5 aspectos sobre el Síndrome del emperador o niños tiranos que los padres deben saber

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Psicología

¿Qué es el  Síndrome del emperador?

Seguramente alguna vez has presenciado el escándalo que le arma un niño a su madre, o incluso a ti te ha ocurrido. Situaciones que lejos de resultar incómodas pudieran representar un problema más serio. Lo ideal sería que conforme avancen los años esto sea menos frecuente e incluso ya no se presenten este tipo de escenas.

Hablamos de niños que deciden que ven, que hacer, que comer, que ponerse, a donde ir y en algunos casos deciden las actividades de la familia. Uno pudiera creer que esto es completamente “normal” pero, ¿qué hacer cuando estos estos berrinches son frecuentes, cuando el pequeño ya no es tan pequeño, cuando las rabietas ya nos son tan inofensivas?

Con un mundo donde todos los días se generan cambios, tanto a nivel científico y tecnológico como a nivel social, este fenómeno es cada vez más común. Hijos desobedientes, egocéntricos, faltos de empatía, autoritarios y de valores morales escasos, son algunas de las características que encierra el síndrome del emperador.

Este concepto se define por los hijos, en su mayoría adolescentes de entre 11 y 17 años, que no son delincuentes comunes pero pegan, amenazan, y agreden a los padres, son quienes toman las decisiones en casa, se convierten en los jefes de familia.

Si bien, las estructuras jerárquicas dentro de una familia se establecen en orden descendente, lo esperado es que sea a partir de las figuras de mayor autoridad y poder, lo más sano, es de los padres o tutores hacia los hijos. Este síndrome del emperador o del hijo tirano, referencía el vínculo entre el niño y los tutores, quienes hacen de sus caprichos leyes que deberán cumplirse y  en caso contrario pagar las consecuencias con agresiones y berrinches. Indica una pauta de relación donde los niños aprenden a controlar a los adultos para que a través de la manipulación obedezcan y cumplan sus exigencias.

¿Qué características presentan los niños con este síndrome?

  • Exigen demasiado de los demás.
  • Egocentrismo: tienden a creer que todo gira en torno a ellos y a sus necesidades.
  • Poca tolerancia a la frustración: desencadenada principalmente por no obtener lo que desean de forma inmediata, expresándose a través de ataques de ira, rabieta, insulto y/o violencia.
  • Escasos recursos para la resolución de conflictos o afrontar experiencias negativas.
  • Tienden a justificar sus conductas, culpan a los demás y esperan que otros resuelvan sus problemas.
  • Carecen de empatía, no logran ver cómo sus acciones afectan a otros, además de que les cuesta trabajo sentir culpa o remordimiento.
  • Discuten las normas y/o castigos con sus padres, luego usan el sentimiento de culpa infringido para obtener ventajas.
  • Suelen utilizar la manipulación para obtener lo que desean.
  • Les cuesta trabajo adaptarse a las situaciones fuera del contexto familiar, principalmente por la dificultad que tienen en cuanto al sometimiento a las figuras de autoridad.
  • Regularmente se encuentran enojados, tristes o ansiosos, tienden a tener baja autoestima.
  • Incapacidad para aprender de errores pasados y de los castigos por sus conductas, repitiendo éstas una y otra vez.

¿Qué factores influyen en éste comportamiento?

Usualmente se tiende a culpabilizar a los padres, se les responsabiliza de ser demasiado permisivos y protectores, sin embargo existen otros factores atribuidos a la genética y a la sociedad que influyen en este comportamiento.

Respecto del ambiente familiar, podemos decir que las causas se encuentran vinculadas a la sobreprotección, como una alternativa a la falta de elementos afectivos y escasez de tiempo hacia los hijos, así como la ausencia de autoridad y exceso de permisividad. La culpabilidad y la creencia de ser “malos padres” por establecer reglas y no ser permisivos, genera en los progenitores la tendencia a ceder y a sobreproteger a los hijos, se les enseña a negociar los límites mediante berrinches y/o actos violentos.

Los factores biológicos que se encuentran en estos niños tienen que ver con que no logran autorregular sus emociones, además de la incapacidad para desarrollar emociones morales como la empatía, el amor y la compasión.

Dentro de los factores sociales observamos que algunos medios como la televisión y redes sociales, han institucionalizado una sociedad de consumo que legitima valores hedonistas y exigencias de pasarla bien, obtener gratificación inmediata, metas a corto plazo, donde se enseña que son merecedores de lo que deseen sin tener que esforzarse o pagar un precio.

¿Cómo reconocer a un posible tirano o niño emperador?

