¿Eres Superwoman? Parte 2

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Querida Superwoman… (o Superman)

Como te conté en el anterior artículo (por favor, léelo antes de seguir con éste), eres una persona admirable. No te rindes fácilmente, siempre das tu mejor cara y prestas tu atención a quien la necesita.

Me encanta lo entregada que eres y la capacidad de sacrificio que tienes, con tal de cuidar y proteger a tus seres queridos. Tratas de evitarles cualquier sufrimiento. Siempre antepones su bienestar al tuyo propio (aunque eso te acarrea consecuencias negativas, como ya vimos).

Siempre estás ahí

Tienes la sensibilidad suficiente como para saber cuándo necesitan algo, están mal o puedes serles útil. Incluso aunque no te lo digan abiertamente. ¡A ti no se te escapan esos detalles!

Eres una persona muy generosa. Regalas tu tiempo (lo más valioso que tenemos los seres humanos), tu atención y tu cariño a quienes te rodean. Eres paciente y te mantienes a su lado, incluso cuando estás cansada o no te apetece.

Eres un pilar fundamental para los tuyos, un referente. Inspiras seguridad y confianza.

Da gusto hablar contigo, se nota que prestas atención, porque sueles recordar todos los detalles importantes que te cuentan las personas. ¡Tienes una memoria envidiable! Además sabes leer entre líneas y detectar los estados emocionales de tus seres queridos, normalmente les lees como un libro abierto. ¡De modo que muchas veces no puedes evitar adelantarte a darles consejos!

Tienes tantas ganas de ayudar y de ver cómo se soluciona todo, que siempre incitas a las personas a que pasen a la acción. Por eso te suele costar dejar que se desahoguen sin más, ver cómo se lamentan de su suerte sin hacer nada; porque no soportas verles sufrir.

¡Y en parte, es por eso por lo que acuden a ti tus amigos! Valoran mucho tus opiniones, siempre aportas claridad y buenas directrices.

¿Puede que no ayudes de la manera más adecuada?

Recuerda que cuando las personas están mal, no siempre necesitan consejos, ni órdenes tipo “lo que tienes que hacer es…

A veces simplemente desean hablar, quejarse y llorar sin llegar a ninguna conclusión clara. Ya después la buscarán. Y seguro que, cuando tu amigo esté preparado para pasar a la acción, agradecerá muchísimo contar con tus sugerencias.

Pero antes, déjale quejarse y auto-compadecerse un rato, ¡seguro que le vendrá bien! Y ya verás como esto puede llegar a ser más efectivo y liberador que un consejo directo.

En ocasiones, sólo queremos ser escuchados

A todos nos gusta sentirnos comprendidos, valorados y tenidos en cuenta. Necesitamos sentir que somos capaces de salir adelante por nuestros propios medios.

Pero si alguien (aunque lo haga con todo el cariño del universo) nos “impone” siempre la solución, parece que está dando por supuesto que no sabemos cuál era, o que seríamos incapaces de encontrarla sin su ayuda. Parece que su solución fuera la única posible y efectiva (como si nos conociera mejor que nosotros mismos, o tuviese la verdad absoluta).

Por ende, de forma subconsciente, el mensaje que nos llega es que no confía en nuestra valía, inteligencia o destreza. Y que duda de nuestra capacidad para encontrar nuestras propias soluciones, o hacer uso de nuestros recursos.

¿Y qué pasa si encima tu ser querido es una persona insegura o con baja autoestima? Pues que este mensaje cala tan hondo, que puede provocar que se infravalore y confíe cada vez menos en sí mismo. Así, se verá incapaz de tomar sus propias decisiones y siempre necesitará a alguien que considera más fuerte o sabio que él mismo, para que le apoye y ayude…

El excesivo proteccionismo asfixia

Con todo ello, lo que quiero decir es que a veces queremos ayudar a los demás sin que nos lo hayan pedido, con la intención de hacerles más fuertes… pero lo que logramos es hacerles más pequeñitos, inseguros y dependientes.

