¿Infidelidad o Poliamor? Apuntes sobre la pluralidad del amor

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Sobre la pluralidad en el amor

Psicoanálisis

“Gente en construcción”, decía un cartel de ruta uruguaya y no pude evitar pensar en la alteridad de los tiempos que corren. Hay que deconstruirse, es la bandera de los jóvenes (y los no tanto). Construcción y deconstrucción. ¿No es que todo el tiempo nos  deconstruímos? Este significante Derrideano pisa fuerte y nos obliga a revisar viejas creencias, a dejar atrás las imposiciones de la iglesia como institución y los mandatos socio-históricos. La monogamia pasó de moda. El amor también se encuentra en construcción constante. ¿y el deseo? ¿qué hay del deseo? ¿Cuando hablamos de “poliamor” en realidad no queremos decir “polideseo”? 

Lo que nos mueve es el deseo, lo que jode, lo que perturba. La fórmula lacaniana “el deseo es el deseo del otro” tiene el propósito de ubicar que el deseo no se define a partir de su objeto o, dicho de otra manera, no es deseo de “algo”, no es intencional. 

Se vivieron unos meses intensos frente a la lucha por la legalización del aborto, lucha por el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, lucha por la mujer sin tabúes. No es casual que se plantee ahora  el fin de la monogamia con sus cánticos a favor del amor libre. Los pañuelos se multiplican, los colores también.

Todo el mundo habla de poliamor a raíz de la confesión que realizó la actriz Florencia Peña, mucho se dice, mucho se critica, mucho se juzga pero:

¿alguien se puso a analizar su concepto?

¿sabemos de qué hablamos cuando hablamos de poliamor? 

¿acaso sabemos de qué hablamos cuando hablamos de amor? 

De los griegos aprendimos que al amor se lo puede nombrar de muchas maneras, pero a pesar de tanta tinta derramada en estas cuestiones, hoy se sigue insistiendo a través del imaginario social, en una posición “romántica”, a tal punto que se pretende que en la pareja matrimonial ese tipo de amor la sostenga y la renueve. El psicoanálisis lo que hace es desmitificar esta noción de amor romántico (platónico) como el único posible. Muchas veces, insistimos en buscar “al indicado”, al que nos complete, pero no hay nada más alienante que la fusión con otro cuerpo ¿que nos devolvería el amado en esa reciprocidad sino lo mismo que no le damos? Simplemente un “yo también te amo”, lo cual no nos asegura nada, simplemente sostiene la ilusión (de completud). La metáfora del amor es, en definitiva, esa escena de encuentros y desencuentros. Por un lado, tenemos a erastēs (el amante) que aparece como aquel que ama lo que el Otro posee sin tener idea de que se trata eso y, por el otro tenemos a erōmenos (el amado) que es quién posee el ágalma, el objeto precioso, aunque no sepa que lo tiene. Entonces, nos encontramos frente a esos dos no saberes y justamente, la significación del amor se produce en la medida en que la función del erastēs, como sujeto de la falta, se sustituye a la función del erōmenos, el objeto amado. Tanto el amor como el deseo son la puesta en juego de una falta, de una carencia, incluso de una privación y en esta circunstancia lo que pasa a dominar la escena es lo que Lacan llama agalma. Lo que realmente se demanda en el amor es que el otro confiese su falta.

Ahora bien, si amar es dar lo que no se tiene a quién no es como afirma Lacan, ¿poliamar sería lo mismo pero en plural? Si nos guiamos por su término, podemos decir que se alude a la repartición del amor. Como se dijo, líneas anteriores, El amor completo y en mayúsculas no existe, él mismo se bifurca y se desplaza.

El sitio AmorLibre.org lo define como la capacidad para mantener más de una relación íntima, amorosa, que puede o no ser sexual y duradera de manera simultánea con varias personas, con el pleno consentimiento y conocimiento de todos los involucrados. 

Sabemos que dentro de una relación de pareja se ponen en juego distintos pactos, acuerdos y contratos implícitos pero que en una “relación abierta” resulta de vital importancia ponerle voz y voto a estos acuerdos. “El que avisa no traiciona” dice el dicho ¿no?. Si bien hay una multiplicidad de formas posibles de ser poliamoroso  (hay personas que mantienen relaciones sexoafectivas múltiples a la vez sin jerarquizar los vínculos, hay otros que poseen un vínculo primario central y relaciones amorosas o sexuales simultáneas pero el eje está puesto en la pareja principal, etc) el contrato establecido inicialmente es de vital importancia para que esto prospere.  

Acá el término “infidelidad” no  tiene la misma impronta que en una pareja tradicional, es infiel quien mantiene relaciones por fuera de la pareja “principal” sin avisar. He escuchado a varios pacientes que mantienen este tipo de vinculación decir que ponen fin a la relación cuando el engaño procede del ocultamiento o la mentira. “Está todo bien si queres cogerte a otro pero en casa no”, suele ser una de las reglas.  

Él mantenía este tipo de relación hace varios años pero un día encuentra a su pareja con otro tipo, en su casa, en su cama y además este muchacho era conocido de ambos con lo cual el engaño resulta más “imperdonable”. Había sentimientos de por medio, la intimidad era aún más intensa. Se entera que habían mantenido relaciones sexuales en secreto hace un año. Eso es la traición del amor libre, a escondidas. A mi contamelo todo. ¿Qué te molesta más que tu pareja tenga relaciones sexuales por calentura o que se enamore?

La gente prefiere creer que no hay nada como el amor, que cuando existe todo marcha bien pero la realidad es que lo propio del amor armónico es esconder la desarmonía que en realidad reina en todo lazo de amor, por eso es engañoso, porque parte de su función de esconder, ocultar, hacer como que está todo en su lugar. El “como si” amoroso, armonioso, el amor tranquilo que de tranquilo no tiene nada porque atrás viene el huracán.

Pero como nos va a ser fácil derribar la monogamia si aprendimos de amor con Adán y Eva 0 con Romeo y Julieta. Drama y tragedia, si no  hay manzana prohibida de por medio no es divertido, pareciera. Sobre lo prohibido reace el deseo y la atracción.

“Yo estuve mucho tiempo en pareja hasta que me di cuenta de que tenía ganas de cogerme a otras mujeres”, me contaba un amigo en medio de una fiesta. Esa frase explica claramente la división existente entre el amor y el deseo. Justamente es la prohibición lo que permite que algo en relación al deseo pueda darse, por eso es que  el poliamor es la demostración más concreta que tenemos de que ese deseo es lo que menos une a la pareja. Hay que seguir buscando, nos inventamos deseos, nos aburrimos, tenemos hijos, nos separamos.

Tomó mucho tiempo dejar de comprender a la homosexulidad como una enfermedad alienante, como aquello desviado y antisocial pero lo cierto es que aún nos falta mucho como sociedad para poder aceptar a aquellas (otras) formas de gozar con un cuerpo (o de un cuerpo). 

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SicologiaSinP.com - Leda Martyniuk

Licenciada en Psicología

Licenciada en psicología con orientación psicoanalítica. Integrante del Equipo Interdisciplinario de intervención en Cárceles del Ministerio Público de la Defensa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Intervención psico-social de población vulnerable. Co-autora del libro: Consumos problemáticos. Del fenómeno social a la operación singular​. [...]

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