Amar: sí. Pero…

Sobre los amores

Psicología

Hoy quiero hablarles sobre los amores sanos. Pese a que escribir una columna sobre este tema es riesgoso, hace tiempo que quería aceptar este desafío. Quisiera comenzar diciendo, que para el psicoanálisis, no hay ningún amor que sea 100% sano. Por definición, para el psicoanálisis el amor es un síntoma. Una proyección de nuestras vivencias infantiles no resueltas.

Sin embargo, reconociendo esta limitación desde el comienzo, considero que existen ciertos principios, ciertas actitudes o aptitudes que pueden facilitar el camino a quienes están en una relación de pareja o desean estarlo.  Y acerca de esto, el psicoanálisis tiene mucho para decir.
Cabe la aclaración también que el hecho de portar con estas actitudes o aptitudes ante la vida, no garantiza encontrar pareja en el corto plazo. Existen personas muy sanas que están solas, y existen personas muy enfermas que están en pareja. De hecho, a veces estar en pareja cuando se está enfermo, en mucho más fácil que cuando se está sano. Así como drogarse es más fácil que hacer psicoterapia, las relaciones enfermas son mucho más asequibles en la inmediatez, que las sanas.

Intentaré esbozar, por tanto algunos de estos principios psicoanalíticos, como capacidades propias de un sujeto medianamente sano y estable para el sostenimiento de una relación de pareja a largo plazo. Comencemos:

  1. La capacidad de estar solo. En sus comienzos, Freud pensó que las neurosis provenían muchas veces de la soledad de los sujetos y su no-capacidad de realizar una vida amorosa de acuerdo a sus deseos. Sin embargo, tanto su propia práctica como desarrollos psicoanalíticos posteriores como el de Erich Fromm, vinieron a desmentir esta primera teoría. Se necesita una vida interior mucho más rica y una capacidad de auto-respeto y auto-cuidado mucho mayores para estar solos, que para estar en pareja.
    En mi práctica profesional, tanto como en mi vida personal encuentro muy a menudo, ejemplos de personas que para no enfrentarse consigo mismos, buscan estar en pareja. No saben qué carrera elegir, entonces se casan. Odian su trabajo, e “inconscientemente” dejan embarazada a sus novias para no tener elección de renunciar y buscar algo más cercano al deseo (recordemos el capítulo de Los Simpson: “Do it for her”).

La vida en pareja es una droga muy poderosa, pero al cabo de unos meses o unos años todo vuelve a estar igual o peor que antes en cuanto al propio deseo o al propio proyecto.
Hace un par de décadas existía el “me caso para irme de mi casa”. Hoy tiene otros matices, pero muchas veces estar con cualquiera sirve para evadirse de las propias frustraciones.

