Durkheim: contribuciones desde la teoría social para la sexualidad humana

Emile Durkheim - Teoría social para la sexualidad humana

Social

La sexualidad es un aspecto fundamental de los seres humanos el cual forma parte de toda su historia y construcciones sociales. Esta se conforma como un elemento importante para el hombre y su importancia se evidencia en su presencia en el origen de la sociedad. Siendo así, la sociedad regula la sexualidad, desde normas, valores y reglas de moralidad que prescriben las maneras en que hombres y mujeres la vivencian. Por tanto, la sexualidad se convierte en un fenómeno social y como tal, su estudio debe también enfocarse desde las ciencias sociales, tales como la sociología.

En sus inicios, la sociología no desarrolló teorías específicas para el entendimiento de la sexualidad. Sin embargo no dejó de estar presente este fenómeno en el desarrollo de los supuestos sociológicos. Durante el siglo XIX la sexualidad fue reducida a su medicalización, al determinismo biológico de la misma. Algunas de sus teorías posteriores, defendían que las anomalías del comportamiento humano -incluido las formas no normadas de vivir la sexualidad- tenían su base biológica, se trasmitían hereditariamente y comienzan a verse como un problema del orden público. En la segunda mitad del siglo XIX los comportamientos sexuales diferentes eran considerados desde lo legal como “atentado a las costumbres” y ya a finales de ese siglo eran apreciados como enfermedades.

De esta manera se aprecia cómo, sin dedicar proposiciones exclusivas a su estudio, este tema se encuentra presente en las proposiciones sociológicas. Por esto el estudio de las teorías clásicas, nos permite el basamento para conocer los orígenes conceptuales de la sexualidad desde las ciencias sociales.

Entre los diferentes pensadores que han conformado los pilares de esta ciencia se encuentra Emile Durkheim. Más allá de sus aportaciones a la sociología, contribuyó a renovar las ciencias sociales. En este ensayo la propuesta es transitar a través de las teorías que han contribuido a modificar la visión que se tenía hasta entonces de la educación sexual y la sexualidad. Describir las aportaciones que, desde las teorías sociológicas, de Durkheim, sirven de base a la conformación de la educación sexual de la sociedad contemporánea,  resulta la tarea a cumplir en este artículo.

Las propuestas de Durkheim

“Para comprender la manera cómo la sociedad se representa a sí misma y al mundo que la rodea, es preciso considerar la naturaleza de esta sociedad, no la de los particulares”. (Durkheim, 1997)

Hasta donde conocemos Durkheim no planteó teorías sobre la sexualidad explícitamente, sin embargo, como fenómeno social la visión y concepciones de la sexualidad están implícitos en muchas de sus teorías. Por tanto, es un claro antecedente, cuando comenzamos a conformar el estado del arte de la sexualidad y su educación en la sociedad.

Desde sus conceptualizaciones de familia hasta el entendimiento de la mujer como un ser que no necesariamente es inferior al hombre. Sus perspectivas muestran un punto de avance mayor que el de sus contemporáneos. Sin embargo, su visión arraigada a su tiempo, con las limitaciones en las visiones de la sexualidad y el género existentes en la época, hacen que sus teorías futuristas y bien orientadas, no trasciendan las barreras que el sexismo imperante aplica a su tiempo y a su ciencia.

No obstante, se puede afirmar que sus concepciones son un punto de avance que marca el comienzo de nuevos ideales, como base para un nuevo entendimiento de la sexualidad como fenómeno social.

  1. La familia como principal educadora

Si vamos a hablar de educación, no podemos dejar de mencionar el papel que tiene la familia para la enseñanza y formación en la sociedad. Por tanto, cuando vamos a educar sobre cualquier tema y en específico sobre sexualidad debemos tener en cuenta los referentes, el sistema de creencias que ha aprendido el individuo en su medio de origen. Este elemento es bien conocido por las ciencias actuales, pero muchos teóricos han contribuido a este entendimiento.

