En psicoanálisis, ¿se paga por hablar?

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En Psicoanálisis, se paga por hablar

Psicoanálisis

La intención del siguiente escrito, dista totalmente de buscar una respuesta cerrada, de definir el tema. Por el contrario, lo que se intenta es abrir el juego a pensar aspectos de la clínica psicoanalítica, particularmente, donde la cosa no anduvo, donde algo falló.

En el transcurso de un análisis hay elementos que resultan fundamentales. Ubicar elementos de la estructura, la transferencia y el lugar del analista, por nombrar algunos. Pero hay uno que resulta particularmente dificultoso, “es todo un tema” se dice cuando se lo supervisa, cuando se lo consulta con colegas. 

¿El pago es una condición para el análisis? ¿Por qué nos resulta tan difícil a los analistas esta temática? Por supuesto que la respuesta será cada vez y no toda. Es decir, será analizada para cada analista en general y fundamentalmente con ese paciente en particular.

Sin embargo, una pregunta que me surge de la clínica es: ¿puede ser el pago, un límite para el análisis?

El tipo de pago, el monto (quantum energético, siguiendo a Freud) dependerá esencialmente del encuadre, es decir, las condiciones y circunstancias en las que se pacta el tratamiento. Ese encuadre puede ser de lo mas diverso: hospitales públicos, centros de atención comunitaria, instituciones monovalentes (psiquiátricos), consultorios particulares. 

Ahora bien. Vuelvo a mi clínica para contar un ¿fracaso?, un caso donde la cosa no anduvo (cosa de la que hablamos muy poco los analistas, para ser franco) donde es necesario pensar y abrir un poco el juego, respecto de esta temática, donde el pago, condicionó la continuidad del tratamiento.

El joven G, concurría hacía más de un año al tratamiento. Atravesó varias etapas durante el tratamiento, advirtió varios puntos de goce, que le permitieron avanzar hacia algo que parecía encarnar su deseo.

En este movimiento, G tuvo que correr un riesgo y abandonó un puesto laboral seguro, por un emprendimiento personal que, si bien era incierto, él decidió apostar en ese sentido. Transcurrieron los meses y dicho emprendimiento no resultó, desde el aspecto económico como lo pensaba.

Este problema se planteó en el análisis y luego de conversarlo (y supervisarlo) se acordó que pagaría lo que pudiera en cada sesión, sumando (a cuenta) la diferencia, ¿a cuenta de quién? ¿de quién era esa deuda?

Estos interrogantes se desplegaron en el análisis, sin embargo, cuando ese monto (¿de dinero?) fue creciendo, G abandonó el tratamiento.

Un amigo y colega me ayudó a reflexionar: “Pensaba en que posiblemente toda demanda no sea demanda de amor, pero algo de relación tiene con eso. Y quizá él está diciendo ¿A ver cuánto me aguanta mi analista? ¿A ver cuánto me quiere?” con dos preguntas sencillas pero elementales (y potentes) se habilita todo un universo respecto del lugar del analista en la transferencia, la función del dinero y el corte. 

Considero que el analista también tenía una deuda importante, y el analizante la hizo ver a la perfección: allí donde el analista no acciona como función de corte, el goce se hace presente, tomando la escena. Un poco tomado por la posición de alojar, de cobijo (¡posición materna por excelencia!) que es necesaria en un tiempo del análisis, el analista también se entregó a esa posición. 

¿No es esta una forma de deuda? Deuda con la función de analista, de propiciar alguna forma de corte en el registro de lo real. Es decir, una deuda en ambas direcciones:

  • Con el analizante, quien en su demanda deja en claro su goce. Y allí donde se satisface la demanda, sin cuestionarla, sin conmoverla ¿es necesario un análisis? digo, para eso habla con un amigo y ¡no tiene que pagarle!
  • Con el analista, quien queda tomado por el goce, prestándose a representar un papel en el fantasma del analizante, desde donde es imposible operar.

Mas allá del monto (cantidad) el pago puede representar la apuesta, tanto en su vertiente de compromiso, de posibilidad buscada efectivamente, como en su vertiente azarosa. Donde se apuesta, se gana o se pierde.  

Escribo sobre esto porque me ayuda a re-pensar detalles de la clínica que son importantes. Así como también hablar de aquellas lecturas erráticas, parciales, donde la cosa no funcionó. Más arriba escribí “fracaso” lo hice con algo de intencionalidad, habilitando-me la posibilidad de hacer con eso.

“Yo no jugaba para no perder, Tú hacías trampas para no ganar” dice el tema de Joaquín Sabina. 

Y algo me enseño.

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Sebastián Saravia

¡Excelenre artículo!

pam
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pam

muy interesante
gracias por compartirlo

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SicologiaSinP.com - Ramiro Blanco

Licenciado en Psicología

Licenciado en psicología (2011- 2015) Profesor de psicología en nivel medios y universitario(2017 - 2018). Realicé curso de posgrado en clínica psicoanalítica con niños y adolescentes en Centro Dos (2016 - 2017). Docente autorizado en la cátedra de Psicodiagnóstico con niños y adolescentes en la Universidad del Museo Social Argentino (UMSA), integrante del equipo de orientación escolar (E.O.E.) del colegio San Antonio. Ejerzo mi práctica clínica en consultorio particular en C.A.B.A. Integro grupos de estudio y supervisión. Co-fundador de teRSerIdad (un espacio de encuentro psi) [...]