¡Santas Bataclanas! Sobre amos y mandatos de las chicas “hot”

Chicas hot - barbies

Psicoanálisis

En Netflix existe una serie muy interesante llamada en castellano “Los juguetes que nos hicieron”. Es una serie de documentales sobre los juguetes que marcaron a las generaciones anteriores. En el capítulo que explica la historia de la muñeca “Barbie”, se cuenta que en un principio, las madres estuvieron muy reacias a permitir que las niñas jugasen con un juguete tan sexualizado de pechos enormes y ropa provocativa.
Era la década del ´50 y los hombres estadounidenses habían vuelto a casa. Había que convencer a las mujeres de que se quedaran en sus casas (antes habían ocupado los puestos laborales de los varones) y tomaran sus roles domésticos dejando el trabajo libre a los varones.
Luego de intentos fallidos por insertar a la muñeca en el mercado, la fábrica descubrió una veta inexplorada de Barbie. Barbie estaba destinada a convencer a las niñas desaliñadas, a vestirse y peinarse a la moda. “Si algo aterraba más a las madres que el comportamiento sexualizado de las hijas, era que estas no consiguieran marido.” Recomiendo muy especialmente ese capítulo de la serie.
Ahora bien, ¿qué tiene todo esto que ver con los fenómenos ligados a las chicas “hot” devenidas conservadoras?
A que es muy obvio que las “bellezas naturales”, no existen. Son construcciones culturales. Casi cualquier mujer que tenga rasgos europeos, haga dieta y el ejercicio suficiente puede llegar a tener un cuerpo similar al de las modelos. Habrá algunas a quienes por su contextura ósea podrá costarle un poco más. Pero dedicarse a ser bella en exclusivo es un trabajo.
El problema no está en que existan mujeres dedicadas a esta tarea, sino el lugar social que ocupan. Son modelos. Patrones a seguir. Patrones, amos…
Todas las mujeres de nuestra sociedad, somos invadidas a diario con estas imágenes de belleza hegemónica, que nos dicen que nuestro cuerpo está mal, que debiéramos ser así o asá. De lo que se trata es que no podamos ser otra cosa que bellas. Porque cumplir con esos modelos, es vivir para el deseo y las necesidades de otros.
Ahora bien ¿qué pasa con las subjetividades que han decidido agachar la cabeza ante los mandatos? Ser Barbies. Privarse del goce de comer cosas que les gustan a diario. Someterse a extenuantes horas de ejercicio todos los días. Y no estamos hablando de una dieta o ejercicios necesarios para sostener un cuerpo sano. No. Estamos hablando de dietas y ejercicios diarios para pertenecer a una élite estética. Gente de otra superioridad moral. Más adelante, explicaré por qué se trata de una moral.
Estas subjetividades, padecen. Estos mimos del sistema, estos altares se pagan muy caros subjetivamente hablando. Se genera una especie de adicción a la aprobación en la mirada del otro. Por lo tanto, tarde o temprano, en la pérdida de la mirada enamorada de todos, con la edad, se sucitan estas actitudes violentas para llevar a las otroras chicas hot, de nuevo al centro de la escena. Si no puedo destacarme por mi belleza, necesito ser idealizada de otra manera.
Las agresiones constantes sobre el cuerpo, no son gratis, dejan su marca. Las agresiones que estas mujeres se permiten las eyecta hacia un lugar de goce fálico constante (probablemente por conflictos sucedidos en su vida anteriormente). Pero una vez perdido eso que me hacía valioso ante el otro, necesito buscarme otra cosa que me haga igualmente admirada y me ponga en un pedestal otra vez. Siempre del lado del que tiene más dinero, más poder y está más cerca de los hombres, como en este caso quienes sostienen la lucha antiderechos o “las dos vidas”. Allí están el poder y el dinero, del otro lado las desaliñadas, des-alineadas, des- alienadas feministas que se atreven a andar despeinadas y no ser Barbies. Porque quieren otras cosas, porque necesitan otras cosas. Muchas son bellas desde lo hegemónico, pero simplemente no adoptan ese lugar de sexbombs. Son mujeres. Googleen el escándalo que se armó cuando Julia Roberts mostró una axila sin depilar en público.
Lacan habla de manera muy interesante de esto, llamándolo la lógica amo-esclavo. El amo puede ser el discurso médico, el discurso mediático o cualquier otro discurso que esté del lado de “las cosas se hacen así”. La subjetividad para Lacan, se juega en poder cuestionar este lugar de amo intrínseco al poder social y poder generar nuevas reglas, desde el cuestionamiento que genera el propio deseo.
¿Qué es ser bello? ¿Quiero ser como el otro quiere que yo sea? ¿Cómo quiero ser? Estas son preguntas que estas chicas no se han podido hacer.
La religión estética, es la nueva moral posmoderna. Cuando alguien dice que “pecó” es porque comió algo rico, fuera de la dieta. Nuestra estética, parece definirnos en cuanto a seres merecedores de afecto o no. La gente evalúa cuando nos ve, si somos buenos o malos de acuerdo a si parece que nos estamos cuidando o no.
Se repiten por todo el mundo cual caza de brujas, escenas donde la gente en la calle, ataca a personas que a ellos les parece que están gordas. De hecho, esto sucedió el año pasado en una dietética con una chica, que filmó a su agresora, los empleados de la tienda no hicieron nada, de alguna manera, avalando el ataque. Y ¿cómo olvidar a la “cheta de Nordelta” con sus parámetros ‘éticos y estéticos”? Mujer de la clase dominante que no soporta las maneras de ser y estar del otro, por su estética.
Las mujeres que aceptan este lugar de belleza normativa, son de alguna manera juezas morales. De allí que el paso a juezas de la moral sexual no sea muy dificultoso. Si toda la vida se las ha visto como modelos a seguir, como encarnaciones de un ideal moral y estético ¿por qué no deberían ellas poder decidir lo que una mujer hace con su útero? Si ya estuvieron legislando moralmente desde antes. De manera medianamente pasiva, pero se sometieron a ese sistema. Y dudo mucho que no hayan tenido esa moral normatizadora con amigas y allegadas si las veían “descuidadas” o “desprolijas”.
Si yo me someto constantemente, si someto constantemente mi cuerpo a lo que los hombres y los medios quieren de mí ¿por qué alguna otra mujer podría decidir sobre ello? ¿Por qué ellas pueden ser libres y yo no? Porque son gordas, porque son malas, porque son promiscuas, porque no se cuidan y después abortan. Es la misma cadena discursiva, casi exacta.
Si te ha interesado este tema te sugiero leer también “El fenómeno de las chicas hot devenidas conservadoras de derecha”.

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SicologiaSinP.com - Silvia Golubizky

Lic. en Psicóloga. Especializada en Género y Desarrollo

Columnista de paramujeres.com.ar, ejerce como Psicóloga Clínica de niños, adolescentes y adultos. Su área de trabajo es la clínica psicoanalítica. Recientemente obtuvo un diplomado en Género y Desarrollo. Ha dictado talleres, seminarios y conferencias en Tucumán, Buenos Aires y Santa Cruz, en Argentina. En el exterior Santiago de Chile, Washington y Miami. Desde su web difunde trabajos de psicoanálisis y comparte información sobre la violencia de género y la salud mental. [...]

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