Letras de lo materno | Himno al Sol

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Poesía

La Madre y el Sol, dos poemas dedicados a elementos que significan vida. Majo Bozzone desde Argentina nos presenta, Letras de lo materno y Heredia, cubano, le hace un Himno al Sol

 

Letras de lo materno

Desandar lo materno, madre
y anclarte en mi letra
Horadar la garra y desenterrar tu mano
el aullido, tu voz
la locura, tu verso
el grito, tu canto
el estallido, tu amor

Desandar lo materno, madre
destruir tu cárcel de espejos
aliviar la carne
liberar el signo
desbaratar la historia y el credo

Desandar lo materno, madre
encontrarte y situarme
parir mi voz y  mi nombre
crear el delirio sin  desvarío
hacer de la matriz la obra
de la obra el cuerpo
del cuerpo el poema
del poema la vida 

Por: Majo Bozzone

 

 

José María Heredia

Himno al Sol

En los yermos del mar, donde habitas,
Alza ¡oh Musa! tu voz elocuente:
Lo infinito circunda tu frente,
Lo infinito sostiene tus pies.
Ven: al bronco rugir de las ondas
Une acento tan fiero y sublime,
Que mi pecho entibiado reanime,
Y mi frente ilumine otra vez.

Las estrellas en torno se apagan,
Se colora de rosa el oriente,
Y la sombra se acoge a occidente
Y a las nubes lejanas del sur:
Y del este en el vago horizonte,
Que confuso mostrábase y denso,
Se alza pórtico espléndido, inmenso,
De oro, púrpura, fuego y azul.

¡Vedle ya…! Cual gigante imperioso
Alza el Sol su cabeza encendida…
¡Salve, padre de luz y de vida,
Centro eterno de fuerza y calor!
¡Cómo lucen las olas serenas
De tu ardiente fulgor inundadas!
¡Cuál sonriendo las velas doradas
Tu venida saludan, oh Sol!

De la vida eres padre: tu fuego
Poderoso renueva este mundo:
Aun del mar el abismo profundo
Mueve, agita, serena tu ardor.
Al brillar la feliz primavera,
Dulce vida recobran los pechos,
Y en dichosa ternura deshechos
Reconocen la magia de Amor.

Tuyas son las llanuras: tu fuego
De verdura las viste y de flores,
Y sus brisas y blandos olores
Feudo son a tu noble poder.
Aun el mar te obedece: sus campos
Abandona huracán inclemente,
Cuando en ellos reluce tu frente,
Y la calma se mira volver.

Tuyas son las montañas altivas,
Que saludan tu brillo primero,
Y en la tarde tu rayo postrero
Las corona de bello fulgor.
Tuyas son las cavernas profundas,
De la tierra insondable tesoro,
Y en su seno el diamante y el oro
Reconcentran tu plácido ardor.

Aun la mente obedece tu imperio,
Y al poeta tus rayos animan;
Su entusiasmo celeste subliman,
Y le ciñen eterno laurel.
Cuando el éter dominas, y al mundo
Con calor vivificas intenso,
Que a mi seno desciendes yo pienso,
Y alto numen despiertas en él.

¡Sol! Mis votos humildes y puros
De tu luz en las alas envía
Al Autor de tu vida y la mía
Al Señor de los cielos y el mar.
Alma eterna, doquiera respira,
Y velado en tu fuego le adoro:
Si yo mismo ¡mezquino! me ignoro,
¿Cómo puedo su esencia explicar?

A su inmensa grandeza me humillo:
Sé que vive, que reina y me ama,
Y su aliento divino me inflama
De justicia y virtud en amor.
¡Ah! si acaso pudieron un día
Vacilar de mi fe los cimientos,
Fue al mirar sus altares sangrientos
Circundados por crimen y error.

Por: José María Heredia

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Licenciada en Psicología

Egresada en psicología por la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1993. Miembro de Fundación Campos del Psicoanálisis Cuenta con un libro de poesías: Ecos del silencio [...]