Formaciones motivacionales que surgen en la juventud

Formaciones motivacionales en la juventud

Psicología

Las formaciones motivacionales complejas o formaciones psicológicas de la personalidad son aquellas configuraciones subjetivas que integran y articulan las unidades psicológicas primarias; en ellas se organizan y expresan los contenidos psicológicos más significativos en las esferas concretas de la vida. Su función principal es la de regular el comportamiento. Su característica deviene en expresiones conscientes, activas de la elaboración intelectual del sujeto, de naturaleza cognitivo-afectiva. Aunque su forma esencial de existencia radica en conceptualizaciones, reflexiones y valoraciones de la esfera cognitiva, expresan los contenidos de los motivos que están en su base, por lo cual son portadoras de una elevada carga emocional que influye sobre el comportamiento.

El surgimiento de la concepción del mundo, las intenciones profesionales y la elaboración del sentido de la vida, son formaciones que comienzan a gestarse en la adolescencia. En la etapa de la juventud la esfera afectivo-motivacional sufre una transformación, adquiriendo el carácter de formaciones psicológicas complejas de la personalidad. Las mismas se enmarcan como el elemento distintivo de la regulación del comportamiento.

Concepción del mundo

En la etapa juvenil surge como neoformación o adquisición fundamental del desarrollo, la concepción del mundo, formación psicológica que permite la integración de componentes cognitivos, afectivos y valorativos de la personalidad. Esta formación se convierte en el principal exponente del desarrollo logrado por el sujeto en la estructuración de su proyección futura. Al mismo tiempo contribuye de sostén en la elaboración del sentido de la vida, en tanto sentido de la propia existencia y camino o estrategia a seguir, para encontrar el lugar al que se aspira dentro del cuadro del mundo.

La concepción del mundo es la representación generalizada y sistematizada de la realidad en su conjunto, de las leyes que rigen su devenir y de las exigencias que plantea el medio social a la actuación del joven; es también la representación del lugar que ocupa el hombre en este contexto, y por ende, la propia personalidad. Dicha formación tampoco se reduce a un sistema lógico de conocimientos, sino que es un sistema de convicciones que expresan la actitud del sujeto ante la realidad y sus principales orientaciones valorativas, matizadas por sus consideraciones morales.

Si se le da un enfoque cognoscitivo, esta concepción puede reflejar la realidad de forma más o menos adecuada, por lo que puede calificarse como verdadera o falsa, científica o religiosa, materialista o idealista.

Desde el punto de vista axiológico; es decir valorativo o relativo a los valores, la concepción del mundo se caracteriza por orientar las direcciones principales de la actividad del sujeto. Desde este ángulo, puede calificarse como progresista o reaccionaria, optimista o pesimista, activamente creadora o pasivamente contemplativa.

Esta formación permite al individuo elaborar criterios propios en la esfera de la ciencia, la política, la moral y la vida social en general. Al mismo tiempo los puntos de vista anteriormente expresados comprometen a los sujetos y se convierten en reguladores efectivos del comportamiento. En este sentido, se crean las bases para el proceso de autodeterminación de la personalidad, es decir, la posibilidad de actuar consciente y reflexivamente, con cierta independencia de las influencias externas. Es la filosofía unificadora de la vida presente en cada cual, que todos poseemos con mayor o menor amplitud, organización, sistematicidad y concientización.

La concepción del mundo es una formación psicológica que no solo se compone de elaboración personal, en su formación juega un papel significativo la influencia social del medio en que se ha desarrollado el sujeto. Es decir, posee también una determinación social y por lo tanto se constituye en un reflejo del modo de vida y de las concepciones de los individuos más influyentes en la socialización del sujeto, sobre todo en aquellos con una menor capacidad reflexiva o de elaboración personal.

Sentido de la vida

El sentido de la vida es un sistema primordial dentro de las estructuras psicológicas de la personalidad, su rol resulta básico en la autorregulación y movilización de los recursos psicológicos. Constituye la esencia de la persona, de forma estable y permanente, que lo define en su interioridad psíquica y en sus actividades a lo largo de su historia.

La búsqueda del sentido de la vida es una fuerza primaria y no una racionalización secundaria[1]. Es un eje fundamental de la personalidad, da cuenta de la posición personal ante el mundo, del sistema de valores, de la particular forma de sentir, pensar y actuar, direccionando el conjunto de las actividades y elecciones.

