Rol del entrenador como pedagogo dentro del colectivo deportivo

Rol del entrenador como pedagogo dentro del colectivo deportivo

Deporte

De manera acertada Blonski definió la Pedagogía como la ciencia que se ocupa de la educación que al mismo tiempo ejerce una influencia premeditada, organizada y prolongada en el desarrollo de un organismo. La misma tiene la obligación de construir con exactitud y claridad cómo debe ser organizada esta influencia, además de las formas que puede asumir, de los procedimientos que se vale y hacia dónde debe ser orientada la educación.

La pedagogía es la disciplina que organiza el proceso educativo de toda persona, en los aspectos psicológico, físico e intelectual tomando en cuenta los aspectos culturales de la sociedad en general. De igual manera posibilita la transmisión de prácticas, conocimientos y valores con los recursos que tenemos a nuestro alcance, como: la experiencia, materiales, la misma naturaleza, los laboratorios, los avances tecnológicos, la escuela, el arte, el lenguaje verbal, escrito y corporal.

Asimismo se encarga de regular el proceso educativo y resolver los problemas que se suscitan debido a la aparición de la educación. Esta no se lleva a cabo solamente a través de la palabra también está presente en todos nuestros sentimientos, actitudes y acciones. Es el proceso de concentración y vinculación cultural, moral y conductual. Gracias a la educación las nuevas generaciones pueden asimilar y aprender todos los conocimientos necesarios, las normas de conducta, los modos de ser y las formas como se ve el mundo de las generaciones anteriores a ellos, creando además nuevas visiones.

La pedagogía deportiva se encarga de estudiar los procesos de instrucción y de formación integral de la personalidad del individuo, a través del desarrollo de las capacidades físicas e intelectuales, además de las habilidades motrices deportivas, influyendo igualmente de manera positiva en la conducta social de éste.

Como otras ciencias relacionadas a la instrucción y la educación, se encuentra construida socialmente, toda vez que las experiencias deportivas afectan a los atletas, inmediata y completamente, esta disciplina debidamente aplicada dota al deportista de una reflexión única sobre sí mismo y el mundo, el cual le brinda mayores fortalezas al momento de enfrentar una determinada competición deportiva.

Una pedagogía deportiva de calidad, brinda conocimientos y experiencias, las cuales desarrollan la reflexión crítica positiva, ampliando a su vez las actitudes y aptitudes que en su conjunto permiten la toma de decisiones de significado positivo que cambian la vida de los deportistas.

 

Papel del entrenador como pedagogo dentro del colectivo deportivo

El entrenador deportivo debe poseer la capacidad para satisfacer las necesidades de los deportistas como condición indispensable para tener una buena influencia sobre ellos. Si se habla de las necesidades en términos de resultados deportivos entonces la calificación elevada del entrenador ayuda a lograr este resultado. Si las necesidades del deportista no se relacionan con el deporte, entonces el sentimiento de simpatía y respeto hacia los deportistas es básico para el entrenador.

Al analizar las necesidades desde el punto de vista psicológico tenemos que las mismas crecen y cambian constantemente en respuesta a la condición física de un individuo, a su medio ambiente, a sus interacciones con otros y a sus experiencias. Algunas de las razones por las cuales la actividad humana impulsada por necesidades no cesa nunca incluyen lo siguiente: las necesidades existentes nunca son por completo satisfechas y por lo tanto requieren continuamente de una actividad diseñada para alcanzar o mantener la satisfacción; a medida que las necesidades son satisfechas, emergen nuevas necesidades de mayor orden, las cuales deben ser satisfechas y las personas que alcanzan sus metas establecen nuevas metas de mayor nivel para sí mismos.

El aspecto de las necesidades resulta aplicable al ámbito deportivo al igual que el del establecimiento de objetivos para el logro de una meta. Ambos constituyen, sin dudas, elementos que el entrenador como pedagogo y educador debe dominar casi a la perfección en el logro de su tarea. El entrenador que contribuye a satisfacer las necesidades en las esferas formales e informales de la actividad goza de una simpatía especial y de prestigio creciente entre sus practicantes.

El instructor deportivo debe enseñar bajo los conceptos de la ética pedagógica establecidos en el medio pedagógico y que guardan relación con el carácter, el conjunto de reglas, la conducta diaria y la comunicación que se establece entre los profesionales, los discípulos y otras personas que tienen relación directa con el proceso pedagógico. El conocimiento de los principios y las normas de la pedagogía deportiva, ofrecen un conocimiento adecuado al entrenador para llevar a cabo su labor dentro del colectivo deportivo, con un correcto comportamiento diario donde las mejores cualidades y valores morales sean los que prevalezcan en el cumplimiento teórico – práctico de su actividad, lo cual resulta alentador como modelo de conducta hacia los atletas.

El entrenador posee determinadas funciones según la edad y etapa de formación del deportista. En la etapa de iniciación deportiva que se encuentra entre los 7 – 10 años, funge como amigo, organizador, comunicador y motivador. En este momento del desarrollo el niño tiene como actividad generadora de motivos, o sea la actividad que mueve su comportamiento es el estudio.

