La importancia de la escuela en los niños con cardiopatías congénitas

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Psicología Clínica

La primera vez que supe de ti, lo hice a través de tu voz. La quietud de la sala era interrumpida por la fuerza de tu demanda y una estampida de tus pies reforzaba tu pedido: “ya me siento bien, mamita, por favor llévame a la escuela”. Tu madre fruncía los labios con la desesperación de tener que decirte que no podías, que debías seguir ingresada en el hospital y que la escuela que añorabas, estaba cada vez más lejos.

Tu corazoncito había nacido enfermo, pero se había considerado postergar tu operación para mejores resultados. Así entre los cuidados del hogar y visitas esporádicas al hospital habían transcurrido tus primeros 6 añitos. Habías estado alejada de los ambientes hospitalarios, de los pinchazos y los ecocardiogramas. Así creciste, pudiste ingresar a la escuela y conocer ese mundo de letras y de números que tanto añoraste, ahí también conociste a tu maestra y nuevos amiguitos. Ay, y cómo lo disfrutabas!

Entonces llegó el día en que tu operación se hizo más necesaria. Entendiste que para curarte tenías que ingresar en un hospital bien lejos de casa. Estuviste de acuerdo en dejar tus juguetes en casa y llevarte solo uno, porque pronto estarías de vuelta. Consentiste hablar con tu abuelita solo dos veces por semana desde el celular porque estaba muy viejita y no podía quedarse contigo en el hospital. Lo comprendiste todo con tu sonrisa paciente, pero no lograste aceptar que debías de dejar de ir a la escuela.

Todos los días le preguntabas a tu mamá entre sollozos: mamita, falta mucho para que yo vaya a la escuela?  Los médicos te habían pedido que tuvieras calma que los procedimientos que debían hacerte llevaban tiempo y debías recuperarte bien y poner de tu parte. Las enfermeras todos los días te llevaban hojas y lápiz para que les escribieras las letras que ya habías aprendido. La maestra hospitalaria te tenía como su mejor alumna, siempre te dejaba tarea para que te sintieras como en “tu escuela”. Sin embargo, insistías: mamita, ya estoy bien? Cuando puedo irme a la escuela?

Al principio pensé que era tu forma de satisfacer tu curiosidad por tu estado de salud. Indagué con todos porque la insistencia en llegar a su escuela. Al final decidí preguntártelo directamente. La respuesta me conmovió enormemente y me enseño que en la vida,los guerreros como tú, no llevan armaduras, sino alas. Con tus ojos muy grandes como si fuera obvio, afirmaste: “quiero ir a la escuela para hacerme grande”.

Entonces lo entendí. Para muchos niños con cardiopatías la escuela se hace un imposible por la frecuencia con la que son hospitalizados. En los hospitales se intenta que los niños aún tengan maestros ambulantes y maestros hospitalarios que les enseñen y los preparen para la vida, pero cuán insuficiente se hace en esos casos en lo que el aprender y el relacionarse es todo. La escuela es algo más que los contenidos que en ella se imparten, tú me enseñaste eso, en la escuela se crece. Por eso, intentamos que todos los niños con cardiopatías congénitas se rehabiliten, asistan a la escuela, integrándose así a la sociedad y haciéndose más grandes.

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