Según Fernando González Rey[2] resulta la expresión funcional de un conjunto de necesidades de gran significación para el hombre a partir de las cuales este se plantea los objetivos esenciales que debe alcanzar en la vida. O sea, se puede entender como la formación de los deseos y aspiraciones reguladores de nuestros sentimientos y modos de pensar en la vida, el significado de la vida para cada persona. Se encuentra de un modo u otro desarrollado en todas las personas de forma, más o menos consciente.

En la juventud debido a una concepción del mundo estructurada y fundamentada, esta sirve de apoyo a la elaboración del sentido de la vida o proyecto de vida. Esta etapa del desarrollo coopera con la formación de esta concepción teórico-filosófica de la realidad (sentido de la vida), en base a todas las adquisiciones del desarrollo precedente, expresándose en la búsqueda del sentido de la propia existencia y en la elección del futuro lugar a ocupar en el entramado social, muy vinculado al proceso de selección de la futura profesión.

El problema del sentido de la vida, al margen de constituir una reflexión sobre sí mismo, sólo se realiza y expresa en la propia actividad del sujeto y en su sistema de relaciones sociales y no se establece de manera única, por cuanto se va reestructurando y construyendo durante toda la vida.

Resulta importante precisar que esta elaboración activa del sentido de la vida no se produce de igual manera en todos los jóvenes y mucho menos constituye un producto automático de la edad. En muchos sujetos de este periodo etario se observa una actitud pasiva y presentista, de orientación casi inmediata hacia lo que acontece a su alrededor ante la idea de que el futuro llegará por sí mismo.

La proyección futura de la personalidad ha sido abordada por diferentes enfoques y escuelas en la psicología, a partir de distintas conceptualizaciones, entre las que se destacan fundamentalmente las categorías de objetivos, metas, proyectos e ideales.

A pesar de esta variedad de denominaciones, la proyección futura es considerada por la mayoría de los estudiosos como un componente significativo de la motivación y contenido de diversas formaciones psicológicas que expresan la perspectiva temporal de la motivación del sujeto orientada al futuro.

La edad juvenil, constituye un período clave en el desarrollo de la proyección futura. La nueva posición objetiva que ocupa el joven dentro de la realidad social, condiciona la necesidad de determinar su futuro lugar en la misma.

El desarrollo psicológico precedente le permite en gran medida delinear un sentido de la vida, como conjunto de objetivos mediatos que el sujeto se traza. Estos se vinculan a las diferentes esferas de significación para la personalidad y requieren de la elaboración de estrategias encaminadas a emprender acciones en el presente, que contribuyan al logro de metas futuras.

El joven debe decidir en primer término a qué actividad científico profesional o laboral va a dedicarse y en consonancia con esta decisión, organizar su comportamiento. Es por esto, que aunque en esta etapa también se pueden encontrar tendencias generales en el desarrollo de la personalidad, se presentan diferencias entre los jóvenes que comienzan a trabajar y aquellos que continúan siendo estudiantes. Esta cuestión repercute en el sistema de comunicación, en cuanto a las expectativas y exigencias de la familia, los compañeros y la sociedad en su conjunto.

La situación social del desarrollo[3] en esta etapa conduce al proceso de autodeterminación de la personalidad, en consonancia con las tareas y exigencias que el joven debe cumplimentar. La posibilidad de alcanzar este nivel de regulación también dependerá de las condiciones de vida y educación en las que haya transcurrido el desarrollo de la personalidad. Dichas condiciones han preparado al sujeto para actuar en base a propósitos conscientemente adoptados, que mediaticen las contingencias situacionales.

Motivación profesional

La elección profesional como un verdadero acto de autodeterminación del sujeto en la cual se encuentra implicada su decisión consciente e intencional surge en esta etapa del desarrollo. El joven está en condiciones de realizar una valoración de sus intereses, capacidades y posibilidades reales, partiendo de sus aspiraciones y en correspondencia con esta evaluación, tomar una decisión más fundamentada.

La elección de la futura profesión en la juventud se asocia a la motivación hacia el contenido de la profesión, aunque esta elección puede efectuarse también por mecanismos psicológicos totalmente diferentes, como son la búsqueda de prestigio social, de aprobación familiar, de bienestar económico, la necesidad de ser útil a la sociedad, etc. Los jóvenes, se interesan por aquellas asignaturas, cuyo contenido posee relación con el de la futura profesión que han elegido o piensan elegir.

