Sexualidad: cultura, religión y heterosexismo

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Religión, Social

Al pensar en la sexualidad, provienen un incontable número de representaciones emergentes de nuestras vivencias a lo largo de la vida. Muchos autores e instituciones hacen su intento de definirla, pero no llega a ser un concepto acabado. Cada vez los nuevos contextos requirieron de nuevas perspectivas, ya que no era considerada en un comienzo desde la sinergia de los factores que influyen en cada individuo.

La sexualidad supone la configuración bio-psico-social del individuo mediatizada por su particular subjetividad, fundamentada en su desarrollo. No podemos dejar de observar la influencia que tiene el papel de la cultura, y así somos capaces de percibir cómo determinados tipos de comportamientos sexuales son más aceptados en ciertas culturas que en otras. La norma cultural llega a ser estructurante subjetivamente.

Remontándonos al pasado

La misma existe como una presencia social e histórica, donde las posibilidades biológicas y psicológicas se amalgaman. La sexualidad, por el hecho de tratarse de algo social, sufre cambios. Los seres humanos no por contar con un pene o con una vagina están determinados en sus prácticas sociales y eróticas: la verdad es que los seres humanos no sostienen relaciones sexuales solo con el fin de procrear. Por ende, el sexo no determina los atributos sociales, al contrario, es la cultura la que ayuda a determinarlos. La sexualidad se ha ido construyendo subjetivamente a lo largo de los tiempos, no ha estado ajena a las transformaciones de la sociedad y sus contextos.

Podemos referir la existencia de una invención histórica en torno a la sexualidad. Vemos ejemplos desde las culturas antiguas de Oriente así como las precolombinas de América en que la expresión de la sexualidad humana tuvo una mayor aceptación en comparación con las culturas occidentales. En estas culturas antiguas se hacían muy comunes las manifestaciones artísticas en torno a la sexualidad. La adoración hacia la figura humana en la Grecia Antigua la expresaban en el arte explícitamente como parte de una filosofía naturalista, en que ilustraban la perfección estética del cuerpo. Así como en la cultura de la América precolombina a través de las representaciones fálicas, con diferentes niveles de acepciones dentro del pensamiento mágico-animista. Luego, en la historia de la humanidad también hallamos una época de conquistas y ambiciones hacia nuevos territorios. Los conquistadores imponían un nuevo régimen a las tierras ocupadas. Por tanto, la Antigua Grecia ante la conquista de Esparta fue sometida a una nueva filosofía que sentó las bases para una nueva sociedad, en que se incluían cambios hacia la vida sexual.

El esquema de la nueva sociedad abrió sus puertas hacia la globalización de nuevos sistemas, construyendo una visión estándar en la mayoría de las culturas, muchas influenciadas por la aparición de la religión, la cual implantó mecanismos de control los cuales llegaban al extremo de la represión en aquella época.

Es criticable el hecho de la existencia de una verdad absoluta, la cual promulga la religión desde su surgimiento, cuando comienza a regir y a controlar a las masas bajo una moral nacida de la misma. ¿Acaso la religión no se circunscribe a otra invención del hombre? ¿Por qué las creencias religiosas comienzan a dominar el comportamiento sexual? ¿Será otra estrategia para remediar la incertidumbre de la naturaleza? La influencia de legitimización de un poder externo en relación a las concepciones del individuo como ser, su disolución en la masa, puede explicarse según Freud: (…) el solo hecho de formar parte en una multitud, desciende, pues el hombre varios escalones de la escala de la civilización. Aislado, era quizás un individuo culto; en multitud, es un instintivo (…). La verdad absoluta que se diluye en las masas ha perpetuado históricamente una selección cultural, en que no se excluye su papel en la sexualidad.

No obstante, Feuerbach quien dedicó importante parte de su vida a la religión, aborda por otra parte que “el sentimiento religioso es un producto del miedo ante las fuerzas de la naturaleza”. La aparición de la religión surge en la base de que el hombre no tenía cómo explicar los fenómenos de la naturaleza y a sí mismo, en que se incluyen las concepciones acerca de la sexualidad humana.

