Charles Bukowski y su razonamiento en torno al trabajo y las consecuencias sobre el ser humano

Charles Bukowski y su razonamiento en torno al trabajo

Arte Y Mente

 “La esclavitud nunca fue abolida, sólo se amplió para incluir todos los colores”

El trabajo forma parte indisoluble del hombre[1] desde sus primeros tiempos. A lo largo de la historia su significación ha ido cambiando según la época. En la actualidad la palabra esclavitud aparentemente parece ser un estigma erradicado. Los hechos manifiestos en la vida diaria demuestran lo contrario. Según Carlos Marx[2] – El trabajo es, en primer término, un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso en que éste realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza… – esta afirmación hoy en día podría decirse de otra manera sin que perdiera sentido: el trabajo se ha vuelto un proceso del hombre en contra de la naturaleza y del propio hombre.

Henry Charles Bukowski (Heinrich Karl Bukowski; August 16, 1920 – March 9, 1994) de origen alemán y del mismo nombre que Marx, sintió como muchos los rigores del trabajo y las consecuencias de vivir en una sociedad capitalista. Por 15 años de labor se extendió su estancia como cartero en el servicio de correos de los Estados Unidos.

Una de las metas que no todos los seres humanos logramos cumplir y sobre la cual en la mayor parte de las ocasiones se anda en carrera infinita y sin pistas, constituye el tema de la autorrealización personal. La experiencia de la vida diaria y común ha demostrado que no todos los caminos para ser un hombre autorrealizado se arman del trabajo como el método más efectivo para lograrlo. Esto lo dilucidó de manera profética John Martin, publicista de Black Sparrow Press, cuando en 1969 le hiciera una proposición irrechazable a Bukowski: le pagaría 100 dólares mensuales con tal que renunciara a su trabajo y se dedicara solo a escribir.

Los años llenos de excesos, desilusiones, sueños rotos, mujeres, incertidumbres y alcohol, resultaron el complemento idóneo para que Charles Bukowski se consolidara después de siete décadas como uno de los primerísimos exponentes de la literatura norteamericana. Fue aproximadamente a mediados de los 80 cuando el ya respetado autor escribió una clarividente carta sobre el trabajo y las consecuencias que producía en el ser humano.

Desde el mismo inicio comienza la crítica rigurosa y sabia al respecto. No pudo encontrar una forma más genuina y exacta para describir el lugar donde pasamos la mayor parte del tiempo. Escribe Bukowski:

“A veces no duele tanto recordar de dónde venimos. Y tú conoces los lugares de donde yo vengo… Lo llaman “De 9 a 5”. Sólo que nunca es de 9 a 5. En esos lugares no hay hora de comida y, de hecho, si quieres conservar tu trabajo, no sales a comer. Y está el tiempo extra, pero el tiempo extra nunca se registra correctamente en los libros, y si te quejas de eso hay otro zoquete dispuesto a tomar tu lugar”

De igual manera Bukowski hace referencia a un grupo de características negativas que son distintivas en todos los seres humanos, ya sea en mayor o menor medida. Qué significa pérdida de humanidad, sino egoísmo, avaricia, irrespeto, miseria humana, supervivencia:

“Lo que duele es la pérdida constante de humanidad en aquellos que pelean para mantener trabajos que no quieren pero temen una alternativa peor. Pasa, simplemente, que las personas se vacían. Son cuerpos con mentes temerosas y obedientes. El color abandona sus ojos. La voz se afea. Y el cuerpo. El cabello. Las uñas. Los zapatos. Todo”

Una de los aspectos con más relevancia dentro de la misiva y que viene a ser punto de convergencia a lo largo de toda la vida y obra de Bukowski, resulta su cuestionamiento repetido acerca del por qué las personas mantenían este comportamiento respecto al trabajo a lo largo de sus vidas:

“Cuando era joven no podía creer que la gente diera su vida a cambio de esas condiciones. Ahora que soy viejo sigo sin creerlo. ¿Por qué lo hacen? ¿Por sexo? ¿Por una televisión? ¿Por un automóvil a pagos fijos? ¿Por los niños? ¿Niños que harán justo las mismas cosas? ”

La experiencia y las elucubraciones que se sucedían constantes bajo los efectos del alcohol le demostraron al viejo escritor la ingenuidad de sus años mozos cuando vagaba de trabajo en trabajo tratando de hacer el mejor de los papeles. Su inocencia venía acompañada con ojos vendados. La inmadurez laboral lo convocaba a alertar de peligros fortuitos a compañeros de trabajo que andaban cinco pasos delante de él en cuanto a la real concepción del trabajo y de lo miserable q este había convertido sus vidas.

