¿Cuál es el papel de la familia hacia los niños con trastornos de la conducta?

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Social

Este tópico llamó mi atención por primera vez durante mi periplo por la carrera de psicología. Debíamos trabajar en algún momento de nuestro cuarto año con niños diagnosticados con trastornos de la conducta. La experiencia, aunque provechosa, dejó marcadas ideas en mí. Algunas de las cuales espero compartir en estas líneas.

Comprender la dinámica y la realidad de estos niños, más allá de las descripciones e indicadores diagnósticos que podemos apreciar en los libros, es complicada, pero se empieza a vislumbrar algunas cuestiones si tenemos en cuenta la multicausalidad de factores que incluyen. El trabajo de cerca con los niños me permitió la visión práctica y teórica de la relevancia que tiene su familia como agente socializador y como sistema de relaciones básicas que le proporciona sus principales y primeras emociones y vivencias significativas. Por tanto, me pareció interesante abordar este tema y así ofrecer otra perspectiva al fenómeno, quizás no novedosa, pero sí centrada en la influencia del sistema familiar más allá de las cuestiones educativas y enfocadas en cuestiones emotivas y vivenciales, que sin duda alguna constituye elementos más formativos de la propia personalidad del sujeto en su infancia.

La familia es uno de los principales agentes de socialización en el niño, que es el espacio donde este niño se desarrolla, formándose a partir de los conocimientos que van adquiriendo de los patrones de conducta familiares, las enseñanzas que recibe etc. Además la familia es el espacio primario donde los niños aprenden emociones, vivencias, creencias, estereotipos, saberes etc. y todo esto poco a poco va conformando su subjetividad. Los trastornos de conducta tienen causas multidimensionales para su origen tanto biológicas, psicológicas como sociales. La relevancia de la familia desde ese rol de agente socializador es esencial en la vida del niño en general e influenciador en los niños con trastorno de conducta quienes reciben de sus núcleos los principales elementos para su formación, los cuales pueden dinamizar, interinfluyendo en la aparición del trastorno de conducta.

Al mismo tiempo tiene a su cargo determinadas funciones  y formas de hacer que formarán al individuo insertado en ella, sumado a otros disímiles factores, sin embargo en la sociedad actual, muchas familias tiene dificultades relevantes en su dinámica, lo cual afecta no solo a los niños sino a todos los miembros del núcleo, sin embargo el niño tiene particularidades que no tienen los adultos que conforman la familia y por tanto la atención y cuidado de su desarrollo es relevante, así como lo es el convertir las crisis familiares en procesos favorables para el continuo desarrollo del sistema familiar. Sin embargo, el mal manejo familiar de estas dificultades, a pesar de no ser las únicas ni las que determinan la situación del infante puede provocar en este determinadas alteraciones, debido a la relevancia que tiene para el niño este espacio familiar.

Por tanto, las relaciones interpersonales en la familia que se caracterizan por la desatención, el maltrato, la violencia, la poca comunicación, el escaso vínculo afectivo etc. pueden ser relaciones que entorpezcan el desarrollo del niño e indican en alguna medida en que se formen alteraciones en este desarrollo.

Otros elementos que pueden afectar la dinámica familiar y al niño son las vivencias negativas que este tenga en su sistema familiar, los episodios de violencia entre los padres y hacia los hijos, tanto verbal como física, padres con comportamientos erráticos o codependientes, el abuso y el maltrato, la pérdida o separación, el divorcio conflictivo de los padres etc. pueden ser situaciones que si no se manejan adecuadamente en la familia o con un especialista pueden incidir en la subjetividad del niño y junto con otros factores ser elementos que contribuyan a la aparición de trastornos conductuales, emocionales y de otras índoles. Además el niño con estos trastornos tenderá a reproducir estas conductas violentas, erráticas, agresivas en otros ámbitos, las aprenderá como formas de respuestas, como comportamiento aceptados y puede sufrir también alteraciones en las emociones, como la tristeza, la depresión, la agresividad, la impulsividad, la obsesividad, la ansiedad, el malestar etc.