Entre sus presupuestos Durkheim comienza a entender a la familia y sus transformaciones como elementos vinculados al sistema social imperante. Así la analiza como una institución social en sí misma. Plantea que la familia se compone de fuerzas sociales que se expresan en los rituales, las ceremonias y las creencias que se construyen en común en la sociedad. Por lo que, la familia es el resultado de la sociedad en la que se inserte. Estos presupuestos han servido de guía a las ciencias sociales para la comprensión de formaciones en el individuo que ocurren desde tempranas edades, como la sexualidad y en la que la familia y la sociedad tienen un papel relevante.

Sin embargo, Durkheim también considera que, producto de los diversos cambios sociales, la familia, como reflejo de la sociedad caótica, tiene menos habilidades para ocuparse de la educación y transmisión de valores morales a los hijos. Por lo cual, otras instituciones que representen a la sociedad, tales como las escuelas, deben hacerse cargo de este rol. En estos presupuestos deja ver sus concepciones predominantemente sociales, dando a entender que la familia no debe ser la única que eduque en temas sensibles a las nuevas generaciones. Si bien, en la actualidad esta teoría ha evolucionado, se sigue considerando que el estudio de la sexualidad y otras cuestiones deben competer no solo a la familia, sino también a las instituciones que representan a la sociedad para una mejor educación de los individuos que en ella se insertan.

  1. Durkheim y las representaciones sociales

“(…) las representaciones colectivas manifiestan cómo reflexiona el grupo en sus relaciones con los objetos que lo afectan” (Durkheim, 1997)

El concepto de representaciones sociales constituye una herramienta necesaria para el estudio de las significaciones, contribuyendo a conocer la influencia social de algunos fenómenos en la individualidad y permitiendo el reconocimiento de condicionantes sociales que contribuyen a la comprensión del objeto en cuestión.

Las representaciones sociales, si bien no son el centro de la formación de la sexualidad humana, son un aspecto importante en la conformación de cómo la vivimos y apreciamos. Durkheim, desde sus presupuestos, no conformó precisamente el concepto de representación social, pero contribuyó con su teorización de los “hechos sociales” a sentar las bases que dieran paso a este concepto en la actualidad tan utilizado.

De esta forma, para Durkheim, los hechos sociales se presentan al individuo como realidades objetivadas, modos de acción y pensamiento, legitimados socialmente que anteceden e incluso norman el comportamiento y la educación. Se consideran altamente generalizables dentro del grupo social, una característica invariable que se mantiene, a pesar de las diferenciaciones que pueden existir en las individualidades de los sujetos que componen el grupo.  Constituyendo modos de acción y representaciones extendidas dentro de la sociedad, compartidos por la mayoría de sus miembros.

Por otro lado, este autor nos introduce la noción de coerción caracterizando así los hechos sociales como modos impuestos de pensar y sentir. Señalando a la sociedad con un carácter obligatorio, no optativo, producto de la determinación, que condiciona y coacciona al individuo. Este condicionamiento no solo limita la acción del sujeto, sino que le constriñe a un modo de actuación, contribuyendo a modificar sus disposiciones iniciales, obligándolo a actuar dentro de las pautas marcadas.

Esta conceptualización nos aclara un fenómeno relevante y es la formación de representaciones sociales, creencias y estereotipos que forman parte relevante de la personalidad de los sujetos e influyen en la conformación de su sexualidad. Aunque en la actualidad se consideran interrelacionadas con el individuo y desde los enfoques humanistas de psicología, ha evolucionado la visión más subjetiva de este tema, las normas y estereotipos sociales siguen influyendo como predeterminados socialmente en las concepciones que de la sexualidad se tienen en la actualidad. Niños y jóvenes aprenden en el seno familiar, las escuelas y con los coetáneos, la mejor forma de comportarse con respecto a la sexualidad, sobre qué temas hablar y cuales están vetados, cuáles son las principales creencias y otros temas similares. La sociedad más allá de regular, se encarga de trasmitir, hacer llegar estas concepciones y las normas morales que la rigen.

  1. Durkheim y la educación para la sexualidad

La educación es un fenómeno predominantemente social, tanto en su conformación como en su praxis. Su principal objetivo es crear al “hombre nuevo”, conformado por lo mejor de la sociedad en la que se inserta, dando como resultados seres integrados socialmente.