La siguiente etapa es la de perfeccionamiento deportivo (11-16 años) y aquí el entrenador tiene como funciones primordiales la enseñanza de la técnica, la táctica y el desarrollo de las cualidades físicas y del talento deportivo. En este momento del desarrollo ocurren cambios antropométricos, fisiológicos, endocrinos y la maduración sexual. Por estas razones deberá estar preparado para afrontar las consecuencias que provocan en la subjetividad de los adolescentes los cambios biológicos mencionados con anterioridad, los mismos están vinculados con la esfera autovalorativa, incluida la imagen corporal y la valoración que recibe el sujeto en sus relaciones de comunicación con adultos y coetáneos.

A partir de los 18 años el entrenador es percibido como gestor, manager y estratega para la optimización del rendimiento deportivo. Esta etapa constituye un período clave para el desarrollo de la personalidad del atleta. La nueva posición objetiva y social que ocupa el joven condiciona la necesidad de determinar su futuro lugar en la sociedad. Aspecto que el entrenador debe tener presente en la manera de enfocar los entrenamientos y el modo de relacionarse con el atleta.

Aunque la opinión social del grupo continúa siendo un factor importante para su desarrollo y bienestar emocional, el joven es capaz de oponerse a los criterios de sus compañeros, si considera justas y fundamentadas sus opiniones. Se continúa evidenciando el elevado grado de preparación pedagógica y psicopedagógica del que debe estar apropiado el entrenador para manejar de la manera más adecuada y racional las situaciones que a partir de este momento se vuelven difíciles de controlar, debido a que el joven en su desarrollo ya se ha apropiado de una concepción del mundo, su vida va adquiriendo un sentido y se convierte en el propio centro de su ideal, el cuál actúa en calidad de motivo y patrón de valoración de su propia conducta y de la de otras personas.

Entre las principales características que debe poseer el entrenador se pueden destacar: formación específica en su deporte, una adecuada preparación y conocimiento del deporte, le permite y le brinda la posibilidad al entrenador de que los atletas que se encuentran bajo su dirección muestren mayor interés en el deporte y una creciente confianza en el entrenador, aspecto este que sin dudas constituye un paso firme en el camino para la consecución de los triunfos.

Otra característica imprescindible constituye el respeto por los valores éticos y profesionales, la formación de valores forma parte indisoluble del proceso enseñanza-aprendizaje. En este sentido el entrenador debe poseer como parte de sus competencias una elevada preparación relacionada a este tema, no es suficiente con que posea conocimientos y habilidades con respecto al deporte que enseña; es necesario que existan en él valores que guíen y regulen su comportamiento en las distintas esferas de la vida, en aras de que pueda transmitirlo e inculcarlo a sus discípulos atletas. Debe ser ejemplo de conducta ante la vida y mantener una actitud que se corresponda con los principios ideopolíticos de la sociedad en la que esté insertado para cumplir con la función que le ha sido encomendada socialmente.

Los rasgos de la personalidad tienen que estar relacionados con su preparación profesional encaminada a lograr las habilidades psico-pedagógicas y metodológicas que garanticen el orden lógico por donde deben discurrir el conocimiento de los atletas unido a una alta carga científica.

Esto implica un alto espíritu y constante dedicación hacia la superación. El reconocimiento de que la tarea fundamental radica en el desarrollo cultural que posee, en su mejor preparación y en el amplio dominio de los aspectos básicos del entrenamiento y de la enseñanza de los fundamentos del deporte. Todo lo anterior expresado en la solidez de sus conocimientos y en la unidad de entrenamiento.

En esencia, como pedagogo el entrenador tiene además la capacidad de enseñarles a sus atletas el modo correcto de expresarse, comportarse o vestirse de manera adecuada, tanto dentro como fuera del terreno deportivo, manteniendo a través de su actividad la disciplina que incluye una buena asistencia y puntualidad en el desarrollo de la labor educativa, mantener buena conducta, elevados principios y convicciones en el terreno deportivo y fuera de él, que lo hagan acreedor de una alta valoración social de sus atletas y del colectivo en general, materializándose su sentido de responsabilidad y el amor que profesa por ambos: el atleta y el deporte.

En aras de que el entrenador cumpla su rol de modo eficiente debe trazarse como meta la sistematicidad en su labor. En el momento de orientar una tarea debe ser capaz de comprobar el cumplimiento individual y colectivo de la misma, le corresponde evaluar los resultados en positivos o negativos así como compensar los mayores esfuerzos en el cumplimiento de la tarea y estimular a los demás para que sigan los mejores ejemplos.

A modo de conclusiones, el entrenador como pedagogo debe poseer una formación específica en su deporte, ostentar valores éticos y profesionales acorde a su formación, vocación para enseñar a niños, jóvenes y adultos y la capacidad de comunicación con ellos, debe poseer rasgos de la personalidad acorde a la actividad que desempeña. La sistematicidad en su labor y la comprobación del cumplimiento de las tareas orientadas es otra de sus funciones, que además incluye una asistencia y puntualidad obligatorias al entrenamiento, orientar y brindar confianza emocional al atleta cuando este lo requiera.

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