¿Qué conocemos como factores de protección en el alcoholismo? (Parte II)

Factores para la protección contra el alcoholismo

Adicciones

Los modelos más generalizados para explicar este fenómeno son el Modelo de la Competencia Social, y el Modelo bio-psico-social. A grandes rasgos, estos modelos coinciden en explicar la etiología o el origen de las drogodependencias en base a la interacción de tres dimensiones básicas: Las sustancias con sus diferentes efectos, las características de la persona consumidora, y las condiciones del contexto social o ambiente donde se producen los consumos. Es decir, no existe una única causa por la que una persona desarrolle un problema de alcohol, sino que van a ser varias las causas que van a influir en ello.

Además, existen numerosas referencias a aquellos aspectos personales y sociales que pueden fortalecer a las personas para poder afrontar con éxito las situaciones de riesgo, concretamente, las de consumo de alcohol y otras drogas, los llamados factores de protección. Lo contrario, aquellas características personales o sociales que pueden hacer más probable que se dé una conducta de riesgo, es lo que llamamos factores de riesgo. Es importante conocer estos factores, sobre todo aquellos relacionados con el ámbito familiar, para saber qué podemos hacer nosotros como madres y padres para prevenir los problemas derivados del consumo de alcohol en nuestra familia. La adicción es uno de los problemas que queremos prevenir, pero no el único. El consumo de alcohol también puede dar lugar a otros problemas, más o menos graves, como pueden ser: accidentes de tráfico, conductas violentas, pérdida de amistades, conflictos familiares o laborales, fracaso escolar, etc.

Factores de Protección

En nuestros hijos: 

  • Los valores:

Si desde temprana edad fomentamos valores positivos hacia la salud, es posible que nuestros hijos e hijas los incorporen a sus creencias y los pongan en marcha en sus comportamientos. Entonces, frente a una oferta de drogas, los criterios de salud influirán positivamente en la decisión que tengan que tomar.

Los valores prosociales recogen valores como la convivencia, la solidaridad, la aceptación de la diversidad, la cooperación, la participación, el diálogo, etc. Si educamos a nuestros hijos en estos valores, aprenderán a convivir y a relacionarse mejor con las demás personas. Si fomentamos estos valores podemos también contrarrestar el peso de factores de riesgo como la falta de conformidad con las normas sociales o los efectos negativos que la competitividad a veces tiene. 

Los jóvenes se inician en el consumo de alcohol una edad muy temprana

Los valores ético-morales, son muy importantes porque enseñan a las personas criterios de conducta basados en la ética y el respeto y son un gran factor de protección que nos ayuda a tomar decisiones. Fomentando estos valores, les ayudamos a madurar y a mejorar su autoconfianza y su autoestima. Al construir un sistema de creencias nos sentimos personas más seguras de nosotras mismas y, por tanto, con una mejor disposición para enfrentar situaciones difíciles.

  • La capacidad para la interacción social

Si enseñamos a nuestros hijos e hijas habilidades de relación como la comunicación, la capacidad de decir que no ante una propuesta, la capacidad de autoafirmarse en la expresión de opiniones, etc., estaremos fomentando una capacidad de interacción social que les protegerá ante situaciones de presión del entorno. A su vez, potenciamos en ellos la seguridad en sí mismos y su valoración personal (autoconcepto) cuando manejan con éxito situaciones de interacción social.

  • La toma de decisiones

Preparar a nuestras hijas e hijos para tomar decisiones tiene un valor incalculable porque la vida requiere decidir constantemente, de hecho, no podemos vivir sin tomar decisiones. Además, al enseñarles a tomar decisiones aprenden también capacidad crítica, a asumir responsabilidades y autocontrol.

El hecho de poder decidir con autonomía nos hace a todas las personas menos influenciables y nos permite afrontar mejor las situaciones de consumo de alcohol.

En nuestro entorno próximo

  • Apego familiar y clima afectivo positivo

El sentimiento de apego familiar nos procura un vínculo a un grupo de pertenencia, nuestra familia. Nos hace sentir que formamos parte de un grupo con el que compartimos y en el que nos podemos apoyar cuando nos sentimos mal. El apego nos da seguridad y nos ayuda a crecer y a madurar.

Para fomentar el sentimiento de apego familiar debemos crear un clima afectivo positivo. Crear un buen ambiente en el hogar implica actitudes de reconocimiento y respeto, una comunicación fluida y manifestaciones de cariño y afecto incondicional.

Distintas investigaciones constatan que el apego familiar y un clima afectivo positivo ayudan a disminuir factores de riesgo que promueven la conducta de consumo.

