Los medios de comunicación: ¿Una influencia real en la identidad de género? El género (Parte II)

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Internet y los medios sociales

En esta segunda entrega vamos a centrarnos en hablar sobre el género y las determinaciones e influencias que tiene desde los medios de comunicación.

El género

Esta categoría tan compleja ha sido estudiada por varios autores desde los años 50 del pasado siglo. John Money, fue el primer autor en hace referencia a este término para nombrar la influencia de la educación social en el proceso de identidad sexual en el ser humano y definía el conjunto de características o patrones que desde la construcción social le eran atribuidas a hombres y mujeres (roles de género).

Otros autores siguieron investigando este tema y ofreciendo nuevas conceptualizaciones, ese es el caso de Robert Stoller, quien tenía una orientación psicoanalista y determina en sus estudios que la identidad de género, esa conducta asumida desde lo femenino y lo masculino va a estar muy relacionada con las experiencias que se han tenido desde el nacimiento, con la historia de vida del individuo, por aquellas costumbres atribuidas a hombres y mujeres. Estos resultados nos permiten confirmar la idea de que todos los agentes de socialización en el individuo van influyendo en su sexualidad, específicamente en su identidad de género, por tanto todas las experiencias que son trasmitidas por los medios de comunicación masiva a los que ha estado expuesto el sujeto están conformando una nueva visión de los que es ser hombre o mujer en esta sociedad y por tanto incidiendo en la identidad de género que se forma en el individuo.

Pero siguiendo con la teoría de Stoller vemos como nos dice que esta categoría se va a conformar en 3 dimensiones básicas:

  1. La asignación/atribución de género que se forma desde el propio nacimiento, a partir de la apariencia de los genitales.
  2. La identidad de género que según este autor se establece entre los 2 o 3 años, luego de la adquisición del lenguaje y antes del conocimiento de las diferencias anatómicas entre los sexos, ubicando al niño en un grupo de pertenencia según su sexo, y asignándole así roles, conductas, manifestaciones, sentimientos que permearán la vida del niño. Luego de asumida esta identidad de género, es casi imposible cambiarla.
  3. El rol de género que se forma con el conjunto de normas y prescripciones que dictan la sociedad y la cultura sobre el comportamiento femenino o masculino.

Esta nueva visión de la categoría nos permite darnos cuenta de que las características socialmente atribuidas a la mujer y al hombre, son vistas como naturales por nosotros y son representadas por los medios de comunicación masiva como tal, sin embargo son construidas en el proceso de socialización y están influyendo en la manera en que nos identificamos a nosotros mismos genéricamente, influyendo a la vez en las conductas que seguimos y las creencias que tenemos sobre los roles femeninos y masculinos.

Joan Scott nos confirma estas ideas añadiendo a esta teoría la visión del género como dos partes interrelacionadas entre sí:

  1. El género como constructo social, a partir de las relaciones sociales y basadas en las diferencias que distinguen los sexos.
  2. El género como una forma de relaciones de poder.

De esta manera la autora nos deja claro que esta categoría determina los modos de hacer en la sociedad a partir de las relaciones sociales establecidas entre ambos sexos.

Otra concepción es la que defiende Lourdes Fernández en su libro Personalidad y relaciones de pareja, donde define el rol de género como:

un conjunto de comportamientos previstos, esperados y asignados a uno u otro sexo desde la cultura, en una sociedad y momento histórico específicos”. Además considera que a través de ellos “se prescriben cómo se deben comportar un hombre y una mujer en la sociedad, en la familia, con respecto a su propio sexo, al sexo contrario, ante los hijos (…) así como los límites en cuanto al modo de desarrollar y ejercer la sexualidad.”

Por tanto la reproducción de los roles de género sociales está determinando la manera en que actuamos y poniéndole límites al desarrollo pleno de nuestra subjetividad y nuestra sexualidad. Además al vincularse a las relaciones con el sexo contrario o nuestro mismo sexo, vemos cómo puede influir en la pareja y determinar estilos de comunicación y de relación que pueden perjudicar el vínculo afectivo que se establece. Así puede ocurrir que los estereotipos de género predominantes en los medios de comunicación influyan de manera relevante en los comportamientos dentro de la pareja, como puede ser el comportamiento sexual masculino, al que la sociedad le ha dado el rol de proveedor, de fortaleza, siempre dispuesto para el coito, que debe tener un buen desempeño y mayor rendimiento, que debe satisfacer los deseos de su pareja, siempre que esta se los exija.

Dichos estereotipos pueden derivar en problemas psicológicos donde el hombre está inconforme con este rol asignado o no puede satisfacer los estándares y se deprime, aparece el malestar, la inhibición de la respuesta sexual y hasta pueden aparecer trastornos de impotencia sexual. Pudiera también aparecer este tipo de trastornos en las mujeres debido a los roles (en ocasiones multifacéticos) que nos son asignados socialmente: lo mismo somos aquellas mujeres tiernas, cuidadoras, protectoras del hogar y de los hijos, pasivas, que somos los objetos sexuales, donde prima la desnudez, la sensualidad del cuerpo de la mujer y así la propia sociedad nos va dividiendo y desligando estas dos aristas hasta el punto de hacer más deseable a la mujer objeto sexual y menos a la madre, esposa cuidadora. Las mujeres pueden sentirse contrariadas en estas circunstancias e intentar llenar la expectativas sociales en cuanto a estos roles, más allá de la satisfacción personal, produciéndose así dificultades en la pareja, en el deseo y el disfrute sexual, algunos trastornos sexuales, baja autoestima etc.

En resumen, el género es un constructo social, que es integrado por creencias, actitudes, roles, comportamientos, intereses, motivaciones, asignadas a cada sexo. La identidad de género se construye y se asume a partir del contexto en el que está insertado la persona, casi siempre tomando como ciertos y únicos aquellos roles signados a cada sexo, sin embargo, estamos hablando de sujetos activos, en los cuales media el proceso de subjetivación, por tano esta asunción de roles no siempre se realiza de la misma manera, sin embargo a estar influenciados y presionados por lo social, estos sujetos que no se identifican con las características de género asignadas socialmente, siente mayormente malestares, dificultades para adaptarse y relacionarse socialmente e incluso pueden mostrar síntomas o desarrollar trastornos más complejos a partir de estas contradicciones que se producen en su psiquis. Por tanto, trabajar con los medios de comunicación masiva entendiendo que en ocasiones son reproductores y responsables de trasmisión de mensajes que denigran, maltratan, establecen comportamientos para los sexos, de manera que limitan el pensamiento de los consumidores y segregan a aquellos que no cumplen con los patrones establecidos.

Partiendo de los conceptos antes descritos es lógico relacionarlos. Los medios de comunicación masiva son fuentes de trasmisión de valores, educación, cultura, patrones sociales, estereotipos etc. y siendo el género dentro de la sexualidad humana una conformación que tiene un gran valor social y que por las características del ser humano como ser social está expuesto a todas las actividades y comunicaciones en sociedad, pues la sexualidad en general y en específico la identidad de género del individuo están influenciadas por estos medios de comunicación masiva y los mensajes que trasmiten. Estos en su tarea diaria de reflejar e interpretar la realidad,

Reproducen de una manera relevante los estereotipos de géneros y dibujan una realidad que a menudo no se corresponde con la realidad diversa y plural en la que mujeres y hombres expresan su sexualidad e identidad de género de diversas maneras y no necesariamente apegados al rol asignado socialmente.

Los medios de comunicación: ¿Una influencia real en la identidad de género? (Parte I)

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