Historia del tratamiento de las adicciones en Cuba

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Adicciones

La historia del tratamiento de las adicciones en Cuba, contrariamente a lo que pudiera pensarse, tiene antecedentes importantes en los inicios del siglo pasado. Como se sabe, cuando se produjo el encuentro de los primitivos pobladores de Cuba con los conquistadores españoles se inició un proceso de universalización del tabaco, el cual, apenas cinco siglos después, devino en la droga de mayor impacto en los cuadros de morbimortalidad de la humanidad. Por otra parte, ya en su segundo viaje a Cuba, Cristóbal Colon introdujo la caña de azúcar gestándose la producción de espirituosos y lo que hoy es otro gran problema de salud: el consumo indebido de alcohol.

Las que hoy suelen llamarse drogas ilegales, hicieron su aparición en nuestro medio en el siglo XIX, cuando la migración china introdujo el opio. Precisamente en ese siglo, coincidente con la vida y obra de José Martí, se reconoce que al referirse a dicha droga expresó: “Humos de hierba y opio hediondo, que llenan el espíritu de miasmas, los ojos de miradas lodosas, las manos de temblores…”

A inicios del siglo XX irrumpieron en nuestro medio la marihuana y la cocaína. La primera se adaptó a nuestro clima ganando rápidamente consumidores y adictos, manteniendo su presencia hasta la actualidad, aunque ciertamente de manera ilegal y muy combatida. De igual manera, la cocaína ha prevalecido como opción de consumo en este caso llegando al país a través de las fronteras marítimas y aéreas. A inicios del siglo xx fue necesario dedicar una sala en el Hospital Número 1 de La Habana a esta problemática, se inició así una tradición de atención secundaria, esencialmente clínica y médica, para un trastorno que ameritaba intervenciones preventivas y psicosociales.

A partir de los años 60 del pasado siglo, los cambios introducidos en Cuba, en materia de Salud Pública, llevaron a los psicólogos a las comunidades y es allí donde comenzó la preocupación por el consumo indebido de drogas como factor de riesgo de innumerables enfermedades somáticas. En los años 70 se inaugura un servicio especializado en alcoholismo en el desaparecido departamento de Tratamientos Especializados del Hospital Psiquiátrico de La Habana. En el mismo se destacó la figura de la psicóloga Silvia Tamayo Núñez, verdadera precursora de la atención psicológica al adicto en Cuba, formada en la Universidad Masónica, en una época en que la Psicología, aún no estaba incluida en los currículos de las universidades públicas. Sus iniciativas y su maestría en los entrenamientos en psicoterapia son siempre recordadas por sus alumnos, psicólogos y psiquiatras. Su significación para los profesionales que se aproximaron a la intervención psicológica para la prevención y atención de las adicciones es relevante y debe ser reconocida socialmente. 

Publicación del Hospital Psiquiátrico de La Habana de 1975

A partir de los años 80, el trabajo de atención al paciente toxicómano se revitaliza con la creación de la Comunidad Terapéutica Rogelio Paredes en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, mientras su departamento de Tratamientos Especializados servía como espacio ideal para el seguimiento a los egresados y para la atención ambulatoria. Los psicólogos contribuyen de manera especial al proceso de deshabituación siguiendo, como era de esperar, un enfoque esencialmente clínico. 

Por otra parte, en el contexto académico, profesores de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana se aproximaron al tema del tratamiento de las adicciones y desarrollaron propuestas que han sido reconocidas como verdaderas precursoras de un enfoque más integral que el que se desarrollaba en el área asistencial. Un ejemplo de esto fue la terapia grupal combinada (TGC), desarrollada por el Dr. Dionisio Zaldívar, la cual fue asumida como paradigma por muchos que incluían la prevención y atención de las adicciones en su universo de trabajo.

Según este autor, la adicción a sustancias constituye uno de los principales factores de riesgo vinculado a múltiples trastornos y enfermedades, por tanto su prevención y control, constituye uno de los elementos más importantes en la disminución de la morbimortalidad en el cuadro de la salud de los diferentes países. El modelo propuesto se apoya fundamentalmente en el enfoque grupal y multimodal. El enfoque grupal permite aprovechar las ventajas del grupo, en cuanto espacio para la reflexión y búsqueda conjunta de soluciones, en personas que comparten una problemática común. El enfoque multimodal nos posibilita el empleo de recursos múltiples que son utilizados en función de las necesidades de los pacientes y de los requerimientos del tratamiento según la índole de la problemática. 

A partir de los antecedentes descritos y con el objetivo de estructurar estrategias utilizables en el contexto de la orientación a estudiantes con riesgo adictivo, se desarrolló un modelo de intervención psicológica para la prevención y atención de las adicciones. El resultado directo del trabajo con estudiantes universitarios facilitó cubrir de forma práctica necesidades asistenciales y académicas a partir de organizar la experiencia acumulada en la atención a pacientes que presentaron afecciones que suelen ser clasificadas dentro de la llamada salud mental. A la perspectiva, esencialmente clínica, imperante en el área asistencial, se añadió el enfoque salubrista que desde el modelo práctico de la psicología de la salud se propone.

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Me pareció interesantisimo gracias por la infornacion

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Licenciado en Psicología por la Universidad de La Habana. Doctor en Ciencias de la Salud por la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana. [...]