Las estaciones del silencio

Las estaciones del silencio

Arte Y Mente

Junio

Me enfrento al papel en blanco todas las noches esperando en silencio las palabras exactas para deshacerme de mis gusanos. Paso el tiempo inmóvil recordando cuando solía ser una mariposa. Solo apreciaba la belleza que mis ojos podían entender. Pero hoy me hallo despoblada en una soledad atemorizante. Me siento ante el piano y emito sonidos graves y oscuros, me echo a llorar. ¿Podrán dar vida mis manos?

Hace mucho calor en la ciudad y no me apetece salir de la cama. Mis gusanos me paralizan y me dejan inconsiente por horas y por días. Solo puedo percibir el aire denso, solo siento mis lágrimas húmedas que recorren mi cuerpo.

Estoy tranquilamente triste, con la derrota como amiga me siento a leer poemas de Buwkoski (me lo han recomendado). Me han dicho que de su tristeza hizo una gran obra de arte. Así transcurren los días, el sol más feroz que nunca me calienta, evapora mi esperanza.

Me siento distante del mundo, rota sin la necesidad de recobrar fuerzas para unir mis pedazos. Voy caminando entre sombras esperando que con el amanecer mi alma se restaure. Con añoranza recuerdo que los cactus también florecen.

Octubre

Allá fuera los árboles están llorando, han perdido todo su verdor y otros han sido despojados de sus hojas. Que pesadumbre la tierra está expresando, es como si se sacudiera de todo lo que le duele y le pesa.  A mi me pesa la vida y quisiera tener mi otoño. No quiero estar más triste por decisiones que  ya tomé y me han sometido a pruebas crueles.

Soledad. Pena. Incertidumbre.

Me asomo a la ventana en el atardecer sintiendo como mis gusanos corren por mi cabeza. Muchas veces los quiero callar pero otras  veces son mis mejores amigos. Escuchan los misterios de mi corazón, los miedos que siento a la vida diaria, pero me asfixian y no me dejan avanzar. Es como si con cada palabra que les dijera le cayeran hojitas  y crecieran dentro de mi.

Me tomo un café oscuro y me tiro a la cama, mi cuarto se ha convertido en mi hogar, es apacible y cómodo estar allí. Después de todo me han despedido del trabajo y he tenido que irme con la frente en alto y los ojos rojos de contener una rabia que se viene acumulando hace meses. Mis gusanos me apretaron la garganta y no puede hablar. Me aferro a la almohada esperando que estos días pasen. No quiero salir de mi cuarto.

Los días cada vez más grises y yo intentando ser feliz me emborracho para evadir una realidad que no tengo ánimos para enfrentar. Me he quedado sin nada y no lo comprendo. Es como si la vida se pusiera en mi contra, pasándome factura por seguir mis sueños, por querer avanzar. He pensando en el suicidio (como todos alguna vez). Pero imaginar a mi madre llorando por mi, me ha dado una pena. Reconozco que no puedo más.

Desprendimiento.

Diciembre

Hace frío en todos lados y los árboles aunque deshojados siguen en pie, resistiendo bajas temperaturas; a eso le llamo combatir. Mientras tanto he seguido confrontando el papel, con el avance de escribir algunas palabras que me vacíen. Estoy aprendiendo a resistir a mis gusanos, me cuesta demasiado e intento no llorar. Paso las noches pensando en ellos y me ahogo en llanto en solo pensar que estos malditos gusanos me quieren enseñar a estar conmigo misma. Que tal vez por muy frío que esté mi corazón debo continuar. Me duermo con las almohadas empapadas en lágrimas.

Perdida entre libros he creado un mundo para mi, le he leído poemas de Sabines a mi perro, estoy viendo y siento una belleza que desconocía. ¿Será que la tristeza se ha ido? Sigo llorando todas las noches pero al salir el alba me siento un poco mejor.

Ya no siento la necesidad de ser la mariposa que fuí. No quiero lo pasado, ni los viejos amigos, ni los amores de mentiras. Serena  en un silencio que me parecía aterrador voy aprendiendo. Transición.

Marzo

Ha  pasado mucho tiempo y he tenido que enfrentar un duelo tras otro. Ya no están los mismos amigos, ya no hago las mismas cosas que solía hacer. Quizás uno de los dolores más grandes ha sido entender el abandono de mi gente. Las sentía tan mía, entender las pérdidas materiales y luchar contra estos gusanos que me han paralizado toda mi vida. Me han dejado herida, un corazón lacerado. Pero el tiempo va jugando a doctor y voy sintiendo una autosuficiencia inquebrantable. Estoy escribiendo mucho más, he conocido personas mayores muy dulces, he mejorado un poco ayudando a los demás. Aún lloro ciertas noches, pero el abandono de ser asesino ha pasado a ser un galardón. Lo he ganado en silencio, con la más angustiosa paciencia.

Me trepé en el cuadrilátero de la vida enfrentando a mis enemigos disfrazados de amigos. Fueron muchas batallas simultáneamente y me cansé. No estoy fortalecida del todo he necesitado muchas noches para gritar y dejar ir. Pero hay un sentimiento que no me permite ceder. No me rindo. Hay días en los cuales le grito a mi corazón; ¡No duele! ¡No duele!

El combate más grande ha sido contra mi misma, aceptar mis fisuras y reconocer a mis gusanos en los días en los cuales no quería vivir. Es que es la desdicha, el miedo, el quebrantamiento son los que hacen  que nos miremos por dentro.

Hoy estoy acostada con mi perro, sigo leyendo a Buwkoski y aprendiendo de su fragilidad y de la mía. No quiero recibir consejos de nadie, es mi momento. Siento una fuerza inata en mi estómago que me hace ser portadora de resistencia. Estoy bien me digo a mi misma todas las mañana. Por mis gusanos ya no me preocupo, siguen estando ahí pero cuando intenta atacarme y dejarme quieta les quito el poder que tienen mis pensamientos y mis emociones.

Con efervesencia sigo viviendo.

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SicologiaSinP.com - Kristal Marie Rivera

Máster en Consejería Psicológica

Bachillerato en Ciencias Sociales con una concertación en Investigación Acción Social de la Universidad de Puerto Rico en Humacao Trabajo en Organizaciones sin fines de Lucro como conferenciante en desarrollo comunitario. También me dedico a la gestoría cultural como parte del Centro Cultural Dra. Antonia Sáez en Humacao. [...]

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