Las principales teorías de la sociología que contribuyeron a la educación como ciencia fueron aportadas por tres grandes pensadores: Durkheim, Weber y Parson.  Estos, dentro de sus conceptualizaciones nos hablaron de categorías y referentes relevantes para la conformación de esta ciencia. Durkheim en específico, se destaca por teorías tales como: la educación moral, la cohesión social y la división social del trabajo. En ellas analiza la forma en que se orientan los objetivos que se deben perseguir en la educación. Para Durkheim la educación es el ejercicio que ejecutan las generaciones adultas sobre aquellas no maduras para la vida social. Esta acción permite desarrollar en las nuevas generaciones los estados físicos, intelectuales y morales, que exige la sociedad política en su conjunto. Así, la sociedad esboza al individuo ideal a través de la educación que se realiza a partir de la interrelación de los individuos.

Con su concepto de cohesión social, Durkheim nos explica la necesidad de que en la sociedad exista cierta homogeneidad para que se reproduzca el sistema en la sociedad, lo cual incluiría costumbres, valores, tradiciones y conductas. Dentro de estas costumbres entraría la sexualidad, la moral correspondiente al manejo de esta sexualidad predominante en esa sociedad y los comportamientos sexuales que son tradicionales, culturales y aprendidos. Así no se quebraría el equilibrio y la integración que para él son necesarias en la sociedad y por tanto en la educación del individuo como ser social.

Durkheim propone la educación sexual como una necesidad que todas las sociedades deben cubrir. Esta educación, aunque sea concebida de forma diferente en cada cultura, no debe limitarse al aspecto biológico, sino que debe contemplar fundamentos morales. Siendo así nos esboza:

“Creo que es inútil adelantar una discusión sobre el principio mismo de una educación sexual, pues nadie niega la necesidad de tal educación. De hecho no hay sociedad donde ella no exista; sólo que cada civilización la entiende a su manera. Igualmente, ninguna controversia puede adelantarse en lo relacionado con la higiene sexual y todas aquellas precauciones que conviene recomendar a los adultos y a los jóvenes (…)”

La moralidad en la sexualidad, según este autor, debe tener la influencia de la religión y siendo así sus presupuestos sobre estos temas son conservadores, interpretando sucesos de la cotidianidad como faltos de moral y de apego a las tradiciones religiosas a las que se adhería las sociedades anteriores.

“(…) Desde el punto de vista moral, el verdadero problema que surge es el de saber por qué la continencia es un deber y cómo se pueden explicar las razones de este deber a los jóvenes (…)”

“(…)Es evidente que dado que en la sociedad actual hay un matrimonio organizado, toda unión sexual fuera del matrimonio necesariamente engendra problemas sociales de diversa índole, y además puede poner en peligro la salud. Pero este no es el problema. Se trata de saber si, y cómo, podemos hacer comprender a los jóvenes que el estado del matrimonio se justifica, y que el comercio sexual fuera de él es inmoral (…)”

(…) en cada época, la manera de considerar el acto sexual parece solidario de todo un conjunto de creencias confesionales y, por ejemplo, de dogmas cristianos. Por consiguiente, el abandono de estas creencias, de estos dogmas, parece entrañar necesariamente el abandono de la concepción en apariencia mística del acto sexual. Pero cuando un sentimiento colectivo se ha afirmado con persistencia a lo largo de toda la historia, podemos estar seguros de que está fundado en los hechos (…)”

Así, en sus propias palabras podemos entender cómo la educación sexual, para este autor debía estar mediada por las normas sociales preexistentes y estas debían ser inamovibles. Las normas religiosas, las creencias y concepciones heredadas de las sociedades anteriores debían aún regir el proceso educativo en estas cuestiones.

Por supuesto, muchos investigadores contemporáneos pueden no compartir este punto de vista, aunque es importante entender más allá de las propias creencias, el rol fundamental que juega la sociedad y sus principales instituciones (entre ellas la familia, la religión) en la educación de la sexualidad.

