Dr. Jorge A. Grau Abalo, lo psicológico no es privativo del abordaje de los psicólogos

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Entrevistas, Nombres de la Psicología

Puede usted que nos lee ser un profesional de la salud quizás un médico, enfermera, tecnólogo o sencillamente un lector que busca ampliar sus conocimientos sin parapetos, pero sin duda en la siguiente entrevista encontrará las más sinceras palabras sobre conocimientos psicológicos comparecidos por uno de los doctores cubanos que más ha apoyado a la Psicología de la Salud en Cuba en los últimos años.

El Doctor en Psicología Jorge A. Grau Abalo nos ofrece una apreciación justa sobre disímiles temas de actualidad sin ornatos y en sus palabras podremos encontrar un amplio quehacer profesional del cual nunca está demás palpar e ilustrarse. En su ficha profesional se pueden destacar las categorías de Especialista en Psicología de la Salud y Diplomado en Cuidados Paliativos. En la actualidad se desempeña como Profesor e Investigador Titular de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana. Su labor se extiende a Jefe del Grupo Nacional de Psicología del Ministerio de Salud Pública de Cuba y Presidente Fundador y vicepresidente actual de la Asociación Latinoamericana de Psicología de la Salud (ALAPSA). En el 2003 recibió el premio Latinoamericano de Psicología de la Salud, por ALAPSA y en 2018 la Sociedad Internacional de Medicina Conductual le otorgó el premio por “Logros de toda la vida”.

A continuación la entrevista al Dr. Jorge A. Grau Abalo

¿Considera usted que el estudio del cuadro interno de las enfermedades en nuestro país sigue constituyendo una de las líneas de investigación de mayores perspectivas de desarrollo posee respecto a la aplicación de los conocimientos psicológicos?

En realidad el estudio de llamado “cuadro interno” de las enfermedades tuvo alto desarrollo en Cuba durante los años 80 y 90, a raíz de esta denominación de R.A. Luria para explicar cómo cada enfermedad tenía un significado diferente y también para cada paciente, haciendo referencia a lo que otros llaman “dolencia” o “padecimiento”. Fue una derivación de la introducción de la Patopsicología en el estudio de las enfermedades crónicas. Se hicieron muchos estudios en esta línea, sobre todo en la Universidad Central de Las Villas (Santa Clara, Cuba) y en el Hospital Clínico-Quirúrgico “Hermanos Ameijeiras” intentando describir el cuadro interno de algunas enfermedades. Se introdujo también el concepto en la docencia en Ciencias Médicas. Con el tiempo, el concepto se ha ido usando menos en investigaciones específicas y se ha insistido más en la enseñanza a los estudiantes de Medicina para que no solo valoren los síntomas y las manifestaciones externas de las enfermedades, sino su apreciación por los pacientes, su caracterización subjetiva. De cualquier manera, si uno revisa las cuatro grandes vertientes de investigación en Psicología de la Salud (entendida esta como la aplicación de los conocimientos psicológicos a la solución de los problemas en el proceso salud-enfermedad y en el proceso de gestión en salud), además de los estudios de los factores relacionados con la conservación de la salud y el mantenimiento del bienestar y de los factores relacionados con el riesgo y la propensión a enfermar, está la investigación de los factores asociados al ajuste o adaptación a la enfermedad y la categoría “cuadro interno” tiene especial anclaje en este último tipo de estudios, no solo en Cuba, sino en todo el mundo. Obviamente, no solo en estas tres vertientes, también tiene relevancia en los estudios dedicados a la optimización de los servicios de salud y la prevención de riesgos psicosociales en proveedores. Llámesele o no “cuadro interno” sigue siendo importante considerar la valoración subjetiva que tiene para el paciente su enfermedad y sus consecuencias. 

¿Cree usted que la participación de la Psicología en la solución de problemas teóricos y prácticos de la Medicina ha crecido en Latinoamérica en los últimos años?

