¿Qué es la Epigenética Conductual?

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Neurociencias

De repente suele pasar que en la vida nos preguntamos: ¿por qué me comporto de esta manera o no puedo dejar de ser así, para qué tengo que aceptar y dialogar estas líneas entre mis pensamientos que me hacen reflexionar de tal forma y no solo identificar lo que estoy viviendo? Preguntas como estas suelen sucederse en el acontecer diario del ser humano. Muchas personas le llaman meditación, horas de reflexión o tiempo para uno mismo. La verdad es que como le quieras decir o etiquetar, no hay cuidado, puede o no puede ser lo mismo. Lo importante es que necesitas platicar con tu cerebro y saber qué está pasando con tu vida. Preguntarte cosas como, hacia dónde vas, o de qué dispones de ti en la vida y qué te encantaría seguir viviendo, resulta verdaderamente interesante.

Por eso y más, me gustaría que continuaras con esta lectura. Para comenzar a comprender el código del ser humano, es indispensable hacerlo partiendo de el acceso que tengamos de nuestra expresión genética, en la que intervienen factores como el medio ambiente, los alimentos que consumimos, las conductas que aprendemos y quizás hasta factores psicobiológicos. 

La epigenética revela una estimulante dimensión constructiva y evolutiva entre lo que hemos sido, o lo que queremos ser (el hábito y la creatividad).

Según este nuevo enfoque, las experiencias gratificantes y no gratificantes de nuestro pasado así como la de nuestros ancestros inmediatos (abuelos y padres), dejan una especie de heridas moleculares adheridas a nuestro ADN.

Esto no significa que el ADN cambie, sino que los aspectos psicológicos y de la conducta en una persona (aquellos que son regulados químicamente como la depresión por el desbalance de ciertos neurotransmisores) pueden ser enviados a los descendientes.

La Epigénetica sustenta que las costumbres, hábitos y experiencias de las personas no desaparecen, sino que se adhieren a ellas, consolidando una nueva forma de residuo molecular que se sujeta a la plataforma genética.

Permítanme explicar, todo eso que parece muy radical, genera controversia y colapsa las creencias bioéticas en salud. Bueno para mí esto es, considerándolo un resultado entre debates que llevan diferentes caminos, pero orientados a un mismo objetivo. Entre varias disciplinas; como la biología, la genética, la epidemiología, la psiquiatría, nutriología, la neurología y la psicología, demuestran que cada raza y cada pueblo tiene inscrito su propio código genético de la historia de su cultura. Los afroamericanos en esclavitud, el proceso de revolución cultural en algunos pueblos abolidos y sometidos a otras civilizaciones avanzadas (Europa conquista América Latina), o bien una infancia de maltratos psicológicos, verbales y físicos, tanto como padres abusivos. Todas las historias que podamos imaginar se encuentran influenciadas por nuestros antecesores.

Ahora, si comprendemos que la alimentación y los químicos podían producir cambios epigenéticos, ¿será posible que el estrés o el abuso de algunas sustancias pudieran producir cambios en la Epigénetica, en el ADN de las neuronas?

Esta pregunta fue el punto de partida para un nuevo campo en la genética: la Epigénetica conductual.

Cuando no hay una coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, expresamos esa incoherencia en algún síntoma. En el caso de uno de los recursos, todos sabemos que tenemos herencia, que la recibimos a través de los genes. Pero los genes no sólo transmiten la información del color de ojos y la altura, también las emociones. Por eso mediante la metodología de un árbol genealógico donde se observa la historia clínica familiar y se empiezan a entender experiencias que vienen heredadas. Esto tiene que ver con la epigenética conductual.

Hoy en día muchos expertos como los inmunólogos y los epidemiólogos colaboran para realizar estudios en el área de la neurología y la endocrinología, suena como un colapso remisivo espontáneo, porque entre inferencia o diferencia se han conocido grandes descubrimientos que precisan la aplicación a este estilo de ciencias multidisciplinarias, sobre todo que los estudios en campos como la neuroendocrinología, que es el campo asociado a los cambios en la compresión, de hecho de que una célula nerviosa pueda sintetizar y liberar substancias que controlan el funcionamiento de órganos distantes, a la fisiología del control de la secreción de dichas substancias y a la patología que tenga relación con una anormalidad en este sistema. 

Fuera de las siete substancias conocidas como neurotransmisores: acetilcolina, noradrenalina, dopamina, serotonina y aminoácidos como el ácido glutámico, el ácido aspártico y el ácido gamma-aminobutírico (GABA), durante los años 70 se puso en evidencia la presencia en el cerebro de por lo menos 20 substancias de peso molecular más elevado, péptidos, algunos de los cuales, cosa extraordinaria, ya habían sido localizados y aislados en el tracto digestivo.