La religión judía fue de las primeras en reprimir la sexualidad, particularmente la de las mujeres que eran considerabas simples objetos sexuales. De manera que desde el Antiguo Testamento, referían la función de la mujer como dirigida a procrear, perpetuar y servir a los hijos. El cristianismo cambió esta visión con respecto a la función de la mujer, pero al pasar a ser religión oficial del imperio romano se convirtió en una fuerza política y represiva. El cristianismo designó la sexualidad como algo impuro. Las relaciones que no fueran legitimadas hacia un fin reproductivo, eran censuradas por la iglesia, porque de ninguna manera pueden estar relacionadas con el fin del placer. El placer devenido de las relaciones sexuales fue visto como acto contra natura, asociado a poderes infrahumanos en que la persona era tomada como pervertida o poseída por influjos inferiores. Por otra parte, la religión islámica reprimió aun más ferozmente a las mujeres, siendo en la actualidad una práctica injusta, prueba de ello es  el empleo de costumbres como los velos (hiya) y pesados rodajes que les obligan a llevar en los países donde es la religión oficial, así como las leyes a las que están sujetas a cumplir.

Sobre sexualidad, género y heterosexismo

Con el surgimiento de la familia patriarcal, se establecen una serie de dualidades con respecto a la sexualidad que no son más que el reflejo de las bases para un nuevo modelo de relación facilitado por el denominado machismo, en que se le otorgaba al hombre una posición de poder legítima por encima de la mujer.

Las creencias en relación a lo femenino y lo masculino devenidos de las creencias religiosas o de la cultura patriarcal, perpetuan desde un comienzo las relaciones de desigualdad, siendo el individuo juzgado desde el sexo biológico constituido al nacer, y así instaurando los atributos construidos socialmente hacia los mismos, de manera que recurre a las relaciones de género (género masculino y femenino).

Durante el siglo XX, surgen tres grandes movimientos en torno al interés científico de la sexualidad, los cuales propiciaron una brecha de cuestionamientos en aras de comprender y hallar explicaciones al comportamiento sexual del ser humano. Estos estudios disputaron esquemas conceptuales de la sociedad en torno a la sexualidad, trayendo grandes interrogantes, cuestionamientos y críticas, en ocasiones, al punto de desvalorizar los resultados obtenidos.

Se hará referencia al estudio de Alfred Kinsey ya que revela datos interesantes acerca de la sociedad y su expresión de la sexualidad. Se supondría que la sociedad tacha de inmoral comportamientos sexuales que a pesar de las restricciones que fue enmarcando la historia, todavía hay vigencia inminente. La investigación realizada por Kinsey demostró, que la gente tenía diferentes formas de disfrutar las relaciones sexuales a través de la masturbación, el homosexualismo, el intercurso anal, las fantasías sexuales y, especialmente el sexo extramarital. De ahí, que se reafirme la configuración del individuo la cual se encuentra mediatizada por su particular subjetividad, en que influyen además diversos factores culturales, biológicos y psicológicos. Hay que rescatar, las consideraciones que reflexionan con respecto a Foucault, cuando refiere reconocer una problemática esencial en la sexualidad, la cual no está reducida al individuo, sino a las relaciones establecidas con el individuo que tienen que ver con el poder, así como las estructuras de desigualdad de las culturas, como el color de piel, la clase y el género.

El hecho de que exista una restricción moral y ética, provocó la consolidación de las masas hacia movimientos de liberación sexual, los cuales trajeron cambios de gran significación para los grupos sociales menos aprobados por la sociedad. A mediados de la década de 1960, se enmarcó el camino hacia la revolución sexual, se generaron cambios en la mentalidad social, para lo cual la represión político-religiosa de la sexualidad disminuyó sus influencias, pero aun no se encuentran absentas en la sociedad actual.

Por otra parte, Eguíbar refiere que los estudios de Kinsey, iban más allá de lo que estaba dispuesto a aceptar la sociedad americana, ya que los resultados echaban por tierra las viejas ideas victorianas. También arrojó datos sumamente significativos sobre la orientación sexual de los seres humanos. Revelando una amplia gama de conductas sexuales, donde los objetos del deseo resultan ser tan variados que no es posible delimitarlos a dos grupos excluyentes: homosexuales y heterosexuales. Los datos encontrados permitieron a Kinsey elaborar la conocida escala Continuo hetero-homosexual, la misma está compuesta por cinco escalones intermedios. Si en este continuo se verifica que no pueden existir dos grupos tan excluyentes, ¿cómo se explica que la sociedad haya legitimado a lo largo de la historia un solo tipo de relación: la heterosexualidad? El heterosexismo, refuerza la suposición de que la heterosexualidad es por naturaleza superior a cualquier otro tipo de relación. De esta manera, implica a una forma superior de amar que discrimina cualquier otra variante de expresión de amor y sexualidad.