Creo que sí, y de hecho así lo demuestra la participación de la Psicología no solo en investigaciones médico-psicológicas y de corte sociológico en salud, sino la ampliación creciente del espectro asistencial y el papel que ha jugado en la formación de recursos humanos en salud (médicos, enfermeras, tecnólogos, y otros profesionales de la salud) no sólo en Cuba, sino en Colombia, México, Brasil y en muchos otros contextos de la región. La Psicología, como disciplina científica y como profesión, ha favorecido la incorporación del enfoque psicosocial en salud, que implica abordar cualquier problema desde una visión integral que eleve la calidad y la efectividad de las acciones. De alguna manera, la Asociación Latinoamericana de Psicología de la Salud (ALAPSA) ha contribuido en los últimos años a este propósito. Debe quedar claro que lo “psicológico” no es privativo del abordaje de los psicólogos, el desarrollo de otras ciencias lleva necesariamente a su reconocimiento más allá de la actuación del profesional de la Psicología. Obviamente, las acciones psicodiagnósticas e intervenciones psicológicas especiales requerirán del psicólogo, quien deviene -además- en un importante y continuo educador del equipo de salud en este enfoque. Tan es así que cada día es más frecuente encontrar centros académicos para la formación de médicos, enfermeras y otros profesionales de la salud con la denominación de “ciencias de la salud”. 

En su larga experiencia profesional de seguro ha encontrado muchos médicos de disímiles especialidades que desconocen que el conocimiento de las concepciones y datos de la psicología contemporánea son indispensables para su desempeño. ¿Cuáles considera usted que no deberían de ser obviados?

Esta pregunta es de amplio alcance y sería difícil tener una respuesta que satisfaga las necesidades de las concepciones y datos psicológicos para los médicos contemporáneos. Vienen a mi mente temas “clave”: el papel de lo subjetivo en satisfacción con los servicios de salud, la relación médico-paciente, la comunicación adecuada con usuarios y familiares, en la modificación de estilos de vida no saludables que ponen en riesgo a las personas, el papel del estrés, las emociones y la personalidad en el proceso salud-enfermedad, en la evaluación y preservación de la calidad de vida y el bienestar en cualquier contexto y grupo social y en cualquier etapa de este proceso, la reconceptualización del dolor como una experiencia emocional desagradable y no sólo como resultado de un daño o lesión, etc., etc. Sería riesgoso enumerarlos todos y que alguno pueda ser obviado.

¿En relación con el estudio del estrés qué técnicas de control de este considera usted que son cardinales?

Primero creo que hay que conceptualizar adecuadamente que es el estrés, como proceso de transacción entre el sujeto y el entorno y no solo como conjunto de manifestaciones o signos externos, como habitualmente se hace con las emociones que resultan de este proceso, que no es siempre es perjudicial. Existen muchas técnicas de control de los efectos perniciosos del estrés (entiéndase mejor “distrés”) y su aplicación es cardinal en dependencia de muchos factores que deben ser considerados. Las técnicas para el control del estrés, por sí solas, deben enmarcarse metodológicamente en un proyecto de intervención psicológica que considere muchas particularidades. Han sido útiles las diversas formas de hipnosis, relajación y visualización, la bio-retro-alimentación y las técnicas conductuales (desensibilización sistemática, terapia implosiva o por inundación, intención paradójica, terapia aversiva, economía de fichas, contratos conductuales y muchas otras), los entrenamientos en habilidades sociales y entrenamientos en asertividad, las terapias cognitivas ya clásicas (re-estructuración de pensamientos deformados, terapia racional-emotiva de Ellis, los procedimientos de Beck) y las técnicas de más reciente aplicación como las de “aceptación-compromiso” y el “mindfullness” o atención plena, entre muchos procederes. De hecho, cualquier forma de terapia puede ser útil para el control del distrés. Sería difícil enlistar todos los enfoques y procedimientos que pueden incrementar el bienestar y aliviar el sufrimiento, cualquiera de ellos puede ser cardinal para modificar el impacto perjudicial del estrés, en función de los objetivos que se trace en un plan de intervención, además de las características de pacientes y preferencias y competencias del terapeuta.   

