Tratamiento y estrategias efectivas para comprender y mitigar la ira

Estrategias efectivas para comprender y mitigar la ira

Psicología Clínica

Para el catolicismo, la ira es uno de los siete pecados capitales. Esta ira puede manifestarse contra uno mismo (mediante la autoflagelación o el suicidio) o contra los demás. En ambos casos se encuentra penada por los preceptos religiosos.

El iracundo, nos dirá Hipócrates en el siglo V a.c, es aquel que sufre de un exceso de bilis amarilla. Los niveles excesivos de este fluido en el cuerpo producen enfermedades graves que provocan calenturas, convulsiones y manías o rarezas causadas por la bilis amarilla que está en plena ebullición en el cerebro. Se asocia con estados emocionales como el enojo, la ira y la frustración y se refiere a temperamentos iracundos y agresivos, de carácter dominante, reactivo y obstinado.

En la mitología griega, el primer iracundo del cual tenemos noticia es Aquiles, héroe de la guerra de Troya. El destino de este guerrero estará marcado por dos momentos de ira: el anunciado al comienzo de “La Ilíada”, cuando el caprichoso Agamenón se apodera de la esclava Briseida; y el segundo, que se desata por la muerte de su gran amigo Patroclo a manos de Héctor, príncipe y comandante de las fuerzas armadas de la ciudad de Troya. El primer arrebato de ira en Aquiles se manifiesta de manera pacífica y lo llevará a un retiro voluntario alejándose del campo de batalla. En cambio, el segundo momento, está teñido de odio y venganza cuando enfurece de dolor al enterarse de la muerte de su amigo, y corre al encuentro de Héctor para vengarse.

  “Cuando Aquiles supo la noticia, de la muerte de su amigo Patroclo, la ira y el dolor le invadieron de tal manera que estuvo a punto de quitarse la vida. Patroclo fue velado toda la noche, y Aquiles juró que vengaría su muerte. Le pidió a su madre una nueva y más poderosa armadura y salió al campo de combate en donde mató a Héctor y luego ató su cuerpo inerte a su carro, arrastrándolo por nueve días en torno a los muros de Troya”

Desde los consejos populares, guardarse la ira o la bronca sería causal de enfermedades psicosomáticas. Generalmente se alienta la idea de expresar los sentimientos de ira, así supuestamente, la persona se sentiría mejor. Sin embargo, hasta ahora no contamos con datos científicos que fundamenten esta idea. Si bien en determinadas ocasiones es adaptativo expresar la ira, en la mayor parte de los casos no ayuda.

Desde la óptica de la psicología cognitivo conductual se plantea una tercera opción; ni reprimirla ni expresarla. Se focaliza en el objetivo de dejar de sentir ira o reducir su intensidad.

La ira es una emoción, y es consecuencia directa de los pensamientos e interpretaciones que hacemos de los hechos, no del hecho en sí. En la mayoría de los casos, es la consecuencia de sutiles distorsiones cognitivas.

Un pensamiento distorsionado es irracional, es aquel que dificulta el funcionamiento eficaz de la persona. Es un pensamiento dogmático y poco funcional. La persona se evalúa a sí misma, a los demás y al mundo, de manera rígida y poco flexible.

A pesar de que diariamente estamos expuestos a muchos acontecimientos negativos, se puede lograr reducir considerablemente la ira, y en ocasiones directamente no sentirla.

Es muy probable que la ira emerja en las relaciones íntimas, incluso con la pareja o con un colega de trabajo…pocas veces es tan intensa como cuando se experimenta con quien se está en contacto próximo. La unión entre la ira y la intimidad puede entenderse mejor si consideramos las expectativas que cada uno de nosotros tenemos en nuestras relaciones (de trabajo, de amistades, de pareja, etc.) Probablemente no tendremos expectativas personales con personas con las que nos encontremos casualmente. Cuanto más próxima sea la relación con alguien, más alta será la probabilidad de que tengamos expectativas con esa persona. Para complicar la escena, pocas veces le hablamos a las personas sobre nuestras expectativas, o incluso no llegamos a ser conscientes de ellas hasta que las hemos roto. Entonces nos sentimos heridos, decepcionados y a menudo enfadados.

