La propuesta de Guilles Deleuze a través de su teoría de las Sociedades de Control

Gilles Deleuze

Social

Gilles Deleuze es una de esas figuras dentro de la contemporaneidad, capaz de proponer de manera simbiótica: un nuevo estilo de vida. Su filosofía juega con una suerte de desenmascaramiento prestada a retomar esa imagen nietzscheana; conducida a criticar toda institución, sistematización o elementos detentores del poder. Incluso, parte de su obra está escrita a modo del eterno retorno nietzscheano. La influencia alemana contrasta con su insistencia por la inmanencia. No es casual, cuando parte de autores que por excelencia; tratan negativamente cualquier relación de transcendencia, al menos en el ámbito social. Ello es muestra, de lo tan influenciado que se encuentra  el pensamiento de un siglo XX en Francia por el alemán. Deleuze, no escapa a esto. Tanto, que puede decirse que la primera parte de su obra está dedicada a elaborar una historia de la filosofía; que toma como patrones de análisis a Nietzsche, Leibniz y Kant, entre otros. De la revisión y el estudio de las obras de estos “incomprendidos de la filosofía, se debe el arsenal de nuevos conceptos que constituirían la propia obra de Deleuze.

Hay una etapa en su pensamiento, que resulta ser la última, dedicada a poner sobre la mesa nuevas problemáticas que giran en torno al orden social. Expuestas a explicar: ¿Cuáles son los mecanismos que manipulan directamente el funcionamiento de una sociedad del siglo XX?

Foucault, otra de las iluminadas mentes francesas, habíase encargado de describir aquello que él mismo denominó como: sociedades disciplinarias. Estas no eran otras, que la clásica sociedad dirigida desde los lugares de “encierro”. O sea: las cárceles, hospitales, escuelas, el hogar o la familia. Lugares o “no lugares”, desde los cuales se forma la subjetividad de las personas; se dictamina qué está bien o mal o sencillamente lo mejor o peor para cada uno de nosotros. El propio Foucault tuvo que terminar por reconocer que la vigilancia, al traste de un 1970, se encontraba en crisis;  aún cuando esta, suponía ser el método en la eficacia de este tipo de orden social. Al decir que la disciplina perdía vigencia, no se refería a la disciplina en sí misma; sino a aquel tipo de sociedad que se encargaba de legitimar su poder, a través de métodos disciplinarios o de castigo.

Deleuze se monta sobre la base de esta lógica para demostrar que el problema, simplemente, se ha complejizado. Que no es ya el poder que emana de las instituciones o el propio seno familiar, quien reproduce los códigos sociales o de conducta. Existen ahora, otros medios; desde los cuales se asume y aplica el poder, sin la necesidad de un método disciplinario o aparentemente violento. Es por ello que prefiere sustituir el término de “poder” por el de “control”; y decir que es este último, quien caracteriza la sociedad que hoy vivimos. Se ha dicho que la figura que construye Deleuze, está inspirada en El almuerzo desnudo de William Burroughs. Aquí se reafirma el elemento de modernización muy de acorde con el vínculo literario, que de manera general establecen los pensadores contemporáneos en Francia. Dicho elemento modernizatorio persigue el propósito de deconstruir la separación entre Filosofía– Literatura.

Ahora bien, son las sociedades de control quienes nos forman y legitiman entonces: como sujetos de una sociedad actual. Mientras, que para el análisis de estos nuevos índices de sociabilidad, sea imprescindible transitar por otros vínculos que posee la filosofía de Deleuze con temáticas que no son precisamente esta, pero que a su vez nos hacen entenderla en su generalidad. Ellas son: la Política, la Ciencia, la Modernidad o lo que es lo mismo en este caso: el elemento de modernización y la Filosofía Alemana. Obviamente se hace coherente el paso por estas relaciones, pues son ellas quienes colocan su pensar como parte de un gran conglomerado como el que ha venido a ser: la filosofía francesa del siglo XX.

¿Qué hace distintiva a una sociedad de control? Se ha dicho que el tema de la vigilancia es primordial. Pues ella no abandona, en lo absoluto, este elemento. Lo novedoso radica, en la manera en que se aplica y los medios para su uso. Mientras en la sociedad de la disciplina se necesita del encierro, en la del control solo bastan los avances tecnológicos. Esta vez la tecnología hace uso de ella misma para controlar, sin la presencia de institución alguna que ampare dicho sistema de vigilancia o control.