Muchas veces se olvida que la Calidad de Vida en el proceso salud-enfermedad tiene una indudable importancia. ¿Qué le sugeriría a los jóvenes Psicólogos cubanos al respecto?

Sugeriría, en primer lugar, enfocar con precisión el concepto de calidad de vida, considerando las limitaciones de los modelos teóricos existentes y las dificultades metodológicas asociadas a su evaluación. Hay consenso en que, independientemente de la inclusión de variables objetivas y de carácter socio-económico, la mayor varianza en los estudios de calidad de vida se determina por el bienestar subjetivo. En segundo lugar, para considerarla y evaluar el bienestar subjetivo hay que abordarla globalmente, en toda su integridad e inter-relaciones con otras categorías, conceptos y procesos como: estilos de vida, estrés, habilidades, expectativas, creencias, metas, esperanzas, comportamientos, dolor, apoyo social, sufrimiento, necesidades espirituales…Y en tercer lugar, abordarla con un enfoque histórico-cultural y humanista, con énfasis en los procesos motivacionales, centrados en la personalidad y no solo dirigido hacia el ajuste a procesos de enfermedad (la mal llamada “calidad de vida relacionada con la salud” que debería ser más bien “calidad de vida en relación con la enfermedad”), sino hacia la promoción de bienestar y a un desarrollo humano sostenible. Aconsejaría a los estudiosos del tema que la búsqueda de un modelo teórico único para un “mega-concepto” como el de CALIDAD DE VIDA, es utópico y quizás no pertinente por el momento (se refiere a todo en la vida menos la cantidad de años que uno vive), lo cual no exime a que cada profesional esboce un concepto o punto de partida en sus investigaciones o intervenciones. Y, finalmente, sugeriría disponer de medidas válidas y confiables, consecuentes con esas posiciones teóricas, pero también sensibles y asequibles. Los estudiosos noveles de calidad de vida suelen comenzar “por el final”, validando instrumentos, sin considerar todo lo que anteriormente debe ser recomendado.  

Sabemos que durante su trayectoria ha elaborado una gran apreciación sobre el estudio de las actitudes ante la muerte y del papel de la Psicología en este proceso irreversible. Hoy la tasa de suicidios media en Latinoamérica ha sido en los últimos años de 9,8 por cada 100.000 habitantes, es decir, 65.000 muertes anuales. ¿Qué carencia visualiza usted hoy en el trabajo psicológico durante los fenómenos relacionados con procesos de pérdidas tan sensibles como los relacionados con los suicidios? 

No trabajo en el tema ni me considero un experto en suicidio, me inquietaría defraudar a los lectores ofreciendo consideraciones banales al respecto. Pero quiero puntualizar que en los estudios que he desarrollado junto con muchos colaboradores y discípulos sobre las actitudes ante la muerte se han centrado de manera importante las actitudes que muestran los profesionales de la salud, y en especial, los médicos, ante un hecho con el cual conviven diariamente. Esta línea de investigaciones, que ha ofrecido resultados en la utilización de diversos procedimientos para la modificación de algunos componentes actitudinales ante la muerte en profesionales encargados de atender a enfermos avanzados se ha contextualizado más que todo en los cuidados integrales al final de la vida o cuidados paliativos. Huelga decir que el espectro de aplicación de estos estudios es amplísimo, dado el pujante envejecimiento poblacional y la prevalencia de enfermedades crónicas en el perfil epidemiológico de la mayor parte de los países. También han crecido los trabajos sobre duelo y manejo de las pérdidas, tema en el cual considero que los psicólogos deben alcanzar mayor competencia.   

¿Cómo ve usted la perspectiva de la psicología cubana en los próximos años?