Leyendo entre líneas, podemos percibir como Durkheim defiende la importancia de trasmitir los valores sociales en el proceso educativo referente a la sociedad. Eso es algo que aún hoy cobra vigencia, aunque se le dé más espacio al entendimiento de las particularidades y subjetividad del individuo.

Estas cuestiones si bien, no son concebidas tal cual, en la actualidad, perduran en la manera en que socialmente percibimos y vivimos la sexualidad. Para aquellas personas que profesan una religión, todas sus conductas son regidas por estos preceptos religiosos, incluidos los comportamientos sexuales. En las sociedades actuales, sin embargo, las diversas sexualidades que se muestran y las que se educan no parten necesariamente de leyes morales pactadas por las religiones. Sin embargo, la veracidad del planteamiento de Durkheim se evidencia en sociedades eminentemente religiosas.

Durkheim también considera que el proceso formativo para la sexualidad debe ser directo, respetuoso, sensible, claro y adecuado a la edad y características personológicas del estudiante. Este es un precepto que en la actualidad se tiene en cuenta en los espacios donde se promueve y educa la sexualidad.

Estos antecedentes teóricos en Durkheim sientan las bases para las teorías de la educación social y de la sexualidad específicamente, manteniéndose vigentes en la actualidad. Pues, analizando críticamente nuestro accionar diario, podemos evidenciar como la educación que ofrecemos lleva implícita las concepciones de la sociedad en la que vivimos, así como las tradiciones, creencias, y cuestionamientos morales que conforman nuestro entorno y que se reflejan en la expresión de la sexualidad que tienen los individuos. Muchos ejemplos pudieran ilustrar esta teoría, uno de ellos ha sido el fenómeno de la homosexualidad, que, si bien ha estado presente en nuestra sociedad, como en todas, históricamente, ha tenido un análisis diferente, en función del pensamiento social, las tradiciones y lo aceptado como “moralmente correcto”. Esta visión, por supuesto ha evolucionado hasta la integración del individuo en la sociedad actual. Sin embargo, la aceptación se ha logrado parcialmente, no completamente. Debido al cambio de pensamiento, de concepciones y creencias que se realiza a nivel social. Así, defendiendo esta teoría de Durkheim, comienza en nuestra cultura a concebirse diferente en alguna medida el ser homosexual. Se comienza a introducir en la educación, como reflejo de la sociedad, el entendimiento desde la sexualidad de estos fenómenos, la aceptación el cambio de visión que llega incluso a modificar concepciones que se trasmitían en la enseñanza de los profesionales, tales como la concepción de la homosexualidad como una enfermedad.

A modo de conclusiones:

  • El conocimiento y rescate de pensadores clásicos como Durkheim puede ayudarnos a comprender mejor la conceptualización y el estudio de fenómenos actuales, pero con una vasta historia. Nos puede valer para entender los cambios bruscos y diversos que existen en los fenómenos sociales tal como lo es la sexualidad. Incluso, nos facilita la visión crítica y el retomar debates pendientes sobre temas polémicos.
  • Los antecedentes que sienta para el estudio de los fenómenos sociales, pensadores como Durkheim son la base del estudio más profundo de estos temas. Permitiéndonos conocer su historia, sus orígenes y los cambios sociales que los condicionaron. Además, dándonos una visión más completa de este proceso, haciéndonos tener en cuenta el elemento social.
  • En sus ideas, Durkheim congrega un cúmulo de teorías que han dado paso a la formación de la Sociología, como lo que es hoy. Dándole importancia mayor a los fenómenos sociales, defendiendo la necesidad de estudiar los procesos que son inherentes al ser humano, no solo desde el enfoque psicológico, subjetivo e individual, sino desde el sustrato social. Entendiendo así que, para la comprensión óptima de las situaciones que conciernen al ser humano, deben estudiarse como fenómenos sociales.
  • Por tanto, las teorías de Durkheim y su posicionamiento sociológico contribuyen al estudio de procesos como la sexualidad en los individuos, pues permite una perspectiva diferente a su acercamiento, volviendo la mirada a la sexualidad, más allá de la individualidad, como un elemento que se vive y se conforma desde la sociedad.

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