Técnicas y estrategias efectivas para manejar la ira:

1. Técnica de reestructuración cognitiva

Esta Técnica psicológica ha demostrado efectividad para reducir la frecuencia y la intensidad de la ira, así como también de la ansiedad interpersonal y general, la angustia y el perfeccionismo.

Se trabaja en la terapia y se recogen datos fuera de ella, en diversos formatos. Se instruye al paciente a identificar los pensamientos, creencias, e interpretaciones que hace de la realidad. La persona aprenderá a confrontarlos, para decidir si son pensamientos racionales o distorsionados. En caso de resultar distorsionados, el siguiente paso será clasificarlos.

Las más frecuentes distorsiones que experimentan las personas con elevados niveles de ira son:

Interpretación del pensamiento

Se hacen juicios repentinos sobre los demás. Sin mediar palabra, la persona cree saber qué sienten los otros, y porqué se comportan de la forma en que lo hacen. Generalmente pasan por alto que tales conclusiones sólo son verdaderas para uno mismo, sin comprobar si son apropiadas para los demás.

Pensamiento polarizado

Se evalúan los hechos o las personas de manera dicotómica. Las cosas se ven como blancas o negras, buenas o malas. Las personas son perfectas o fracasadas, no existen términos medios. No hay grises ni matices. No hay lugar para las equivocaciones.

Etiqueta global

Se generalizan una o dos cualidades negativas para llegar a un juicio negativo global. El rótulo ignora toda evidencia contraria, generando una visión estereotipada y unidireccional.

Los “Debería”:

La persona posee listas de normas rígidas sobre cómo deberían actuar ellos y los demás. Las personas que transgreden estas normas le generan enojo, hasta puede sentirse culpable si las viola ella misma.

Por último, se busca, a través del tratamiento, generar estilos de pensamientos y creencias más adaptativos.

2. Anticipar y preparar las situaciones utilizando la imaginación

La imaginación funciona, en parte, debido a que le ayudará a pensar en las posibles áreas problemáticas y en el diseño de sus respuestas por adelantado. Si logra identificar una situación que va a ser estresante, y en la cual tiene un alto riesgo de experimentar ira, tiene la oportunidad de planificar, escribir y ensayar exactamente lo que quiere decir y cómo quiere decirlo. Este esquema le ayudará a desarrollar una estrategia concreta que quiere realizar en la situación, con un mayor grado de confianza.

3. Reconocer las señales tempranas de aviso de la ira

Para muchas personas, las señales tempranas de aviso de la ira destructiva incluyen: temblores, tensión muscular, mandíbula apretada, opresión en el pecho, gritos, apretar los puños manifestando una posición de ataque. Cuando se llega a ser consciente de todas estas señales, es importante buscar un momento para reflexionar con uno mismo sobre las distintas opciones. Puede elegir estar enfadado o utilizar alguno de los métodos aquí descriptos.

4. Tiempos muertos

Los tiempos muertos pueden ser una forma efectiva de controlar la ira. Hacer un tiempo muerto implica alejarse de la situación cuando aparecen las tempranas señales de aviso que indican que su ira está a punto de salirse de control. Hacer un tiempo muerto le ayudará a recuperar el control de sí mismo y de la situación.

5. Entrenamiento en asertividad

El entrenamiento asertivo puede reducir las dificultades con la ira. La asertividad podría reducir la frecuencia con la que uno es tratado injustamente o de las situaciones en las que se aprovechan de uno, y además pueden prevenir las situaciones que puedan dar lugar a la ira.

6. Terapia de pareja

Si las estrategias anteriores no le ayudan de forma efectiva para hacer frente a la ira en sus relaciones sentimentales, la terapia de pareja puede serle útil. Las percepciones, las actitudes, las creencias y los pensamientos sobre su pareja pueden ser el combustible de su ira. La terapia puede ayudar a las parejas a comunicarse mejor: incrementando las interacciones positivas en la relación, y desarrollando habilidades de negociación y estrategias para identificar y modificar las expectativas y reglas. Estas habilidades pueden mejorar la calidad de sus relaciones.

, , , , , ,

Compártelo con tus amigos si te ha gustado

Artículos relacionados

Comparte tu opinión