Calamidad Paradójica | La Casa está Cerrada

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Poesía

Otra vez Kristal se nos une este domingo con uno de sus poemas colmados de deseos y fuerza, Calamidad Paradójica. Mientras que por la parte cubana, estrenamos poema de Magali Alabau, La Casa está Cerrada.

 

Calamidad Paradójica

Me someto a la corte de la moralidad

declarándome culpable de mis acciones impuras escribo estas líneas

palabras vacías y llenas de retóricas.

Preocúpate por esas palabras mojadas llenas de indecencias.

Estoy llena de angustia y me arropa la lujuria.

¡Ruego que me leas!

En busca de escapar de estos sentimientos, escribo para provocar nuestra confrontación.

No necesito tu respuesta, el silencio a veces dice más, que, aunque eso he escuchado me vale mierda, porque tú silencio no significa ausencia. 

Mis memorias están llenas de ti 

De tu irreverente forma de hacer el amor,

esa muralla inmensa imposible de saltar,

 tal vez resultado de tu astucia.

 La medianía de los días es repugnante me cuestiona y me habla de ti

 ¿Dónde están las respuestas?, ¿Quiénes son los culpables?  

Me atormenta que la vida este llena de contradicciones, aciertos y paradojas que carecen de deseos. 

Que improbable la poesía que sostienen mis labios, me he hundido en tu presencia, espejismo difuso para mi quebranto. 

Tu orgullo es esa espada vivaz portadora de un amor perverso. 

¡Mi calamidad! ¡Mi castigo!

No acepto tu desprecio

Melodía que susurras a todas tus amantes de turno.

Mientras, yo prostituta de tu libertad.

Culpable del erotismo de tu lengua.

Enamorada de tu elocuencia.

Por: Kristal M. Rivera González

Magali Alabau

La Casa está Cerrada

La casa está cerrada,
oye a la lluvia
respirar contra el piso.
Espero como siempre
sin esperar a nadie.
Espero mis latidos
con ganas que vislumbren
a las apariciones.
La lluvia contiene mi insistencia,
mis agravios persisten en la queja.
Espero al enemigo agazapada,
jugando a quién
se rendirá primero.
Siento el ruido de los pasos
en mis huesos,
en la dificultad de cada uno,
en ese movimiento equivocado
que traiciona.
Ahora voy hacia afuera
deseando estar adentro.
Espero como esos animales
que no saben hablar de sentimientos
que buscan un pedazo de algo
que no saben
mitigar el dolor en el abdomen.
La noche se abalanza
hacia la lluvia
monótona, severa, injusta.
¿Qué soy en esta bruma?,
¿semilla enterrada que se hincha?,
¿larva que el agua no soporta?
¿Soy sonido o temblor?
Un ente separado
que araña la cal
de las paredes
con su ruido.
Estoy en estos filamentos
de las gotas,
percatada de que en cualquier
momento mis fantasmas podrían
concretarse.
Hoy es Trotski,
su perra Maya,
la aurora,
el agua empantanada,
la carta que llega
y no respondo,
un sinnúmero de sueños,
el amor a los perros,
ese agarrarlos contra el pecho
y cuando mueren
encargarse una
hasta el último
detalle
y destello.
Parto
y pérdida,
la reducida piel, los otros ojos,
inevitable calvario de la espera.
Por más que quiera olvidar
las horas, la monotonía del día,
me despierta el ruido de la lluvia,
el movimiento de las hojas,
la caída del papel al piso,
la posible llamarada
prendiéndose en un fuego,
la falta de voluntad
que informa lo imposible.
Como un árbol marcado
esperando la herida
estoy ya sin moverme.
La herida que no cierra
que circula en el cuerpo
que demarca viajes,
peripecias y olvidos.
No me acuerdo de tu nombre.
¿Dónde has ido?
¿Hacia el paraje donde el bosque
termina, escapando
mis tormentos?
El alba te cura cuando muere,
el sol te aliviará cuando aparezca,
el canto de las ramas
apuntará la herida
en que me escondo.

Por: Magali Alabau

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Máster en Consejería Psicológica

Bachillerato en Ciencias Sociales con una concertación en Investigación Acción Social de la Universidad de Puerto Rico en Humacao Trabajo en Organizaciones sin fines de Lucro como conferenciante en desarrollo comunitario. También me dedico a la gestoría cultural como parte del Centro Cultural Dra. Antonia Sáez en Humacao. [...]