¿Está el hombre encerrado? Más reflexiones sobre las sociedades de control

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Social

Si las disciplinas moldeaban los cuerpos 

constituyendo hábitos principalmente en la memoria corporal, 

las sociedades de control modulan los cerebros 

y constituyen hábitos principalmente en la memoria espiritual. 

Mauricio Lazzarato

Por tanto, una sociedad de control no está ya tan interesada en conformar identidades fijas como parte de pensamientos cerrados; sino de aglomerar la subjetividad de nuevos conocimientos, que el mercado tecnológico impone. Es aquí donde se dicen presentes los avances informacionales y con ello el de los disímiles medios, que no hacen más que casi atolondrarnos de tanta información urgente y a la vez necesaria para quien desee ser parte lógica del sistema que vive. Podría cuestionarse incluso, si el control o la vigilancia institucional, realmente desaparece, al menos cuando nos referimos al auge comunicacional. ¿Quién se encuentra finalmente detrás de cada uno de los medios? Si se analiza desde esta perspectiva, se tiene que estar de acuerdo con la idea; de que en última instancia, es la Política Institucional: quien sigue marcando el ritmo de cualquier tipo de sociedad. Sería la manera en que lo hace, los métodos utilizados; quienes redefinen el tipo de relación que se establece entre una política cualquiera o el Estado en general y la sociedad que se pretende, y se pretenderá siempre: controlar.

Volviendo sobre el análisis de la informatización, en su punto inicial, no puede más que decirse, que constituye el centro de lo que Mauricio Lazzarato ha entendido como noopolítica. Ella representa la unión de los diversos mecanismos de control. Está encaminada a situar, en el lugar que hoy merecen, las tecnologías digitales pero también el concepto de información desde que lo que realmente indica que es: dar forma, a la dinámica social humana en su continuo acontecer. Dígase, además, la información en su carácter de noticia. Ahora bien, si la información cumple tal centralidad, entonces debe tenerse en cuenta varios aspectos de los cuales este también habla.

En primer lugar: la razón no estaría al margen de la clásica cadena: ciencia (cibernética) – tecnología (sistemas digitales) – sociedad (sociedad de la información). 

Segundo: ahora se produce de manera más abierta, en donde la información es portadora de la creación de productos especiales: los servicios, los cuales poseen un sistema de circulación y consumo totalmente diferente al de los productos materiales.

Esto indica que la necesidad era meramente productiva, ahora resulta en la manera en la que se decodifican signos y símbolos. En la sociedad disciplinaria regían los brazos; en esta lo hace la mente. Por vez primera es la inteligencia humana, quien pareciera explicar una sociedad de este tipo y no precisamente la capacidad de producirla materialmente. Finalmente la acumulación de tanta información, no podrá terminar por traducirse en otra cosa; que en la formulación de distintas interpretaciones, acerca de la gestión de los modos de hacer, crear y producir en una sociedad que no confía más en las instituciones disciplinarias para ordenar la energía de los sujetos.

Por tanto, la manera en la que podría caracterizarse una sociedad reinada por la normalización mediática o informacional, parte de varios elementos primordiales. En primer lugar se encuentra: la manera en la que la Política transforma su mecanismo de dominación, al hacer uso de los medios de comunicación extendiendo a través de estos: el miedo, del cual se hablaba anteriormente:

“No solo por el hecho de que la globalización depende del tráfico mundial de signos sino también porque el capitalismo encuentra hoy su motor de desarrollo en las industrias infocomunicacionales, antes que, por ejemplo, en la producción fabril característica hasta la década de 1970”

Se dice miedo, porque no existe otra forma de catalogar la base de la empresa comunicacional actual. Son: el desempleo, la violencia, la pobreza; quienes se encargan de fundar las segmentaciones sociales, que ensalzan una política de exclusión, a diferencia de inclusión (como se perseguía en las sociedades disciplinarias desde los centros de encierro: modular las subjetividades con el objetivo de vincularlas todas al proceso de desarrollo social). Por ende, el respaldo a la política que propicia el incremento de estas segmentaciones, no es de otra índole que: comunicacional.  Es evidente el poder de la Política, lo mismo desde su aspecto institucional como de Estado, en la explicación del problema. Siempre que se ha deseado expresar las formas en que se refleja la vigilancia o el control; ha tenido que recurrirse al componente político, como constructor y reproductor de dichas relaciones. Gilles Deleuze, a su vez, también ha tenido que reafirmar las manifestaciones de la Política en su juego de roles para con la conformación de una sociedad de nuevo tipo, y ello ha quedado demostrado en todo este análisis.

Por tanto, aparecen las “masmediaciones”, como sustitución de los lugares de encierro, aún con el propósito del establecimiento de una predeterminada especie de sujeto. La diferencia consiste en que ahora el mecanismo es menos visible, en tanto su acción no tiene un contacto corporal tan directo como el de las instituciones disciplinarias. Son la ampliación de los fenómenos de la informatización y los medios de comunicación masiva, quienes aparecen como normalizadores de las relaciones represivas. Si así pudiese llamársele: al vínculo entre el modelo social imperante y los sujetos que intentan acatar este modelo. La institucionalidad política ha cedido su espacio personalizado en la contención del poder a este tipo de mecanismos, ciertamente politizados, pero con una mayor aceptación y empleo en relación a las personas. O sea, que la sociedad que ahora mismo se conforma; busca la inserción de espacios, cada vez más difuminados y menos evidentes, en la legitimación del poder y el status quo. La tendencia hoy, respecto al “poder”: es ser cada vez menos tangible, menos transgresor: en su lucha por sumirse en la calidad de su condición.

