La mentira de la “Cultura del Trabajo” (I)

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Social

En los países de América latina, gobernaron hasta hace unos pocos años los partidos populistas.  Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Lula Da Silva y Dima Rouseff en Brasil, Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia. Estos partidos se caracterizaron por intentar reflotar un estado benefactor, que ayudara a través de subsidios y planes sociales a quienes menos tenían. La idea desde la economía, fue tomada de Keynes, un economista  muy renombrado. La teoría keynesiana apuntaba a un mejoramiento de la economía aumentando la circulación de dinero, y de alguna manera –supone la teoría-  aportando a la calidad de vida de todos.

Este mejoramiento del que se hablaba desde estos gobiernos, en un punto era cierto. No sólo hubo gente que pudo empezar a vivir de manera más digna, sino que afloraron subsidios a deportistas, proyectos científicos, y hubo una recuperación económica notable, en relación a la neoliberal década de los 90.

Sin embargo, este sistema también se prestó para subsidiar un pequeño porcentaje de quienes recibían estos planes, en condiciones de irregularidad y sin que les fuese necesario realmente. Este porcentaje de personas que cobraban subsidios innecesarios, era poco comparado con el aparato de corrupción estructural que atraviesan nuestros países en América Latina y gran parte -de los recursos del país – en estos estados que intentaban una economía keynesiana- fueron a parar a bolsillos de funcionarios, políticos y empresarios en asociaciones ilícitas o con proyectos fantasmas que nunca se realizaban. De esta manera la incipiente recuperación económica fue hundiéndose tras la corrupción.

Sin embargo, la derecha neoliberal empresaria, aprovechó estas fallas para acusar de la caída de la economía  a los pobres. Siempre las clases acomodadas necesitan chivos expiatorios cuando pierden algún privilegio o cuando la economía anda mal. De esta manera surgió el mote de “planeros”, “vagos”,  y otros adjetivos peyorativos hacia los pobres.

Ahora bien, este discurso que acusa al pobre de vago, no es nuevo. Por ello me parece interesante explorar los orígenes de este mandato moral sobre el trabajo. ¿De dónde nos viene el trabajo como algo con un valor intrínseco? ¿Nos hace bien como sociedad un discurso así?

El presidente argentino Mauricio Macri, dijo a principios de este año: “No debiéramos trabajar solamente los feriados, sino los sábados y domingos también”, ante las quejas por la remoción de los feriados “puente”. ¿Sería esto lo mejor para nuestra salud física y mental? Pero lo más importante ¿qué dice de nosotros como sociedad tener un presidente que dice estas cosas?

Comencemos con un poco de historia acerca de esta moral del trabajo, como lo llamaremos en adelante. La moral del trabajo es parte de los valores liberales gestados en la modernidad ¿qué quiere decir esto? Les pido que tengan algo de paciencia, vamos a irnos un poco más atrás, a la revolución francesa.

La época de la revolución francesa se caracterizó por ser una época de desmanes morales por la caída de la religión como poder y el surgimiento de la razón como rectora de las conciencias. Esto venía ya de todo un proceso anterior en el que el Estado Monárquico y la iglesia habían ido perdiendo poder de manera paulatina. El estado real, la iglesia católica y todo lo que había dado marco a la moral europea hasta entonces caía en medio de una época de rebelión y excesos (esto es en Europa). En medio de este desastre, en un intento de poner orden, es que se afianzan estos valores que tendían al orden, la razón, el dominio de los instintos, etcétera. Es allí donde se redactan los “Derechos del hombre y el ciudadano” y surge el lema “libertad, fraternidad,….”.

Empieza entonces, todo un discurso en torno a la libertad: la libertad de conciencia, la libertad de comercio, la libertad de tránsito, es allí también donde se empieza a hablar de la libertad de elegir la profesión que uno quisiera (vocación). Ahora bien, esto sucede a finales del siglo XVIII (1789 es la fecha de la revolución francesa). A medida que transcurre el siglo XIX, se va afianzando cada vez más esta moral restrictiva, represiva, lúgubre, que tendrá uno de sus momentos cumbres durante el reinado de Victoria de Inglaterra. La moral victoriana estipulaba cosas del orden de atar a los niños a la cama para que no se auto-exploren, que las damas debían vestir de manera sobria y lo más tapadas posibles, etcétera.

Por eso es que el discurso de Freud, que comienza a finales del siglo XIX, fue tan revolucionario para estos momentos. Decir que éramos seres de pulsiones salvajes y muchas veces incontrolables en una época en la que existían estos ideales de personas racionales, ordenadas, civilizadas, era ampliamente revolucionario.

La moral del trabajo, es parte del discurso de esta época. Ahora, si me permiten algo más de vuestra paciencia ¿por qué tuvo tanto poder esta doctrina de la moral y la moral del trabajo? Porque quienes estaban en el poder: las grandes burguesías bancarias, necesitaban justificar su acumulación grosera de capital. Es decir: si yo tengo mucho más que tú y puedo darme lujos que tu no, es porque me lo merezco. Porque trabajé por ello. Algo que hoy se conoce como “Meritocracia”.

Ahora bien, siendo la represión, el dominio puramente racional sin emoción, la burocracia y todo este ambiente opresivo del siglo XIX quien gestó la cultura del trabajo… ¿será parte de lo que queremos para nuestras vidas?

Los espero en la segunda parte…

 

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SicologiaSinP.com - Silvia Golubizky

Lic. en Psicóloga. Especializada en Género y Desarrollo

Columnista de paramujeres.com.ar, ejerce como Psicóloga Clínica de niños, adolescentes y adultos. Su área de trabajo es la clínica psicoanalítica. Recientemente obtuvo un diplomado en Género y Desarrollo. Ha dictado talleres, seminarios y conferencias en Tucumán, Buenos Aires y Santa Cruz, en Argentina. En el exterior Santiago de Chile, Washington y Miami. Desde su web difunde trabajos de psicoanálisis y comparte información sobre la violencia de género y la salud mental. [...]

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2 comentariosComenta ahora

  • Cesar dice:

    Muy interesante, histórico, de hecho las construcciones ideológicas justifican la dominación de clase, y esta es una de ellas. En cuanto a la Argentina, presidentes como el actual son sobre todo consecuencia de la desclasada clase media, que cree ser parte del grupo de los ricos cuando es parte de los trabajadores. Asi votan. Recordar que el voto es una construcción ideologica similar, una especie de libertad que tenemos para que otros decidan por nosotros con nuestra venía pero sin mandato.

  • Gracias por tus devoluciones, César. Realmente creo que todos somos responsables de la construcción ideológica que hacemos de la realidad. Pero a veces la historia puede ayudarnos a apropiárnosla de manera más sincera. Te espero en la segunda parte.

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