Desde esta perspectiva; la estadística, por ejemplo, sería la expresión de la propia vigilancia a través de datos numéricos. Por tanto, dichos mecanismos ya no requieren siquiera del elemento visual u óptico, sino del informativo. Es una vigilancia que no ocupa espacio en la mente de las personas, sino que está ahí, manifestada simplemente en: “datos”; fruto a su vez  de los grandes avances de la informatización. Muy conveniente para el sector biopolítico. Ahora se controla a partir de comportamientos esperados, dictados a través de tales estadísticas. Es más terrible aún, cuando estos datos no están fichados en ningún lugar físico. Obviamente no se refieren a la vieja estadística que se aglomera en archivos enormes; sino a aquella que existe a través de espacios virtuales, desde donde se expresan disímiles actitudes. El propio sujeto porta consigo dicha estadística; en relación al uso que este hace desde el Internet, hasta de su propio celular. El hecho de ser activos en una red social cualquiera, el de mandar un email; no hace más que ofrecer índices conductuales y de preferencias. Vamos diciendo qué consumimos, con qué nos entretenemos, qué opinión política cultivamos.

Están creadas las condiciones para que todo el tiempo, de manera voluntaria, ofrezcamos datos no solo personales sino al respecto de nuestras acciones. Decimos lo que hacemos, desde lo que propiamente: hacemos. Es aquí donde Deleuze pone a la Ciencia o a su desarrollo, como responsable de las especificidades con que cuenta: el rediseñado tipo de sociedad que actualmente se asume. Por lo que es visible, cómo su filosofía tiene que ir al vínculo con la ciencia o al desarrollo científico y tecnológico; para poder cobrar sentido en su carácter de teoría, propiamente científica, si así se quiere.

Es precisamente una sociedad de control, porque es eso lo que hace: controla. Lo curioso es que es un control que parte de nosotros mismos. Es el propio sujeto el portador de los mecanismos, a través de los cuales se le vigila, prácticamente con  su consentimiento. No hay ya una institución que reglamente cual debe ser la actitud ante algo, sino que ha emergido una sociedad capaz de dirigir desde los propios elementos que se usan como parte de la vida cotidiana. Aún, cuando no deje de ser cierto que estos elementos están conformados sobre la base de lo que, en sentido general, la sociedad quiere que seas.

Por otro lado: una sociedad creadora de miedos. Un miedo, que va más allá, de la violencia física: el narcotráfico, el terrorismo, la inseguridad en las calles. Tal pareciera que el castigo se expresa como representatividades de actitudes sociales emergentes, que armonizan estados de inseguridades para muchos. No existe un lugar  específico para castigar, sino que deja verse en todas partes como síntoma de apaciguamiento. La diferencia está, en que no se hace uso de un mecanismo tangible de tortura para infundir el terror; sino que son los propios medios comunicacionales quienes a diario presentan estas manifestaciones del miedo como parte de nuestras vidas.

Las cárceles, no tienen ya la función de rehabilitar, de incorporar a largo plazo;  sino de custodiar y reprimir las actitudes de aquellos que no encajan en el modelo social. La cárcel no juega entonces el papel que debiese en una sociedad de control. Puesto que contradice la idea, del no encierro, para la puesta en práctica de la vigilancia. Lo que demuestra; que los llamados lugares de encierro, pierden cada vez en mayor medida, la posibilidad de brindar el modelo que todo indica\exige, una sociedad de control. La crisis de estos lugares de encierro, o más bien la de su funcionalidad; está dada por su incompetencia en la creación de subjetividades o identidades fijas. Es que es el propio resquebrajamiento al interior de estas instituciones, lo que hoy explica su ineptitud en relación a lo que debiesen signar.

A partir de los principios internos de cada institución; se pretendía formar una subjetividad que no hacía otra cosa que manifestar el paso por cada una de estas instituciones, a través de los distintos modelos que pretendía suplantar cada una de ellas, en la conciencia de los seres humanos. Esto perseguía el objetivo de crear sujetos modulables, en correspondencia a las necesidades sociales. Más aún, a las del trabajo. El propósito era que cada cual desde su preparación personal, pudiese ejercer un lugar y no otro dentro del sistema productivo. Pero para las condiciones de una sociedad de control, ese sujeto se ha desvanecido. Ahora quien mueve el desarrollo, no es al  parecer la especialización, sino la capacidad de dinamismo entre diferentes actitudes y alternativas para producir. La creatividad es un imperativo, en donde el marketing y la publicidad pasan a ser los patrones de normalización. Por lo mismo es que puede afirmarse, que aunque desde el siglo XIX, se diera la presencia de un público seguidor de signos a distancia, irreverente a la disciplina de la que hablaba Foucault; son los medios masivos de comunicación del siglo XX los que acentuarían este marcador.

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