Un segundo elemento sería: la manera en que la información ha sabido alcanzar el estadío científico; en tanto pasa a ser el elemento organizativo fundamental alrededor de los hombres, los animales y las máquinas. La información ha sido capaz de situarse en un lugar, desde donde se abre un nuevo nivel de la existencia. Un mundo que trasciende al de la humanidad: el de los símbolos, signos, códigos, señales. El de las representatividades y transmisiones. Más, cuando este espacio particular de la realidad, se muestra como reflector directo de los avances más significativos en torno al conocimiento. No en vano la sociedad que prosigue a la Industrial, sabe asumir el elemento informacional como eje modificador en la estructuración social. Al margen de que se deba cuestionar y problematizar la condición de posibilidad misma de la información. Ahora bien, su capacidad organizacional le otorga, además, cientificidad a las relaciones de orden comunicacional; en tanto permite estas se coloquen por encima de la subjetividad o intencionalidad social. Por tanto, su carácter científico, se lo otorga el hecho de poder crear nuevos tipos de relaciones subjetivas y tecnológicas.

Finalmente, no puede negarse la presencia de otro marcador importante y es la inconsistencia de la diferenciación entre lo público y lo privado. Desde el momento en que la normalización supera la relación espacio-temporal que pautaban las sociedades disciplinarias: se des-configuran los criterios de intimidad o publicidad. Actualmente, los llamados lugares de encierro han tenido que exteriorizar o hacer públicas sus funciones, explicitándose desde la intimidad del hogar. Por tanto, desde la producción de la personalidad,  se reproduce el sitio que se ocupa al margen de la sociabilidad. Ahí están: el teletrabajo, la prisión domiciliaria, la medicina preventiva. Si ya se puede pagar una condena judicial, curarse, o trabajar desde la propia casa, significa únicamente que las instituciones y el hogar, simplemente se entremezclan. Luego, no existe una definición clara de lo que constituiría el sector público o privado. No están dados los elementos rígidos para su identificación.

Se tiene por sumadas razones ante los ojos de cualquiera, una sociedad: destructora de sueños, en la conformación de otros. Un nuevo régimen que va en detrimento del deseo, a partir de la creación de novedosas necesidades. Piénsese en una sociedad de hace cincuenta años atrás, y no se tendrá más que aceptar que la vida, en general, se expresa de distinta manera. Han caído al suelo las clásicas relaciones de poder, los clásicos patrones de seguimiento y conducta.

Hoy se vive un mundo capaz de asumir el divorcio y de proponer la posibilidad del aborto, en contraposición a otro, que anteriormente abogaba en primer lugar por la conformación y estabilidad de la familia.  Ya no es necesario, en muchas ocasiones, ir al médico en busca de la cura a una enfermedad o padecimiento; porque existe la automedicación y la medicina preventiva, que no requieren de médicos ni enfermos. Los presos, ya no necesitan exclusivamente de la cárcel, porque existe algo llamado: libertad condicional o porque simplemente llevan una pulsera en el pie que rinde su ubicación. El propio Estado ha dejado atrás su rigidez fronteriza, para pasar a formar parte de múltiples sociedades internacionales como la Unión Europea o la ONU; con el objetivo no de controlar un único estado, sino varios. Los salarios se preocupan por ser mayores en su segmento variable que en el fijo. El contrato fijo cede su espacio al temporal. No es tan importante el mantener un trabajo estable, como el de pertenecer a distintos contornos laborables. La ventaja competitiva ha dejado de consistir en las rebajas u ofertas, sino en la renovación continua de lo que se vende. La educación no se ve incentivada por la inserción en instituciones de superación, sino que se fomenta la preparación on-line. Mientras antes era requisito del trabajo mostrar presencia, ahora sencillamente se hace desde la nube.

Sin embargo: El hombre ya no está encerrado, sino endeudado. Aquel que trabaja desde su casa, sabe que si no está en contacto directo con su jefe o dispuesto, muchas veces, a no poseer un horario fijo; corre el riesgo de que alguien capaz de mostrar mayor entrega profesional, ocupe su lugar. No se nos confina en ningún lugar pero somos permanentemente ubicables. Muchos no cumplen con el servicio militar, pero a diario se convoca a formar parte del ejército, a la par que los medios  alertan de una amenaza terrorista o una guerra nuclear. No se asiste a una consulta médica pero se siguen las orientaciones que requiere un ciclo médico; se cumple con una dieta o se es limitado de llevar, al menos en ese momento, un estilo de vida que no sea saludable.

Finalmente, no se es ahora, más o menos libres de lo que se era antes. Más bien autenticamos todo el tiempo: un juego de fuerzas, donde gana quien tenga mayores posibilidades de implantar el poder. Sin importar: en calidad de qué o quién lo haga, o los intermediarios de los cuales se valga.

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