Cuando tomamos esta posición proteccionista y paternalista, nos estamos posicionando, de algún modo, por encima de esta persona (algo así como “tú no sabes lo que te conviene ni lo que es mejor para ti, pero tranquilo, ya estoy yo aquí para ayudarte”).

Aunque lo hagamos con la mejor intención y deseando ayudar, esto hace que, en parte, nos desconectemos del otro. Que nos vea lejanos y autoritarios. No estamos favoreciendo una relación de igual a igual, de adulto a adulto. Y eso puede llevar a desequilibrios profundos en la relación, si se perpetúa este patrón.

La importancia del apoyo

Créeme, sé que cuando estás muy acostumbrada a actuar así, te sale sin querer, casi como un resorte, un instinto encaminado a la acción. Y puede costar bastante cambiarlo. ¡Pero realmente es mucho más sencillo de lo que parece!

Simplemente respira tranquila, mira a los ojos de esa persona que te está compartiendo su dolor o su preocupación. Agradece que cuente contigo para ello (hazlo aunque sea internamente). Mírale, y confía de corazón en él o ella.

Repítete (por dentro) las veces que hagan falta, que confías en que sabrá elegir lo mejor para sí y que será capaz de encontrar una buena solución. Quizás no ahora ni mañana, pero algún día lo hará. Es adulto/a y capaz.

Tiene derecho a equivocarse. De hecho, muchas veces meter la pata es la mejor de las lecciones. Y si lo hace, te tendrá a su lado para apoyarle.

“No camines delante de mí, porque no podría seguirte. 

No camines detrás de mí, porque podría perderte. 

No camines debajo de mí, porque podría pisarte. 

No camines encima de mí, porque podría sentir que me pesas. 

Camina a mi lado, porque somos iguales.”

(Jorge Bucay)

Respira tranquila mientras se desahoga. Empatiza sanamente y conecta con su dolor (sin hacerlo tuyo, ni responsabilizarte de él, pues no te corresponde y así no le ayudarías).

Hazle saber con frases empáticas, que le estás escuchando y que comprendes cómo se siente. No le cortes, no completes sus frases, déjale hablar libremente, aunque esté llorando o alterado (es parte del proceso de sanación).

Cuando veas que ha terminado de soltar, ofrécete, dile que estás ahí para lo que necesite.

Y espera a que sea él o ella quien te diga qué necesita de ti. Puede parecer una tontería, pero es algo realmente enriquecedor, respetuoso y le hace comprometerse.

¡Ya ves que modificando unas par de cosas, puedes generar grandes cambios!

Los peligros de la dependencia

Sí, normalmente las personas son mucho más capaces de salir adelante con sus problemas, de lo que creemos. Todos tenemos recursos y habilidades (propias o que podemos aprender). Pero a veces necesitamos el espacio y la confianza suficiente para lanzarnos a ello.

¡Aunque claro, es mucho más cómodo tener a alguien fuerte que lo haga por nosotros! Es una opción muy golosa, aunque a menudo es la más perjudicial para todos.

Para la persona, porque no llega a fortalecer sus “alas” (esas habilidades que le harán “volar lejos” y confiar cada vez más en sí mismo).

¡Y para ti, porque es injusto que tengas que estar siempre dando tanto, que te cargues con tanta responsabilidad y que no te prestes tiempo a ti misma!

Además, ten en cuenta que, sin querer, puedes estar fomentando otra situación peligrosa. Este ser querido tuyo, que cada vez se siente más débil, seguramente buscará “refugio” en otros, además de en ti. Y puede que no siempre elija bien a quién acercarse. Hay personas egoístas y manipuladoras, que saben cómo aprovecharse de este tipo de “víctimas”. Así que será carne de cañón para relaciones tóxicas y desequilibradas, ¡de las que encima no sabrá cómo salir!

También tiene peligros para ti

Y tú, ¿has sentido que algunas personas que se te acercan no son bienintencionadas?

Habrá quienes acuden a ti para aprovecharse de tu buena actitud y predisposición para ayudar… Y apuesto a que, cuando te das cuenta de ello, te sientes triste, frustrada, utilizada… e incluso boba, por no haberlo detectado antes.

