El amor es… ¿Cómo lo definirías tú?

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Definiones de amor

Psicología

El amor, uno de los temas más debatidos y controversiales que ha ocupado la existencia del hombre. Todo en pos de alcanzar ese estado supremo y utópico que suele confundirse con otros sentimientos. Intentar definirlo, conceptualizarlo o discutirlo pudiera resultar una tarea harto difícil debido a la magnitud de su alcance, significancia y simbolismo para cada persona por separado, además del problema que nos supone la personalidad como categoría psicológica y su característica de irrepetible en cada individualidad. Muchos creen que es obra de las casualidades, otros tienen la convicción de que es el destino quien mueve sus hilos. La maestría literaria que caracteriza al magnífico Ernesto Sábato nos desvela en su ensayo La resistencia, algunas consideraciones a tener en cuenta:

“Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades, sino que nos están misteriosamente reservados. ¡Cuántas veces en la vida me ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiéramos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro! Nunca supe si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los busca porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino.”

Recordando los inolvidables tiempos de estudio en la facultad, me reencontré con una interesante recopilación de definiciones de amor en uno de los tomos del libro de Personalidad. Las fechas a las que se hace referencia son un poco añejas (siglo pasado) por decirlo de cierta manera, pero no por eso pierde validez la manera certera con que se intenta describir el anhelado placer o sentimiento. Igualmente algunos de los autores que se citan pudieran considerarse desconocidos en la actualidad y resultó un tanto difícil encontrar referencias sobre ellos. El objetivo esencial de este escrito se basó en hacer énfasis en la calidad del contenido, más allá de otras cuestiones de orden técnico.

 

Comenzamos con la primera de las definiciones que presentamos en esta ocasión. J. Rattner en 1991, concibe el amor como:

El esfuerzo de acercarse a otro, que exige madurez, autorrespeto  como condición imprescindible para entregarse a otro.

No cuento con referencias sobre J. Rattner, si fue o es psicólogo, lo cierto es que emplea en su forma de ver el amor dos palabras claves: madurez y autorrespeto. Madurez que no debería limitar al amor inmaduro y enérgico que se suele experimentar en la juventud y que por ende la mayor parte del tiempo se encuentra falto de autorrespeto y en ocasiones de respeto al otro, lo cual tampoco implica que esta razón se convierta en una agravante para la no entrega condicional al otro.  De cierto modo lo que se interpreta de esta conceptualización es que el autor se está refiriendo al grado de madurez y autorrespeto como el nivel superlativo para poder vivir en plenitud el hecho de la entrega a la persona amada. En mi opinión resulta insuficiente y un tanto ortodoxa dicha manera de expresar las implicaciones sentimentales, emocionales y espirituales que posee la palabra amor.

 

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Un año más tarde, en el ’92, otro autor a la memoria desconocido, pero rebuscando descubrimos que se trataba de María Luisa Lerer que entre otras obras se destaca por: La Ceremonia del Encuentro y Hacerse Mujer en un Mundo de Varones que no Besan. La autora nos plantea su interpretación acerca del amor, así nos expresa que:

El amor tiene que ver con la inclusión y la comprensión, con tener en cuenta al otro, aceptarlo, respetar lo diferente y abandonar la impotencia.

En su propuesta, de alguna manera condiciona a tener una relación basada en el respeto y la aceptación del otro como una vía segura para lograr el éxito. El hombre constituye una unidad biológica, psicológica, social y espiritual, de ahí que la aceptación del otro se convierta en una necesidad reclamada por la convivencia social. Despojarse de egos y abrirle paso a la sencillez y la humildad, sin perder de vista que el otro es un ser humano tan imperfecto como quien espera o recibe amor.

 

Mediados de la década del ’80 cuando A. Fromme (1986), otro nombre sin género y probablemente desconocido para muchos, nos propone una definición un tanto más abarcadora que las anteriores y orientada hacia el sentido común. Es así como estima que:

El amor es unión, que puede ser placentero o narcisista, egoísta, dominante y controlador. En el amor los deseos y las sensaciones son dominantes, supone emociones, sentimientos no fáciles de manejar, de controlar o contener. El amor es una manera de alcanzar a otra persona.

