas a profundizar, a analizar qué sientes exactamente. Quizás estas preguntas te ayuden:

¿Qué es, en verdad, lo que me está provocando este malestar? ¿Qué es lo que me ha dolido realmente? (Ejemplo: que me hayan engañado, tomado por tonto, que se hayan aprovechado de mi bondad, haber sido demasiado confiado) ¿En el fondo… estoy enfadado con la persona; o realmente es más conmigo mismo, por haber permitido esta situación, o no haberla evitado?

¿Qué me hubiera gustado que pasara? ¿Para qué? ¿Eso me hubiera hecho más feliz? ¿De qué manera?

¿Qué esperaba yo de él/ella? ¿Cómo quería que hubiera actuado? ¿Qué necesidades mías hubiera cubierto?

¿Cómo hubiera actuado yo, si fuera la otra persona?

¿Estoy satisfecho con cómo he actuado frente a esta situación? ¿Cómo me hubiera gustado reaccionar? ¿Así hubiera solucionado algo? ¿Me habría quedado más tranquilo/a? ¿Habría actuado así conforme a mis valores?

¿Estoy siendo justo con la persona? ¿Estoy dándole el beneficio de la duda? ¿O directamente he malpensado de ella, y (elijo creer) que ha actuado de mala fe, para hacerme daño deliberadamente?

¿Estoy aceptando que es un ser humano y que todos cometemos errores? ¿Soy demasiado exigente? ¿Espero un nivel de perfección desmedido, o tengo unos criterios justos y equilibrados? (atento a lo que te dicen los demás) ¿Actúo yo conforme a ello? ¿Cómo de bien tolero los errores ajenos? ¿Y los míos propios? ¿Y los contratiempos, inconvenientes o reveses de la vida?

¿Me siento herido fácilmente? ¿Defraudado? ¿Frustrado? ¿He tenido problemas con otras personas, o es la primera vez que me pasa algo parecido?

¿Qué gano teniéndole rencor a esta persona? ¿A qué me ayuda? ¿En qué tipo de persona me estoy convirtiendo gracias a esto? ¿Me gusta?

¿Cuánto tiempo llevo guardando estos sentimientos? ¿Eran así de intensos desde el principio? ¿Qué es lo que me impide desprenderme de estas emociones? ¿Quién sería yo si no me sintiera así? ¿Cómo actuaría con la persona, si no le guardara rencor? ¿Y con los demás?

5º) REFLEXIONA

Una vez te hayas cuestionado todo esto, saca tus conclusiones. Quizás te hayas dado cuenta de que tu rencor es más profundo, o que tiene más que ver con temas tuyos, y no tanto con la persona en particular. ¡En ese caso, enhorabuena! Has llegado a un nivel muy profundo de autoconocimiento, y has descubierto la clave para sanar profundamente tu frustración.

6º) EMPATIZA

Ahora piensa en las razones o motivos que tenía esa persona para actuar así. Empatiza con él/ella. Ponte en su piel, ten en cuenta las circunstancias que tenía en su vida, cuando sucedió aquello. Date cuenta de que cada uno hacemos lo mejor que podemos, con lo que sabemos y tenemos en cada momento. ¿Quizás esa persona era alguien inmaduro? ¿O algo egoísta y actuó sin pensar en las consecuencias, pero en verdad no quería hacerte daño? Sea como sea, eres libre de pensar lo que desees. Así que mejor elije lo que menos daño te haga, y más paz te traiga, ¿no?

Para empatizar profundamente, sepárate del resultado de sus acciones. Aunque sus actos fueran erróneos, trata de comprender qué le pudo llevar a decir o hacer eso. Qué necesitaba, cómo se podía sentir, qué esperaba obtener… Si te das cuenta de que es alguien inseguro, dolido, torpe, con pocas habilidades emocionales, o vulnerable… seguramente te resulte más fácil dejar de personalizar lo que hizo y empezar a soltar ese rencor.

7º) AGRADECE

Ahora piensa en (al menos) cinco cosas que le agradeces. ¡Sí, sí! No me he vuelto loca. Siempre hay motivos para ello. Quizás esa persona se portó bien contigo en otras situaciones. O puede que simplemente el daño que te ha hecho, te haya servido para abrirte los ojos y darte cuenta de ciertas cosas. Quizá este periodo te ha hecho ser más fuerte y más sabio. Piensa qué cosas buenas te ha aportado, por las que estás agradecido (a la persona, o a la situación).

8º) PERDONA

Suelta el boli un momento. Retírate para atrás en la silla, pegando bien la espalda al respaldo, alejándote del papel. Cierra los ojos y respira profundamente. Di en alto: “Por respeto a mí mismo, perdono a (nombre)”.

Respira de nuevo calmadamente. Nota como, aunque aún no te lo llegues a creer del todo, poco a poco vas resistiéndote menos.

Di en alto: “Por mi propia felicidad, calma y libertad, perdono a (nombre)”.

Repite este paso completo todas las veces que necesites, hasta que puedas decirlo sin revolverte apenas por dentro.

9º) PÍDELE PERDÓN

Vuelve al papel. Anota ahora 5 motivos por los que tú le pides perdón a la persona. Recuerda que no hace falta que le des la carta ni hables con él/ella si no quieres; esto es para ti.

¿Qué crees que hiciste mal (o no del todo bien) con respecto a esta persona? ¿Cómo hubieras preferido comportarte? ¿Te arrepientes de algo? (piensa no sólo en el momento del conflicto, sino también en toda vuestra relación)

10º) APRENDIZAJES

Suelta el boli, vuelve a separarte del papel y a respirar tranquilo unos segundos. Toma perspectiva. Piensa en el ejercicio tan profundo que acabas de hacer.

¿Qué has aprendido? ¿Qué es lo que te ha costado más? ¿Y lo que menos? ¿Qué conclusiones sacas de todo ello? ¿Te has dado cuenta de algo importante? ¿Ves ahora a la persona del mismo modo que lo hacías antes? ¿Y a la situación? ¿A ti mismo? ¿Cómo te sientes ahora? ¿Te notas más liberado?

Vuelve al papel y escribe al menos 5 cosas que hayas aprendido (del ejercicio, de la persona y/o de la situación)

Para terminar, respira tranquilo y (si puede ser, sonriendo) repite en alto: “¡¡TE PERDONO (nombre)!!”

¡¡Enhorabuena!! Por fin has terminado el ejercicio. ¡Siéntete orgulloso por semejante esfuerzo! Seguro que no ha sido nada fácil…

Espero haberte podido ayudar y que esta tarea te haya resultado muy liberadora.

¿Te has tomado en serio el ejercicio? Si tras haberlo terminado notas que sigues sintiendo un fuerte rencor y te cuesta demasiado perdonar a la persona, quizás necesites un trabajo más profundo para sanar esa herida. En ese caso, te recomiendo que pidas ayuda profesional.

¡Que tengas buen día y gracias por leerme!

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SicologiaSinP.com - Ainoa Espejo

Grafóloga, Coach, Mentora y Formadora freelance. Especialista en Coaching de Relaciones, Inteligencia Emocional y Programación Neurolingüística. Psicografóloga y Perito Calígrafo. Licenciada en Derecho. Especialista en Test Proyectivos Gráficos y en Comunicación No Verbal. Estudiante de Psicología y trato de mantenerme en continua formación, para estar actualizada y ayudar lo mejor que pueda a los demás. [...]

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