  1. La capacidad de diálogo y pacto: Muchos pacientes dicen tener la capacidad de diálogo. “Yo le digo a mi pareja, pero ella no entiende, le hablo y le hablo y no entiende que tengo razón”. Eso no es capacidad de diálogo. Eso es intentar imponer la propia voluntad usando la palabra como excusa. Además de tener la capacidad de comunicar lo que se desea y/o necesita, es necesaria la capacidad de escuchar, ceder algunas cosas, intercambiar y negociar. Si dos personas siempre están de acuerdo, es porque una ha sometido a la otra a su voluntad.
  2. Capacidad de tolerar la frustración: En una época en la que lo rápido y lo instantáneo, y la inmediatez parecen ser la regla, tener la capacidad de frustrarse, fracasar, desencontrarse, parece estar en desmedro. Seguramente muchos se estarán preguntando “Esperen, ¿es que hace falta tener una capacidad para fracasar? ¿no es malo fracasar?” Pues, lo que podemos decir los psicoanalistas al respecto es que los fracasos siempre le han de advenir a todo el mundo. La diferencia es lo que se hace con ellos. Si se puede reflexionar a partir de allí, si se puede llorar cuando haya que llorar y aceptarlo, estamos ante una persona sana. Si no se puede tolerar la idea del fracaso, si se lo niega, si se cae en una depresión durante meses por haber fracasado, estamos frente a alguien en una posición patológica. Ahora ¿qué tiene que ver esto con la vida de pareja? Pues mucho. El exitismo le hace muy mal a una pareja. Porque por un lado se pretende que el otro colme mis expectativas todo el tiempo. Que todos los encuentros sean mágicos. Que la vida sexual siempre ande bien. Que el otro siempre esté bonito, bañado y perfumado para nosotros. Al mismo tiempo, no podemos tolerar un desencuentro. Muchas veces los pacientes vienen, reclamando de alguien a quien acaban de conocer: “Pero ese día lo vi y no sentí nada”, y es que Hollywood nos ha vendido que para que una pareja sea una buena pareja hay que sentir cosas todo el tiempo.  Lacan diría que el amor es “no-todo”, no-todo te tiene que gustar de una pareja, no-todo el tiempo se sienten cosas, no-siempre nuestra pareja nos excita, no-siempre vamos a encontrar a nuestra pareja intelectualmente estimulante.
  3. Capacidad de disfrute de la propia vulnerabilidad: La intimidad emocional, es algo a lo que muy pocas parejas logran acceder. Esto tiene un poco que ver con lo que mencionábamos en el punto anterior. Si lo que desaseamos es estar siempre lindos, ser siempre exitosos, tener mucho dinero y vivir en un mundo donde lo único que hay es potencia, difícilmente estemos amigados con nuestra otra parte.
    Nuestro lado B. Nuestra parte más intimista, donde nos podemos permitir la debilidad, el llanto, la ternura, el dolor. Donde nos podemos permitir no-ser, un poco más. Donde podemos permitirnos ser un poco más niños, jugar.
    Debo decir que en este aspecto el sexo masculino corre con desventaja. Desde muy pequeños se les ha enseñado a la mayoría de ellos a no llorar, a ser fuertes, a tener el control, etcétera. Lo cierto es que esta parte “femenina” que todos tenemos es esencial para amar. Según Lacan, el amor feminiza, un poco. De allí que a los hombres enamorados, otros hombres los llamen maricones; “este maricón ya hablando de la novia, como siempre”. Es que el lugar desde el cuál realmente se ama, es un lugar de falta. De no poder decir, de quedarse sin palabras. Por esto, será determinante para quien desee adentrarse en los terrenos del amor reconciliarse con su “Lado B”. Aprender a ponerlo en juego en sus vínculos. En una sociedad que siempre nos pide ser adultos, serios y exitosos generalmente suele necesitarse terapia para conectar con esta parte, pero es posible. Mucho de los problemas que las parejas traen al consultorio tiene que ver con la pérdida de intimidad, propia y de la pareja.
  4. Capacidad de desligar el rol de pareja del de padre o madre. Muchas veces cuando las parejas están atravesando un proceso de separación o divorcio, los pacientes recurren al consultorio y se preguntan si volver con sus cónyuges o no. Generalmente los analistas les preguntamos cuál es la razón o qué querrían obtener, volviendo con sus parejas. La respuesta suele ser “quiero recuperar la familia”. Y a veces, cuesta mucho que logren separar sus sentimientos hacia el cónyuge en tanto objeto de deseo, de los sentimientos hacia el cónyuge como padre o madre de los hijos.
    Hay quienes pueden ser muy buenos padres o madres, pero han perdido totalmente la capacidad de vincularse entre ellos. Esto suele ser consecuencia de desencuentros anteriores, de no haber seguido construyendo el vínculo, sino en torno a la crianza de los hijos. No hubo más salidas solos, no hubo más viajes solos. Si una pareja desea perpetuarse en el tiempo es primordial que construya su vida de pareja, por fuera de los hijos. Aunque convivan juntos debe haber espacios y tiempos en los que los niños no accedan.
    Y es que deslizarse hacia el rol de padres o madres y descuidar la pareja es lo más fácil sale de manera instantánea. La pareja requiere un esfuerzo, un reconocer que no se puede ser mamá y papá todo el día, y que somos personas por separado de nuestro rol de padres.

Estos son algunos de los principios que el psicoanálisis puede aportar  al buen desarrollo de esto a lo que los sujetos humanos denominamos estar en pareja. No garantizan la felicidad, ni la perdurabilidad de la misma. Pero proveen algunos rieles que encaminan el proyecto de viajar juntos por la vida.

Los espero la próxima semana para seguir pensando juntos.

Te recomendamos leer nuestra serie completa de febrero sobre el amor:

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SicologiaSinP.com - Silvia Golubizky

Lic. en Psicóloga. Especializada en Género y Desarrollo

Columnista de paramujeres.com.ar, ejerce como Psicóloga Clínica de niños, adolescentes y adultos. Su área de trabajo es la clínica psicoanalítica. Recientemente obtuvo un diplomado en Género y Desarrollo. Ha dictado talleres, seminarios y conferencias en Tucumán, Buenos Aires y Santa Cruz, en Argentina. En el exterior Santiago de Chile, Washington y Miami. Desde su web difunde trabajos de psicoanálisis y comparte información sobre la violencia de género y la salud mental. [...]

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Un comentarioComenta ahora

  • Hugo dice:

    Esta serie que estás publicando es sumamente práctica… me quedo con:

    1-La capacidad de SER de “estar solo”

    2-Pactos/acuerdos… yo siempre escribo tanto de estos, los acordados con palabras y los acuerdos de los silencios permisivos en el tiempo.

    3- Pretender que el otro colme todas mis expectativas! y qué pasa cuando no? porque va a pasar seguro

    4- Poder diferenciar los sentimientos de familia, de los sentimientos a mi cónyuge distinto de los sentimientos a mis hijos como Padre.

    Gracias Silvia

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