El hombre mediocre vs el hombre idealista

Frase José Ingenieros | Hombre mediocre vs Hombre idealista

Nombres de la Psicología

“Sin los mediocres no habría estabilidad en las sociedades; pero sin los superiores no puede concebirse el progreso, pues la  civilización sería inexplicable en una raza constituida por hombres sin iniciativa”

El hombre mediocre de José Ingenieros, marca para muchos, un antes y un después dentro de su obra y con respecto a sus intenciones como autor. Dicho texto representará un apasionado tratado que intentará estigmatizar la rutina, la hipocresía y el servilismo. En el mismo, el pensador italo-argentino busca establecer un paralelo entre dos tipos de hombres o personalidades: “el mediocre” y “el idealista”. A medida que se realiza esta distinción entre cada tipo de hombre, Ingenieros establece una especie de recopilación en torno a los diferentes criterios que poseían diversos pensadores en relación a la mediocridad. Así como también analiza a esta, en cada uno de sus distintos escenarios: la mediocridad del hombre, la mediocridad de la naturaleza, la mediocridad personal, la intelectual, la política, entre otras.

Luego, esta obra tiene su mirada dirigida en gran parte, a un análisis crítico de la moralidad. Al estudio de ambos individuos a través de su paso por la historia, la sociedad y la cultura. El presente ensayo, se propone hacer un análisis en torno a las diferencias que existen para con estos dos tipos de personalidades, descritas por Ingenieros, a través de su obra.

Se dice que cuando Ingenieros decidió escribir el libro ya se encontraba marcado por un suceso, que a su vez le mostró ese lado mediocre que poseen muchas personas. Resulta que cuando este creyó que podría dirigir la Cátedra de Medicina Legal, luego de haber sido titulado en primer lugar por el Honorable Consejo de la Facultad de Medicina para dicha labor, el presidente de la nación Saenz Peña decide otorgarle el puesto a alguien más. En calidad de ello, se podría asumir que cuando este nos habló del hombre mediocre, lo hizo muchas veces pensando en el propio Saenz Peña.

Para empezar por entender qué era en primera instancia, para Ingenieros: el hombre mediocre, habría que ver en qué consistía para él dicha mediocridad. Ella, según nos dice, es la ausencia de características que definen a un individuo para con la sociedad en que vive. Es esa falta de autenticidad, que muchas personas padecen. Es la presencia de una falta de personalidad individual, que a la vez marca eso que te distingue entre los demás. El hombre mediocre, es aquel entonces, que no posee criterio propio y pasa por la vida temeroso de que alguien pueda cuestionarse su existencia, en tanto no le aporta nada a la misma. Vive a la sombra de un segundo, de lo que alguien más desea o ha legitimado. Por tanto el mediocre es un ser carente de proyecciones, a no ser la de seguir al pie de la letra lo que se encuentra establecido, sin detenerse un minuto a cuestionarse algo de aquello que lo rodea. No existen en los marcos de la mediocridad: méritos propios, sueños, aspiraciones. El hombre mediocre niega por completo aquel súper hombre del que hablaba Nietzsche, capaz de vencer conceptos e ideales, en la conformación de otros nuevos.

Nuestra vida no es digna de ser vivida sino cuando la ennoblece algún ideal, pero un ideal basado en una construcción íntima de lo que queremos para nosotros. Sin embargo es esta una idea, que no pareciera tener cabida en la mentalidad de este tipo de hombre. El hombre mediocre, será siempre, ese reflejo que se encarga de traer a nosotros la sociedad. Por tanto estará ahí, como muestra fehaciente de sus prejuicios, dogmatismos y cotidianidades. El mismo termina por convertirse en un ser escéptico, carente de cuestionamientos, incluso con respecto a sí mismo. Incapaz de usar su imaginación en función de lo que podría ser su futuro. Es un hombre, visto así, atrapado y personificado tras la rutina. Prefiriendo a esta, pues a través de ella no existe la perturbación y el desorden, para con lo que dice o piensa.

Finalmente, otra de las características con la que este cuenta, es una fuerte inclinación hacia la envidia. Hecho, que no hace más, que seguir descalificándolo como individuo. Es su otra cara, que a la vez le acompaña la arrogancia y la soberbia. Por tanto, ante la presencia de otro: positivista y creativo, se ven tentados a manifestar este sentimiento horrible. Detrás de la envidia, esconden grandes frustraciones. Se cubren de ella para no ver y sentir sus propias insatisfacciones y deficiencias. Sus mediocridades

Mientras, este se enfrenta continuamente a un hombre idealista. Lucha que consiste en hacerle frente todo el tiempo y negar su presencia, simplemente porque esta va en detrimento de la suya propia. Contrariamente, el idealista, es ese sujeto que no huye a los cuestionamientos, a los encontronazos que la propia sociedad ordena. El ser idealista es uno que vive en aras de lo que puede ser capaz de lograr, incluso de superar. Este hombre mira siempre hacia la evolución, hacia la transformación. El idealista no se permite insertar concepto ajeno alguno, al punto de llegar a creer que es suyo, como si le ocurre constantemente al mediocre. Es un ser creyente de la vigilia, de las quimeras. Es un individuo original, que se plantea todo el tiempo conformar un porvenir a partir de la superación de aquello que lo antecede. El idealista, hace uso de su verdad, precisamente porque esta es suya. Es, sencillamente: libre. No necesita de nada ni de nadie para forjarse de dicha libertad, pues no cae en la tentación de manipulaciones ni engaños. Incluso el hecho de ser así, le brinda la posibilidad de saber escoger entre lo bueno y lo malo, porque suficientemente conoce a cada uno de ellos. Es este un hombre, que si bien no es perfecto, no hace más que caminar sobre los pasos de la perfectibilidad. Es el ser al cual debemos todos y cada uno de los avances sociales de la historia. Todos aquellos hombres, que han marcado a través de un ideal cualquiera, un cambio de conciencia científica, por así decirlo, son como diría Ingenieros: almas idealistas. El idealista es, finalmente: voz y no eco.

No existe otra enseñanza, en la obra de Ingenieros, que no sea la de superación personal. La de plantearse, incesantemente, retos y proyectos que vayan conforme a la búsqueda de una sociedad de nuevo tipo. Es necesario entonces, ir al encuentro de un “espacio”, donde como es obvio, sobran los seres mediocres. Pero lo que si no falta, es la presencia y actuación, de individuos idealistas.

Siendo así, podemos afirmar que:

…el futuro de la humanidad se identifica con los perfectos, con los que tienen una visión anticipada de la realidad, que habrán de influir en la conducta humana y sobretodo como un instrumento natural a todos los progresos humanos. El dominio del saber de las ciencias y de todo entendimiento cognoscitivo nos permiten, mostrarnos rebeldes a toda mediocridad, con un pensamiento analítico, creativo y aterrizado en la realidad de nuestro diario vivir.

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