Como factores fundamentales en el proceso de autodeterminación profesional en opinión se encuentran.

– La edad. Una selección temprana puede ser expresión de la presencia de intereses, pero a la vez limita el espectro de elecciones, mientras que por el contrario, una elección tardía permite contar con más tiempo para la toma de decisión, aunque también puede ser resultado de la ausencia de intereses.

– El nivel de información que en ocasiones es muy limitado

– El nivel de pretensiones que puede ser adecuado, elevado o disminuido y significa además, determinar el nivel de calificación al que se aspira.

La investigación de los problemas vinculados a la motivación profesional y su orientación fue iniciada en Cuba hace ya algunos años por Fernando González Rey y continuada hasta el presente por diferentes investigadores. Estos trabajos se han desarrollado en dos direcciones esenciales: la búsqueda de los mecanismos de formación de la motivación profesional a partir de diseños experimentales y la caracterización de sus niveles de desarrollo, efectividad e integración[4].

Estas investigaciones han aportado criterios valiosos. No obstante, aún se presentan imprecisiones en torno a determinados problemas como el referido a la efectividad de la motivación profesional y la definición conceptual e integración en un sistema de las categorías empleadas en su estudio. Esta situación, constituye un reflejo de las actuales limitaciones teórico-metodológicas del conocimiento psicológico en esta esfera. También se han puesto de manifiesto las limitaciones que presenta el desarrollo de la motivación profesional en los estudiantes, situación que repercute negativamente en la calidad docente y en la preparación del futuro especialista.

Estos resultados muestran dos cuestiones estrechamente relacionadas a valorar. En primer término, la referida a qué factores están condicionando dichos resultados, y en segundo lugar, el problema de la educabilidad de la motivación profesional como formación de la personalidad.

Con relación al primer aspecto, se presentan entre otros problemas, a nivel mundial, la limitada información con que cuentan los jóvenes acerca de las diferentes profesiones y el insuficiente desarrollo de la personalidad para adaptarse a las exigencias de la profesión y trazarse una estrategia definida en la consecución de sus objetivos en esta esfera. Otra cuestión importante es la falta de coincidencia entre los intereses profesionales del joven y las necesidades de la sociedad, aspecto muy relacionado con el prestigio social de las profesiones.

En cuanto al problema de la educabilidad, se considera que la motivación profesional es educable y que en su proceso de formación y desarrollo desempeñan un papel determinante las influencias que recibe el sujeto en la familia, en la escuela y de la sociedad en general.

La motivación profesional como una formación de la personalidad integra un conjunto de componentes psicológicos. El diagnóstico de estos componentes permite, la determinación de los niveles de desarrollo de esta formación.

Estos componentes están referidos al conocimiento que posee el sujeto acerca del contenido de su futura profesión, al vínculo afectivo que siente hacia ella, y además, a los aspectos de la autovaloración y de la proyección futura de la personalidad, vinculados a la regulación motivacional en esta esfera.

Dichos componentes son:

Componente cognitivo, Componente afectivo, Componente autovalorativo, Componente de proyección futura.

La caracterización de estos componentes, a partir de un conjunto de indicadores elaborados para su diagnóstico y mediante la utilización de técnicas de expresión abierta (composiciones, cuestionarios, entrevistas, etc.) permite establecer diferentes niveles de desarrollo de la motivación profesional en jóvenes.

Se ha presentado una visión sintetizada del complejo entramado que significa las formaciones motivacionales complejas, encargadas entre otras cuestiones de la regulación de comportamiento. Las mismas aparecen en la etapa de la adolescencia enmarcándose como determinantes en el proceso de formación de la personalidad del adolescente.

[1] Frankl, V. (1991). El hombre en busca de sentido. Barcelona, España: Editorial Herder.

[2]Ex profesor titular de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana. Actualmente profesor de psicología del Centro Universitario de Brasilia – Universidad de Brasil. Su línea de investigación ha estado enfocada en la personalidad. González, F. (1985). El Problema de la anticipación a la luz de la Psicología de la personalidad. Revista Cubana de Psicología, 2 (1).

[3] Vigotsky, L. (1987). Historia del desarrollo de las funciones psíquicas superiores. La Habana: Ed. Científico-Técnica.

[4] Domínguez, L., Ibarra, L. y Fernández, L. (2003). Psicología del desarrollo: adolescencia y juventud: selección de lecturas. La Habana: Editorial Félix Valera.

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