De manera acertada comienza afirmando la similitud que existe entre amor y unión. La capacidad/posibilidad de amar implica de todas las maneras posibles, establecer vínculos o lazos con el objeto amado, aun cuando el mismo se encuentre o no a nuestro alcance o permanezca escondido de forma utópica. Deconstruye el mito (si es que existe) de que en el amor todo es goce y plantea de manera certera una serie de estadios por los que suele pasar.

 

Una definición más amplia nos proponen dos autores, Cowan y Melvyn, cuando en 1991 definen al amor como:

Un proceso especial de conexión, de interés y generosidad. La esencia del amor es compartir un vínculo estrecho, caracterizado por la comprensión y el compartir mutuo. Aspiración por conocer los sueños, las inquietudes y los deseos más recónditos del otro y al mismo tiempo permitir que este nos conozca. Es apreciar a alguien por lo que es en realidad y no por lo que quisiera que fuera, va más allá de nuestras necesidades e inquietudes.

De manera explícita, ambos autores exponen en detalle las características que idealmente deberían tener dos personas que se encuentran bajo los efectos del amor. Importante señalar el valor que le brindan al hecho de la aceptación del otro, al respeto por la individualidad. El éxito o el fracaso de una relación de pareja basada en el amor en muchas ocasiones dependen de la influencia o la violencia con que se intenta transformar al otro a nuestra imagen y semejanza.

 

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Gilbert Tordjman, médico ginecólogo y pediatra francés, practicante y proponente de una sexología no convencional médica, en 1987 propone una conceptualización del amor extensa y abarcadora. Es así como lo define:

El amor es una experiencia, una relación entre dos individuos con todo su contenido de vivida, de actuada y no conceptualizada, es esa vivencia específica de cada pareja que se crea cotidianamente en la relación interpersonal. El amor implica duración, intimidad compartida en atracción sexual y emociones y el intercambio de confidencias, alianza contra amenazas y agresiones externas; conceder un mínimo de atención al otro, sigue siendo un imperativo por lo que respecta a una relación auténtica.

Entre otras cuestiones nos enfatiza en vivir el amor, practicarlo, ser actor principal en el rol que él mismo nos imponga. Alejarnos de los dogmas impuestos socialmente, de la discriminación de género y el sistema patriarcal que se mantiene en la actualidad es otra manera de vivir en realidad la experiencia amorosa. Para el autor el tiempo es condición indispensable para que el amor pueda parir y desarrollar la confidencialidad, la camaradería y la fortaleza necesarias en aras de alcanzar la genuinidad de que solo el amor demanda de una relación. Librarnos de la mediocridad es la mayor exigencia que nos impone el amor pleno.

 

Por último nos encontramos con la aproximación sobre el amor que el alemán Erich Fromm realizara por el año 1979. El psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista de origen judío lo comprende como:

Una acción, la práctica de un poder humano que solo puede realizarse en la libertad y jamás como resultado de una compulsión, amor es fundamentalmente dar, no recibir, es una experiencia personal que solo podemos tener por y para nosotros mismos.

Fromm nos habla de la libertad como premisa esencial para el acto de amar. La significación que le brinda a la libertad en el amor se encuentra en una ejemplar analogía con el concepto de La libertad, según Hannah Arendt[1] que nos propone Maite Larrauri cuando expresara que: sólo pensar no nos hace libres, porque la libertad se muestra en la acción, en la intervención en el mundo para hacer aparecer algo que previamente no existía. Pensar es un ejercicio en soledad y, en cambio, ser libre es actuar, lo que requiere la participación de otros seres humanos. La propuesta nos habla de paciencia, desinterés, aceptación del otro, autoconocimiento, etc.

Tantos amores, infinitas experiencias y siempre el mismo significado. El modo de sentir y pensar de una época de todas las épocas. Una creación individual y personalizada que se resiste a credos, edades, sistemas sociales, modos de vida. Su universalidad trasciende la vida, la crea y la recrea. Seis definiciones de una palabra que se extiende más allá de todas las palabras, elija usted lector su conceptualización preferida, a fin de cuentas el amor supera siempre el constructo social que lo intenta supeditar a una común distinción de lo humano.

 

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¿Entonces cuál sería para ti la conceptualización más acertada sobre el amor?

 

[1] Larrauri, Maite, La Libertad, según Hannah Arendt. Filosofía para profanos nº3, Valencia, Tándem edicions, 2001, pg.24

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