Ser counselor en primera persona

Counselling

Social

Cuando veo en las películas que al counselor se lo traduce como “consejero” se me llena el corazón de inquietudes. Pienso qué sentirás, qué te despierta esa palabra, qué concepto tienes de una persona que se supone estudió para dar “consejos”. Cómo una profesión tan sentida desde el alma, tan profunda, tan difícil de atravesar se la reduce a un simple “consejero”.

Te quiero contar bien a que nos dedicamos pues hacemos muchísimo más que eso. Nuestra función no es dar consejos, muy por lo contrario, nuestra premisa es tener sumo cuidado y delicadeza a la hora de hacer alguna intervención verbal. Si supieras que para formarnos como counselor tenemos que hacer un viaje interno de esos que te golpean y sacuden sin escalas el alma, la mente y el cuerpo. Si supieras que mientras aprendemos a transitar este camino nos desgarramos, dejamos en el piso nuestra vieja piel… Y uffff si que duele. Pero permanecemos… Y sabes por qué, porque comprendimos que la mejor manera de ayudar al otro es empezando por casa. Nuestro jardín interno. En ese jardín hay de todo y más como en el tuyo. No creas que somos superiores ni diferentes a vos. Somos iguales. Por esto es que entendemos desde lo más profundo de nuestro ser cuando lloras, cuando te angustias, cuando te enojas, cuando sufres y cuando te alegras o animas.

Nosotros estuvimos ahí. Sabemos lo que es, y no creas que fue solo por leer muchos libros y tener un título colgado en el consultorio. Estuvimos y estamos en tu lugar. Entonces primero para poder ayudarte nos ayudamos a nosotros mismos. Tenemos una ardua tarea por delante, y nos cuesta y duele igual que a vos. Limpiamos ese jardín con mucho amor, coraje y dedicación y lo seguimos haciendo todos los días. Así que imagínate que no estoy para darte consejos… Estoy para acompañarte y sostenerte si la tormenta se pone brava y agitada. Ahí estaremos los dos abajo de la tormenta, mirándonos, sintiéndonos… permaneciendo. Yo estuve ahí y sé lo que es, también tuve mis propias tormentas. Así que no temas de ser vos el que tomé el timón de tu propia alma y que nos lleve donde realmente tenga que ir. Yo sólo te acompaño. No te guío ni te direcciono. Estoy en presencia con todo lo que soy y lo que fui. Yo confío en vos como alguna vez confiaron en mí. Y no hay mejor llave maestra que la de tu propio corazón. Te acompaño a encontrarla y si lo necesitas te acompaño también a la puerta para que la abramos juntos. Eso hacemos, ni más ni menos. Escuchar, permanecer, avanzar, retroceder y volver a avanzar. Que maravillosa profesión que elegí. Que largo camino por recorrer tengo. Y que orgullosa estoy de ser una de las muchas y muchos counselor que no da ni dará consejos.

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