En el marco de la familia, también es un factor de protección la comunicación fluída. La familia como primer grupo social para las personas, es el primer espacio donde aprendemos a comunicarnos y, por tanto, es un lugar privilegiado para aprender a comunicarse más y mejor.

La presencia de límites y normas también es necesaria. Cualquier grupo que convive, necesita una organización y unas reglas mínimas para ello. En la familia es importante que existan normas y límites de comportamiento, así como un adecuado reparto de tareas. Si enseñamos normas y límites a nuestros hijos y les damos responsabilidades dentro del hogar, de acuerdo con su edad y madurez, estamos fomentando el autocontrol, la capacidad de asumir responsabilidades, la tolerancia a la frustración, etc.

En definitiva, habilidades que pueden promover el control de impulsos y la capacidad de convivencia y cooperación. También es fundamental que la familia seamos un buen modelo para los hijos e hijas, y seamos coherentes con lo que hacemos y decimos. Aprendemos más de lo que vemos que de lo que nos dicen, por lo que si decimos una cosa, pero hacemos otra, nuestros hijos se van a dar cuenta.

El grupo de iguales

Después de la familia, el grupo de iguales es el espacio de relación social más importante para las personas, especialmente durante la adolescencia y la juventud, donde suele ocupar la primera posición.

Cuando tenemos un grupo de amigos, no solo compartimos el ocio y las aficiones, nos unen vínculos afectivos y un sentimiento de pertenencia. Esto es positivo, siempre y cuando la autonomía, el criterio personal y la capacidad de tomar decisiones no queden diluidos por una excesiva dependencia del grupo.

El centro escolar

Durante la infancia y la adolescencia, el centro escolar es algo más que un centro educativo, es un importante contexto de socialización e intercambio. Por este motivo, el clima del centro es esencial. Cuando este es positivo, se favorece la vinculación del menor con la comunidad educativa, la integración y el sentimiento de pertenencia que le permite acudir y poder reconducir situaciones que pueden considerarse de riesgo.

Nuestra relación con el centro escolar es clave como factor de protección. Debe existir un puente común entre padres, madres y docentes, y una relación fluida en la que desaparezcan los reproches. Es importante que la escuela y la familia se comporten como un matrimonio bien avenido porque, como sabemos, los más perjudicados en este conflicto son nuestros hijos e hijas.

La comunidad próxima: el barrio, el pueblo

El lugar donde se ubica nuestro hogar es un espacio estupendo para la prevención. En ese espacio se reúnen las personas, unas veces por intereses o inquietudes y, otras, por el mero hecho de cohabitar en ese entorno. Es un espacio informal de intercambio y socialización en el que surgen de manera espontánea distintas formas de agrupación.

Participar en la comunidad favorece el sentimiento de pertenencia y, a su vez, hace que las personas aporten y enriquezcan con sus experiencias la comunidad en la que viven, promoviendo el crecimiento y la evolución de la misma. Sin embargo, cada día hacemos menos vida en el barrio y subestimamos las posibilidades que nuestro entorno próximo tiene para hacer prevención.

En la sociedad

Madres y padres podemos participar en los factores de protección asociados a la sociedad y la cultura en la que vivimos. Son los que surgen desde, para y por la sociedad y tienen la capacidad de promocionar cambios en los hábitos de los individuos.

Campañas de promoción de la salud

Son todas aquellas campañas de sensibilización, información y formación que pretenden mejorar los hábitos de comportamiento de los grupos e individuos. Debemos prestar atención a esas campañas y no actuar como receptores pasivos y ajenos a esos mensajes. Por ejemplo, los mensajes de las cajetillas de tabaco; podemos interpretarlos como un intento de manipulación de nuestra libertad individual pero, nos guste o no el mensaje, no es más que una advertencia sobre el daño que nos puede causar fumar.

La limitación de la accesibilidad a las sustancias

Las leyes que limitan el acceso a las drogas están elaboradas con un carácter protector para las personas y la sociedad. Es importante que las cumplamos. Para ello, no hagamos cosas como encargar a nuestros hijos e hijas menores que nos compren tabaco o alcohol porque, si lo hacemos, estaremos quitando valor a una norma que les protege.

La información no es suficiente

Las alternativas de ocio y tiempo libre

Cada día es más amplia la oferta de ocio y tiempo libre. Además, el ocio no es patrimonio exclusivo de la juventud. Hoy se considera un elemento de calidad de vida y se promueve como tal. Esto es muy interesante siempre y cuando esa oferta sea viable y atractiva

Hasta aquí los factores de protección, en la próxima entrega trataremos sobre los factores de riesgo

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