Quiero platicarte también que todas estas sustancias significan parte de la deliberación de nuestras emociones, (felicidad, alegría, ira, tristeza) pues ahí van los neurotransmisores, siendo por otra parte hormonas en el desarrollo en ciclos de vida y cambio de la personalidad, el temperamento y el carácter. Este último básicamente aprendido desde un ambiente con una idiosincrasia única del individuo-paciente, de tal manera se demuestra la participación de cambios de origen retroalimentativo de la vida orgánica.

Con todo esto queda claro que las experiencias de nuestros padres pueden manifestarse no sólo como principios psicológicos en nosotros sino también como expresiones genéticas novedosas. Esta transmisión de información epigenética a su vez sugiere que quizás sea posible que nosotros mismos desarrollemos de manera voluntaria epimutaciones y podamos ser capaces de silenciar o expresar ciertos genes. 

Una actitud frente a la vida, de manera similar a como ocurre con el efecto placebo puede curar o desarrollar una enfermedad: “los cambios en comportamiento son suficientes para reprogramar tus genes”. El estrés, por ejemplo, afecta la expresión de genes relacionados a la inmunología de esta forma impidiendo que el cuerpo se proteja y regenere.

Con cierto desconcierto epistemológico, la interpretación de Copenhague de la física cuántica a la biología, y supone que la percepción es capaz de afectar a los genes. De esto se extrapola que el pensamiento, la oración, la meditación y demás prácticas pueden propiciar epimutaciones. Otra significación sugestiva que altera, es la existencia de campos energéticos de expresión genética que vinculan a los padres y a los hijos –esto es, más allá de la transcripción sexual, existe una continua transmisión de información entre padres e hijos, tal que pueden verse afectados por una intimidad a distancia que los vincula más allá del nacimiento, haciendo de las enfermedades colectivos psicofísicos que van de formas de generación en generación (transgeneracional).

Para explicar esto último probablemente habría que recurrir a una teoría de transmisión de información a distancia como la de los campos mórficos. En donde existen campos de información compartidos entre miembros de una especie que son transmitidos a través de una resonancia mórfica. Aquellas cosas que han ocurrido con mayor frecuencia y con mayor cercanía, tienen mayor posibilidad de volver a ocurrir y transmitirse entre miembros de una especie.

Esto significa que un hábito aprendido por una persona puede transmitirse y afectar la epigenética de otra persona sin que tenga que ser heredado, pero más allá de que sea o no aceptado cabalmente dentro de una metodología y un paradigma científico, estas ideas son particularmente estimulantes. Nos empoderan y responsabilizan de nuestro destino: todas las decisiones y los estímulos a los que nos exponemos pueden alterar radicalmente cómo seremos y cómo serán nuestros hijos, y nos pueden incluso liberar de la aparente tiranía de nuestros padres, de nuestro pasado y del guión que había escrito para nosotros la biología. Nuestra historia es una obra en progreso, escribiéndose a código abierto.

Dentro de toda esta propuesta se ha observado cómo los cambios son causados por factores externos (principalmente la dieta, el estrés…), provocando alteraciones epigenéticas que determinan nuestro crecimiento y desarrollo. No se sabe completamente sus mecanismos de interacción con los otros componentes del genoma, pero estas alteraciones son “buenas” ya que intervienen en procesos como el embarazo o la inactivación de uno de los cromosomas X con los que están dotadas las mujeres, pero la mayoría de estas “epimutaciones” intervienen en enfermedades como el cáncer, la esquizofrenia o el alzhéimer. 

Estas “epimutaciones” se producen a lo largo de toda nuestra vida. Pero a diferencia de la genética; la epigenética es un proceso reversible ya que los mecanismos que intervienen en este proceso están regulados por enzimas, las cuales se pueden controlarse a través de determinados fármacos que inactivan estas enzimas. El control epigenético ocurre de dos maneras diferentes: la metilación del ADN y el mecanismo de interacción entre las histonas y el ADN.

El futuro de la epigenética conductual, está empezando a desarrollarse para centrarse en el descubrimiento de todas las “epimutaciones” que afectan a nuestro genoma, y por tanto poder hallar la cura de enfermedades como el cáncer o la leucemia. La epigenética nos puede ayudar a paliar las enfermedades que antes eran difíciles de curar.

El futuro de la epigenética no solo va centrado a la cura de determinadas enfermedades, sino también como influye el medio ambiente sobre nosotros y nuestra vida.

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