Estos menores trastornos conductuales y/o emocionales generalmente han estado sometidos desde edades muy tempranas a patrones de comportamientos violentos, a dificultades en la comunicación familiar, a vivencias negativas, emociones negativas, falta de afecto, despreocupación, rechazo, aislamiento etc. Casi siempre provienen de familias disfuncionales, con muchas dificultades para el funcionamiento y la crianza de los hijos. No estoy asegurando con esto que todo menor que provenga de una familia disfuncional deba padecer trastornos de conducta, sino que aunque hay otros elementos mediando en la aparición de estos trastornos, como otros agentes de socialización, los aspectos biológicos y psicológicos del sujeto, estas situaciones tienden a afectar al niño, el cual si no ha creado los recursos necesarios para sobrepasarlo y si no tiene un apoyo de otro agentes de socialización pudiera derivar en estas alteraciones. En cualquier caso, si defiendo el papel significativo de la familia en la formación y desarrollo del niño, así como en las vivencias negativas y las alteraciones emocionales y comportamentales que pueden aparecer en algunos niños con estos trastornos, debido a que es este el espacio inicial donde el niño aprende y vivencia situaciones difíciles, complejas y mayormente traumáticas que dejan su huella de laguna manera en el niño.

Así los comportamientos “desviados” del niño con trastorno de conducta y de las emociones casi siempre son aprendizajes de sus diferentes contextos, respuestas que van conformando a los largo de su vida y que en cierto modo son respuestas ante las situaciones vivenciales que han tenido a lo largo de su vida que se van conformando en patrones y conducen a la estructuración del trastorno y a afectación del desarrollo pleno del niño.

Una frase dicha por Pupo y Fontes en 2005, ilustra todo lo dicho hasta el momento:

Una relación familiar adecuada, enriquecedora que satisfaga las necesidades de los miembros en las distintas fases por las que atraviesa su desarrollo, con una buena comunicación, la existencia de lazos afectivos, es un buen mecanismo de prevención para futuros comportamientos.

De esta manera se entrelazan nuevamente las relaciones familiares, la dinámica en el espacio familiar como principal fuente de vivencias y emociones en los niños con los comportamientos que estos pueden realizar posteriormente producto de los aprendizajes y la conformación de la subjetividad en el niño por la influencia de diversos factores, entre ellos uno de gran relevancia como es el sistema familiar.

Otros autores también ofrecen opiniones sobre la relevancia del papel de la familia en el desarrollo infantil, es el caso de Guilbert que nos dice que:

Los padres tienen que saber que las inconsecuencias morales en su actuación práctica ante las situaciones familiares o personales afectan al proceso de formación de la personalidad del niño. La influencia familiar por inadecuada comunicación en las relaciones interpersonales con sus hijos es la que desvirtúa y deforma al menor, llevándolo a no respetar las reglas de convivencia social.

Patricia Arés por su parte en el 2000 refirió acerca de este tema: Cuando un niño presenta problemas de conducta o desajuste emocional, la realidad es que él es denunciante o portavoz de lo que está pasando en la familia, él solo es parte de una disfuncionalidad de la familia en que vive.

Así podemos corroborar una vez más como la influencia del sistema familiar van conformando no solo la subjetividad del niño, a partir de las vivencias y las interacciones que tiene dentro del núcleo, sino de los propios comportamientos aprendidos y otras enseñanzas que en los hogares disfuncionales pude llegar a desvirtuar y provocar alteraciones comportamentales y emocionales en los niños.

Uno de los elementos que influyen y tiene un peso significativo en la aparición de los trastornos de conducta en los niños es la familia como principal agente de socialización del sujeto, a partir del cual el sujeto se forma y aprende comportamientos, creencias, estereotipos, conformando su subjetividad a partir de las vivencias, relaciones interpersonales con la familia, de los afectos y emociones que se expresan mutuamente y que observa en su núcleo familiar. Por tanto la familia y las interrelaciones que se establecen entre ellas, así como las emociones, las vivencias y los comportamientos que el niño tiene en ese espacio, adquieren un carácter significativo para los menores que tienen trastornos de conducta debido a que, no solo pueden ser elementos que hayan contribuido a la aparición del trastorno  todas sus características en el niño, sino que en definitiva son limitadoras de su desarrollo pleno.

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