“Desde siempre, cuando era bastante joven e iba de trabajo en trabajo, era suficientemente ingenuo para a veces decirle a mis compañeros: “¡Eh! El jefe podría venir en cualquier momento y echarnos, así como así, ¿no se dan cuenta?”. Ellos lo único que hacían era mirarme. Les estaba ofreciendo algo que ellos no querían hacer entrar a su mente”

 La agudeza con que siguió el tema del trabajo le demostró el carácter injusto, cruel y bárbaro del mismo. Había sido cómplice activo y silencioso al mismo tiempo de cómo la maquinaria laboral deshacía vidas enteras dedicadas a una causa:

Los despidos son por cientos de miles y sus rostros son de sorpresa: “Estuve aquí 35 años…” “No es justo…” “No sé qué hacer…”

Tal y como nos recordara Lenin en el artículo: En memoria del Conde Gueiden[3]:

“El esclavo que tiene conciencia de su condición y lucha contra ella, es un revolucionario. El esclavo que no tiene conciencia de su condición y vegeta su vida silenciosa, inconsciente y apagada, ese es simplemente un esclavo. El esclavo al que se le cae la baba cuando describe satisfecho las excelencias de la esclavitud y se entusiasma ante la bondad y el buen talante de su señor, es un siervo”.

Bukowski en su carta nos aclara sobre las implicaciones mentales que conlleva ser un esclavo. La ceguera moral y no visual que nos impone el sistema de relaciones sociales y la incapacidad e ineptitud que aprendemos a la perfección gracias a la condición de siervo adoptada por conveniencia. ¿Por qué no revolucionar el orden?

“A los esclavos nunca se les paga tanto como para que se liberen, sino apenas lo necesario para que sobrevivan y regresen a trabajar. Yo podía verlo. ¿Por qué ellos no? Me di cuenta de que la banca del parque era igual de buena, que ser cantinero era igual de bueno. ¿Por qué no estar primero aquí antes de que me pusiera allá? ¿Por qué esperar? ”

La realidad subjetiva nos pone en condiciones de elegir, al decir de Lenin, entre ser un esclavo, un siervo o un revolucionario. Por el contrario la realidad objetiva nos elimina la opción de elegir para imponernos la condición que más necesite en un momento determinado. Aceptar las circunstancias, sumarse irreflexivamente, privado de pilares morales firmes elimina poco a poco al hombre de su humanidad para convertirlo en un objeto del sistema de producción. Bukowski desde su posición fue un luchador expreso contra la hegemonía del trabajo:

“Escribí con asco en contra de todo ello. Fue un alivio sacar de mi sistema toda esa mierda. Y ahora estoy aquí: un escritor profesional. Pasados los primeros 50 años, he descubierto que hay otros ascos más allá del sistema”

La diatriba al trabajo realizada por Bukowski a quien lo alejara de la oficina de correos para siempre concluye con un simple testimonio de gratitud:

“Así que la suerte de, finalmente, haber salido de esos lugares, sin importar cuánto tiempo tomó, me ha dado una especie de felicidad, la felicidad alegre del milagro. Escribo ahora con una mente vieja y con un cuerpo viejo, mucho tiempo después del que la mayoría creería en continuar con esto, pero dado que empecé tan tarde, me debo a mí mismo ser persistente, y cuando las palabras comiencen a fallar y tenga que recibir ayuda para subir las escaleras y no pueda distinguir un azulejo de una grapa, todavía sentiré que algo dentro de mí recordará (sin importar qué tan lejos me haya ido) cómo llegué en medio del asesinato y la confusión y la pena, hacia, al menos, una muerte generosa”

[1] A partir de ahora cada vez que se mencione Hombre, se hará en el sentido genérico del término.

[2] Definición que aparece en El Capital.

[3] En memoria del Conde Gueiden. Obras completas, t. 16, p. 43

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SicologiaSinP.com - Y. Barrios Hernández

Psicólogo Clínico, Licenciado en Psicología, MSc. Ciencias Sociales

Dedicado a la investigación sobre las adicciones, aspectos sociales vinculados a la epilepsia y la representación social y a la influencia psicológica de las artes en los seres humanos. [...]

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2 comentariosComenta ahora

  • Vero dice:

    Muy bueno! En lo personal; me gusta Charle Bukowski…su irreverencia, su crudeza y honestidad, su pasión y su forma de escribir tan suyo, tan embriagante, así con el alcohol lo deja..tal cual, desnudo. El trabajo, tema que se elude, sin embargo, una realidad que se vive, se siente…expuestos al abuso del poder y a la necesidad de poder (paradojico)…el capitalismo, la globalización, la competitvidad, la vanguardia, etc…conceptos que solo disfrazan la trasmutación de lo que es la esclavitud. Cierto, no se ha erradicado, se vulneran día con día los derechos humanos en todas las esferas sociales, politicas, económicas, culturales y espirituales…un tema que hoy emerge en este articulo…para, por lo menos, retomar lo esencial del por qué trabajo -en donde trabajo-, lo que permito y defiendo como justo (con base a mi moral y ética), lo que me hace permanecer y lo que puedo trascender… Gracias! Y. Barrios Hernández.

  • mm Y. Barrios dice:

    Hola Vero,

    Gracias por tus valoraciones, concuerdo en todo lo que dices, creo que deberías pensar en escribir si no es que ya lo haces.
    Te agradezco por tenernos en cuenta y por la lectura, espero que la opinión se mantenga en futuros trabajos…
    Un abrazo

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