A pesar de que estudios históricos demuestran que las prácticas homosexuales han existido siempre, en todas las culturas y en todas las épocas, ¿por qué se le ha atribuido un significado diferente? No solo ha existido siempre, también no siempre ha sido considerada como un pecado, enfermedad o delito.

Cada cultura establece lo que llaman restricciones de quién y restricciones de cómo. Las “restricciones de quién” tienen que ver con las parejas, su género, especie, edad, parentesco, raza, casta o clase, y limitan a quién podemos aceptar como pareja. Las “restricciones de cómo” tienen que ver con los órganos que usamos, los orificios que se pueden penetrar, el modo de relación sexual y de coito: qué podemos tocar, cuándo podemos tocar, con qué frecuencia, y así sucesivamente. Se ilustran dos cuestiones que figuran comportamientos sexuales que son más aceptados en relación de una cultura con otra.

Las visiones acerca de la sexualidad a lo largo de la historia, como vemos son muy diversas, aunque refuerzan determinadas concepciones que son relativamente estables, y con más frecuencia a las que se han hecho referencia en este ensayo. Podemos llegar a concisiones al respecto, tomando en cuenta fundamentalmente la influencia de las creencias religiosas, la cultura patriarcal, y así el heterosexismo. Las creencias religiosas han dominado las concepciones en torno al comportamiento sexual, tachándolo de impuro y reduciéndolo al proceso de reproducción. El régimen que ha consolidado la sexualidad moral religiosa ha contrarrestado la libre expresión de la sexualidad, promulgando la represión. Observamos el rol de la mujer limitado por las concepciones de una cultura patriarcal que le considera objeto sexual, inferior al sexo opuesto; concepción que promueve comportamientos heterosexistas u homofóbicos. La heterosexualidad es pues una construcción cultural que exacerba las diferencias biológicas y re-crea así el género. Se parte de la creencia errónea de que el sexo biológico constituido al nacer determina el género, cuando este no es más que atributos construidos socialmente, otra construcción social, que refieren lo conocido como masculino o femenino. Ello no determina prácticas sociales o eróticas específicas, no determina que los seres humanos sostengan relaciones sexuales solo con el fin de procrear.

En la mayoría de las sociedades humanas existen mecanismos sociales que canalizan o refuerzan la sexualidad de la mayor parte de su población hacia la heterosexualidad; y la represión político-religiosa de la sexualidad promueve estas cuestiones. A pesar de que estudios históricos demuestran que las prácticas homosexuales han existido siempre, en todas las culturas y en todas las épocas, ¿por qué se le ha atribuido un significado diferente? No solo ha existido siempre, también no siempre ha sido considerada como un pecado, enfermedad o delito. Se ha perpetuado una selección cultural en todas las culturas en que se presentan binarismos y dicotomías como etiquetas para explicar la sexualidad humana. Con ello, se establecen jerarquías en torno a los géneros (masculino y femenino) y las sexualidades de los individuos, y se organizan desde los niveles de acepción que posee la sociedad hacia los mismos. De esta manera, con el heterosexismo se implica la creencia de una forma superior de amar que discrimina cualquier otra variante de expresión de amor y sexualidad. La invisibilización de otras expresiones de la diversidad sexual llega a ser uno de los principales mecanismos de subordinación que son necesarios romper para circunscribir a una ambición mayor hacia la sociedad, en que se manifiesten iguales derechos hacia la expresión libre de la sexualidad, perpetuando un proceso continuo de bienestar físico, psicológico y sociocultural en relación a la misma. No se debería observar a la heterosexualidad y la homosexualidad como opuestos de una misma moneda, ya que la propia dicotomía invisibiliza otras sexualidades que no incluyen en ninguna de ambas su orientación, y sin embargo no dejan de ser otra expresión de los deseos, fantasías, creencias y valores.

*La imagen de portada del artículo pertenece a  Paolo Veronese (1528-1588)  y se titula: “Cristo y el Centurión” (1570)

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SicologiaSinP.com - Jennifer Albín

Licenciada en Psicología

Especialista en Promoción Cultural en la Dirección de Comunicación de la Universidad de la Habana. Sus líneas de investigación se encuentran asociadas a la orientación vocacional, uso y aprovechamiento de espacios públicos, y habilidades comunicativas. Su tesis abordó la efectividad de las técnicas expresivas como ayuda psicoterapéutica a un grupo de estudiantes universitarios de primer año de la Facultad de Psicología (UH) con dificultades en la comunicación interpersonal. [...]

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