Y probablemente otras veces se te acercan buenas personas, pero al final terminan abusando también, quizás sin ser conscientes… Continuamente te piden favores, quieren que les aconsejes o incluso que hagas tú directamente las cosas por ellos. ¡Parece que no supieran solucionar nada en sus vidas, si no es contigo de por medio!

¡Ojo, que quizás estés favoreciendo el verte rodeada de tiranos! Si no pones límites, las personas te piden (e incluso exigen) cada vez más, sin tener en cuenta tus necesidades, tu estado de ánimo, lo que te conviene o te apetece hacer en cada momento.

Además, cuanto menos pides, más te cuesta hacerlo después… Y si esto continúa así, incluso puede llegar un momento en el que las personas ya no caigan en la cuenta de que tú también necesitas y deseas cosas. Se les olvida, así que no te respetan en ese aspecto, y sólo te ven como un “instrumento” para obtener cómodamente lo que desean.

Están tan acostumbrados a que estés ahí, que a veces te sientes obligada a ayudar, aunque no te venga bien o no te apetezca.

Pero ¿te ves obligada por ellos, o por ti misma? ¿Qué te dice tu conciencia cuando piensas “esta vez no voy a hacerlo”? ¿Qué se remueve dentro de ti? ¿Te sientes mala persona cuando te niegas?

Si te das cuenta, tú también obtienes beneficios cada vez que alguien cuenta contigo para resolver algo. Porque te sientes importante y necesaria. Esto es genial, además de muy humano (¿quién no se sentiría así?). Pero quizás debas tener cuidado con no caer en relaciones de dependencia mutua:

Ellos te necesitan para que su vida sea más fácil, y tú les necesitas a ellos para sentirte valiosa y buena persona.

Así que, si tu autoestima depende de ello, es probable que nunca te permitas a ti misma decir que “no”. Ni fallar, estar débil, no saber resolver algo, no ser útil, productiva, necesaria y fantástica las 24 horas del día. ¡Qué estrés!

El auto respeto

Y claro, llega un momento en el que has estado tan pendiente de los demás, que te olvidas de atender tus propias necesidades. Las has bloqueado tanto, que ya no sabes ni detectarlas. Y mucho menos pedirlas.

Te desconectas de ti misma, y se te olvida darte tiempo para ti, para disfrutar, para cuidarte, para conocerte…

Te quedas sin energía y sin tiempo para tus cosas. Lo que hace que necesites más aún a los demás, para que te den ese amor que te estás negando a ti misma.

¿Y qué pasa si encima das, das y das… pero no recibes el agradecimiento que esperas a cambio? Porque no nos engañemos, aunque hagamos las cosas de corazón y de forma altruista, siempre esperamos algo a cambio. Y en tu caso, ya hemos visto que tu autoestima se alimenta mucho de la valoración ajena.

Así que, si sientes que lo estás dando todo por los demás, pero éstos no lo tienen en cuenta (al menos no como tú esperas), es fácil que te sientas vacía, triste, incluso enfadada y utilizada.

La importancia de quererte

Bueno, Superwoman, espero que te hayan gustado estos artículos sobre ti. Ojalá haya sido capaz de transmitirte toda la información con el respeto, la admiración y el cariño que te mereces y que me provocas.

Me encantaría que en el mundo hubiera más personas buenas, generosas y entregadas como tú. Y ojalá este artículo haya servido para que te des cuenta de la importancia de marcar límites sanos con los demás, de quererte bien y priorizarte de vez en cuando.

Porque eres un pilar fundamental para los tuyos, y te necesitan fuerte.

Pero sobre todo, TE NECESITAS FUERTE.

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SicologiaSinP.com - Ainoa Espejo

Grafóloga, Coach, Mentora y Formadora freelance. Especialista en Coaching de Relaciones, Inteligencia Emocional y Programación Neurolingüística. Psicografóloga y Perito Calígrafo. Licenciada en Derecho. Especialista en Test Proyectivos Gráficos y en Comunicación No Verbal. Estudiante de Psicología y trato de mantenerme en continua formación, para estar actualizada y ayudar lo mejor que pueda a los demás. [...]

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