Durante el primer año de vida se considera habitual que el menor pida ser complacido, y que todos alrededor cumplan esa exigencia, pero a partir de esta etapa los progenitores deberán ir estableciendo reglas y límites, así como mostrar control y autoridad ante dichas exigencias.

Los rasgos que se presentan pueden variar de un niño a otro, fundamentalmente se dan entre los 4 y 6 años.

  • Ansiedad, frustración y rabietas, no importando el lugar ni el motivo.
  • Autoritarismo, imponen su voluntad y sus deseos, de no ser atendido cuando lo requieren hacen berrinches.
  • Egoísmo, no comparten sus cosas, y si alguien las toma pueden reaccionar violentamente.
  • Sentido de pertenencia exagerado, creen merecerlo todo.
  • Demanda de atención, no solo de los progenitores, sino de quienes los rodean.
  • Problemas para relacionarse con otros niños.
  • Conductas habituales de desafío y mentiras.
  • No se apegan a las normas, las discuten y rompen frecuentemente.
  • No muestran sentimientos de culpa cuando son castigados, ni arrepentimiento por sus actos.
  • Culpan a otros de sus acciones, principalmente suelen usar la culpa como manipulación a los progenitores y así no ser castigados.

¿Qué consideraciones se deben tener en cuenta para educar a un posible niño emperador?

  • Establecer reglas y normas claras dentro de la estructura familiar.
  • Ser coherentes, que ambos padres estén de acuerdo en los arreglos que se toman.
  • Involucrar al niño en algunas actividades propias de su edad, que pueda ir teniendo algunas responsabilidades dentro del hogar.
  • No ceder ante los berrinches, no posicionarse al mismo nivel del niño. Demostrar autocontrol y autoridad.
  • Recompensar aquellas conductas que han sido correctas.
  • Buscar mayor cercanía y forjar una mejor relación con los hijos.

Educar no es tarea fácil, implica el equilibrio del amor y la disciplina. La violencia filio-parental es un fenómeno cada vez más común, cuyas víctimas, principalmente son la madre, quienes en su mayoría, se dedican al cuidado de sus hijos.

Reconocer los síntomas, en lugar de excusar las conductas desafiantes de los hijos permitirá actuar de una mejor manera.

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SicologiaSinP.com - Deisy M. Pérez

Licenciada en Psicología. Orientada al trabajo con jóvenes y adolescentes. Apoyo al área de Recursos Humanos y Calidad de Vida dentro de las Organizaciones. Voluntaria en programas sociales. [...]

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3 comentariosComenta ahora

  • Jacqueline Lagos López dice:

    Ha sido muy importante para mi leer acerca del maltrato de los hijos hacia los padres, he sido víctima por cuarta vez de la agresividad de mi hijo, la última agresión física, la sufrí el sábado 09 de Septiembre del pte. año. Tengo 55 años, soy anulada del padre de mi hijo, también sufrí maltratos de su parte, y me separé legalmente de él, tuvimos un solo hijo, que en la actualidad tiene 27 años, pertenece a la Fach, y, está además en la Universidad, esto en Santiago. La primera vez que me golpeó, tenía 17 años y meses, sentí morir, y me fui de la quinta región por la pena y dolor que no soportaba mi corazón, mi hijo jamás me buscó ni pidió siquiera disculpas, después de más de un año, lo vi nuevamente, y, todo normal. En la víspera de navidad del año 2009, me encontraba en Los Angeles, sur de Chile, y me va a visitar, y, vuelve a agredirme, me fui por casi un mes al hogar de Cristo, regresé a Viña del mar, me establezco con mi pareja el año 2012, y mi hijo nos va a visitar, y por tercera vez me vuelve a agredir. Y, ahora después de 5 años otra vez lo hace, dejándome con hematomas y dos dedos de mi mano derecha con esguince. No tengo el valor de denunciarlo a la Fach, me siento entre la espada y la pared, quisiera no seguir viviendo, en definitiva no se que hacer. Mi dolor me está ahogando, veo a cada instante sus ojos llenos de odio hacia mi, me dijo con sus propias palabras q no me quiere, y, que no desea verme nunca más.
    Espero de corazón, que algún especialista me ayude por favor.
    Gracias, arte. Jacqueline Lagos L.

    • Deisy dice:

      Hola Jacqueline, gracias por compartir tu experiencia.
      Has sido muy valiente al reconocer la situación que vives con tu hijo, es lamentable que esto suceda.
      Dónde vives puedes buscar asesoria psicológica y llevar en persona un tratamiento de acuerdo a tus necesidades, estoy segura que podrás salir adelante.

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