Soy psicólogo pero no soy experto en todos los campos de aplicación de la Psicología, no me gustaría trivializar el desarrollo futuro de la Psicología cubana con insustanciales predicciones o profecías fútiles. La Psicología cubana tiene su propia historia, su identidad. Y por supuesto, sus propios canales de desarrollo perspectivo. En numerosos eventos se ha tocado el tema y no me corresponde un enjuiciamiento categórico. En cuanto a la Psicología de la Salud cubana, que este año cumple su 50 aniversario, constituye un referente universal y así ha sido reconocido en varios eventos internacionales realizados en el país y el extranjero, como los Congresos de Psicosalud y de ALAPSA y el recién concluido XV Congreso de la Asociación Internacional de Medicina Conductual (ISBM). La Psicología de la Salud cubana está actualmente centrada en el desarrollo de estrategias para la formación de recursos humanos y con competencias científicas y profesionales, se encuentra en una etapa de actualización y elaboración de proyecciones para los próximos años. Según datos del 2017, más de 3,500 psicólogos trabajan en el sistema nacional de salud. Sus principales acciones deben estar centradas en el futuro en la promoción de bienestar y calidad de vida, en la modificación de estilos de vida que devienen factores de vulnerabilidad para enfermar, en fomentar esperanza de vida con calidad de vida y la menor discapacidad posible (sobre todo en enfermos crónicos) y en utilizar los conocimientos sobre factores subjetivos para la mejora continua del sistema de salud y el perfeccionamiento de sus instituciones y servicios con incremento de la satisfacción por los usuarios. Como ha sido planteado en diversos documentos y escenarios, los grandes retos de la Psicología de la Salud cubana están en contribuir a mejorar el estado de salud de la población, buscando indicadores de impacto de las intervenciones psicológicas en los principales problemas de salud. Para esto es imprescindible fomentar el desarrollo de las competencias científicas y profesionales de los psicólogos que laboran en salud e incrementar las contribuciones que puedan hacer para lograr la excelencia en los servicios, con intervenciones dirigidas a componentes subjetivos de la calidad de la atención. Son los grandes retos que se erigen ante la Psicología de la Salud cubana.   

¿Con P o sin P seguirá siendo la misma Psicología? ¿Una letra desde su punto de análisis cambia algo en su significado?

Creo que la Psicología, como ciencia, disciplina o profesión, es la misma con P o sin P. Pero el impacto, el reconocimiento y la identidad que esto puede generar es un tema de actual discusión.  

Mucho se ha polemizado sobre el uso de la “P” en las voces asociadas a la palabra Psicología. De hecho, la Real Academia de la Lengua ha admitido que no es necesario el uso de dicha letra, por lo tanto, no hay error ortográfico si se escribe Sicología, sin la P. Pero cuando uno analiza nuestra identidad profesional con un enfoque histórico, desde lo conceptual, lo simbólico, siempre hemos escrito términos relacionados con P: psiquis, psicológico, actividad psíquica…Comparto la opinión de muchos colegas cubanos que llaman a defender el uso de la “P”. Esta “P” en el vocablo forma parte de lo que hemos sido y lo que somos y mi opinión es que no debemos renunciar a ella. Aún a riesgo de que me tachen de “conservador” creo que hay que respetar los orígenes de las palabras, porque ayudan a considerar su esencia como categoría histórica. 

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Luis Pérez Álvarez
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Excelente disertación del Dr. Jorge Geau, gran científico en la psicología latinoamericana, referente para muchos psicólogos clínicos entre los que me cuento. En México y particularmente en la Facultad de Psicologia de la Universidad Autonoma del Estado de Morelos, hemos tenido el privilegio de tenerlo como invitado en varios momentos en nuestros eventos academicos, con quien seguimos aprendiendo sobre su mirada integral sobre la vida y los cuidados paliativos al final de la misma. Vaya un reconocimiento profesional y personal al Dr. Grau. Enhorabuena amigo por estas comunicaciones. Luis Perez Alvarez.

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